Lo primero que asombra de The Call de Lee Chung-hyun es la habilidad de su director para narrar una historia en dos líneas temporales distintas sin usar ninguno de los recursos habituales a los que se suele recurrir en el cine para puntualizar los espacios temporales.

De por sí, esa habilidad narrativa que convierte el guion en dos miradas en paralelo sobre un hecho único, no solo es la columna medular del film sino también la manera más inteligente para entablar una directa confrontación con una cuestión concreta: ¿cómo puede el tiempo o en todo caso, la ruptura de lo temporal, ser usado de manera creativa en un argumento de terror? Lee Chung-hyun lo hace y además, toma una decisión muy poco corriente en películas al estilo: intenta reflexionar sobre las consecuencias de lo que ocurre en ambos lugares a la vez.

Por supuesto, la película es también una elucubración inteligente, frenética y singular sobre el miedo. Siguiendo la línea de argumentos como el de When a Stranger Calls (1979) de Fred Walton, la acción transcurre a través de la única conexión de una llamada telefónica, solo para que la ocasión Lee Chung-hyun añade una pirueta temporal que separa a Seo yeon (Park Shin hye) de Jeon Jong-seo (Young-sook) por dos décadas. No obstante, el hecho principal que las une es mucho más importante que lo inexplicable: un asesino está a punto de matar y solo ambas, a extremos de la línea telefónica y sin comprender qué ocurre o cómo se relacionan una con la otra, podrán detenerlo.

El director asume el terror desde la percepción de lo imposible pero no dedica demasiado tiempo a reflexionar sobre el miedo, tampoco la posibilidad de lo absurdo, sino que está más interesado en la forma la violencia actúa como un agente lo inexplicable en estado puro: el juego de espejos del argumento se traduce en pantalla como una cuidadosa versión sobre el bien y el mal a la sombra. Desde la primera escena, Lee Chung-hyun deja claro que lo realmente importante en todo lo que se cuenta no la exploración de la incertidumbre, sino el riesgo, lo que separa a la película de una búsqueda de explicaciones sobre el fenómeno que sostiene a The Call.

Claro está, hay un asesino y el hecho mismo de la brutalidad de los asesinatos que comete podría ser analizado por separado como una forma en que la película medita sobre su duplicidad, pero en realidad el director mira con cuidadoso ojo cínico a sus personajes. Ambas mujeres están unidas por la brutalidad de un hecho de inclasificable crueldad y a la vez tratan de de armar un rompecabezas a la distancia sobre lo que viven y ocurren, una para escapar del monstruo que le persigue a la distancia de veinte años y otra, para acechar a su presa con una serie de distorsiones temporales que se analizan como un arma en manos de una mente que concibe la maldad desde lo maquiavélico.

La brutalidad de los crímenes está allí, pero también, la necesidad de comprender los límites de la situación. ¿Cuánto puede hacer cada una de ellas para evitar el siguiente suceso? ¿Cuánta influencia existe en el juego temporal sobre lo acaece en el futuro?

A medida que avanza la trama, la composición del tablero sobre el suspenso se hace más caótica y menos comprensible, pero lo esencial sigue allí: las consecuencias de lo que pueda ocurrir en el futuro por cada hecho del pasado se hace una red interconectada de información que apela en su segundo tramo a la ciencia ficción y menos al terror, pero continúa siendo un coherente ejercicio de especulación con el contexto de terror de fondo. Lo más memorable de The Call, es la forma como la mezcla de géneros atraviesa las diferentes escenas sin resultar incómoda ni mucho menos, chocante. Las historias paralelas son integrales por separado y no se echa de menos la posibilidad de comprender el contexto de los personajes como individuos y no partes separadas de una misma narración.

La sensación de travesía abrupta y lóbrega a través del tiempo como sustancia e hilo conductor — algo que recuerda en ciertos puntos a la recién finalizada serie Dark — asombra por su capacidad para crear una interrogante sobre lo que acontecerá a continuación. Lee Chung-hyun basa su premisa en la probabilidad, en lo que ocurrirá a no tardar y el anuncio de una tragedia inminente.

El guion elabora a través de la incertidumbre una conexión directa con la brutalidad de los asesinatos que se muestran a escalofriante detalle y además, sostiene una percepción precisa sobre la forma en que cada decisión puede transformar el escenario de lo que a la vez, el espectador presume está pasando a veinte años de distancia, ya sea en el futuro o en el pasado.

Se trata de un riesgo calculado que en manos menos hábiles, pudo resultar una colección de escenas y flashbacks, pero que gracias a Lee Chung-hyun es una meditada reflexión sobre lo terrorífico de lo que invisible. Ya sea porque no existe — aun — no ha ocurrido, o se construye a medida que los futuribles se deslizan como fragmentos de información en apariencia distorsionada, la película es una planteamiento audaz sobre el tiempo como un tránsito de especulaciones, antes que sucesos.

Además, el director usa la cronología disruptiva de la película para concebir las raíces de la maldad moderna: Young-sook, manipula, crea, construye y toma decisiones de acuerdo a la probabilidad de lo que podría vivir Seo-yeon, que intenta escapar en el futuro de un monstruo que se alimenta de un tipo de concepción sobre el miedo inexplicable. ¿Cómo escapas de los sucesos de tu propia vida, modificados y alterados para acechar? Desde la mirada de un personaje al otro, la película construye una red de situaciones tan entretenidas como complejas, que sin embargo logran explicarse con la suficiente fluidez como para que el espectador pueda seguir la historia sin tropiezos.

El director de fotografía Jo Young-jik y el guionista Lee Chung-hyun brindan a la atmósfera malsana una colección de lugares oscuros, tenebrosos y siniestros, que acentúan el poder de la historia hasta lograr que el horror sea también una forma de entender la búsqueda de respuestas de Seo-yeon, convertida en la víctima propiciatoria de un asesino con todo tipo de recursos y con una fría capacidad para la estrategia. La vulnerabilidad, la fuerza, la confusión y al final, el hecho ineludible que es imposible — o al menos, eso parece sugerir el núcleo de la historia — que pueda haber un buen final en una historia, en la que la víctima, tiene dos rostros y a la vez, dos opciones, ambas terribles.

Al final, The Call juega con la idea de la desesperanza que rodean a las tragedias profetizadas, solo que en esta ocasión, se trata de una dimensión por completo nueva y alucinante sobre el hecho del asesinato como raíz medular de algo más siniestro. Entre mucha sangre derramada, el miedo convertido en un lazo ineludible y la cuidadosa capacidad para Lee Chung-hyun crear una atmósfera tenebrosa sobre los terrores insospechados, The Call es una pequeña jugarreta imprevisible. Quizás, su punto más alto.

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