Hay series de televisión que serían mucho menos de lo que son sin su banda sonora. Pensad en lo que pasaría si a The X-Files (Chris Carter, desde 1993) la privaran de la música atmosférica de Mark Snow; o si Lost (J. J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber, 2004-2010) perdiese las emotivas y desasosegantes partituras de Michael Giacchino; o si Dark (Baran bo Odar y Jantje Friese, 2017-2020) se quedara sin la impagable y excéntrica aportación de Ben Frost. Por otro lado, lo que algunas series tienen es un tema principal deslumbrante en los títulos: la ya mencionada The X-Files se encuentra entre las mismas sin lugar a dudas; Los Simpson (James L. Brooks, Matt Groening y Sam Simon, desde 1989), con las notas gloriosas de Danny Elfman, otra.

Y también habría que señalar a Ratched (Ryan Murphy y Evan Romansky, desde 2020) como una de ellas. Pero lo que escuchamos al inicio de cada episodio sobre la antes maliciosa enfermera de Alguien voló sobre el nido del cuco (Ken Kesey, 1962) no ha sido pergeñado por ningún maestro musical en activo, sino que le pertenece a un señor que lleva casi cien años entre los muertos: el parisino Camille Saint-Saëns [1831-1921], un multifacético niño prodigio que acabó convirtiéndose en un músico de renombre, progresista en su juventud y reaccionario de viejo y con fama de hombre irritable con facilidad, amigo de Franz Liszt y del violinista español Pablo Sarasate, rival de Claude Debussy y defensor de Richard Wagner sin intenciones ni ganas de invadir Polonia.

Sus obras más distinguidas son, por ejemplo, Sinfonía n.º 3, El carnaval los animales (1886) y la que Murphy y Romanksy han escogido para Ratched: su Danza macabra, opus 40 (1874), un gozo siniestro de cuerda que uno puede ponerse en bucle sin hartura. Y también se le conoce por su contribución cinematográfica: si la primera película de la historia se grabó en 1888, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) nos expone en su libro recopilatorio Cine o sardina (1997) que, “en época tan temprana como 1908”, el afamado Camille Saint-Saëns compuso la música para el filme El asesinato del duque de Guisa, de sus compatriotas André Calmettes y Charles Le Bargy. Y remata: “Esta es la primera asociación entre un compositor sinfónico y el cine”.