lo que hacemos en las sombras jemaine clement crítica
– Jun 18, 2020, 3:10 (CET)

‘Lo que hacemos en las sombras’: los vampiros más descacharrantes de la televisión

La segunda temporada de Lo que hacemos en las sombras, de FX y disponible en HBO, ha concluido. Y todo esto es lo que nos ha dejado la serie hasta ahora.

Los cinéfilos conocen muy bien ahora al neozelandés Taika Waititi por haber dirigido películas de tanto éxito como la hilarante Thor: Ragnarok (2017), décima séptima del Universo Cinematográfico de Marvel, y la defendible pero sobrevalorada Jojo Rabbit (2019), por la que se llevó el Oscar al mejor guion adaptado frente al de Joker o El irlandés, los filmes de Todd Philips (Juego de armas) y Martin Scorsese (Infiltrados). Pero su carrera en el largometraje comenzó trece años atrás, y uno de sus más antiguos colaboradores es su compatriota Jemaine Clement, creador de Lo que hacemos en las sombras (desde 2019), un divertido mockumentary vampírico de FX en HBO.

Y el primer trabajo en el que los pudimos ver juntos fue What We Do in the Shadows: Interviews with Some Vampires (2005), el corto que realizaron y que dio origen a su largometraje Lo que hacemos en las sombras (2014), el cual sigue siendo lo mejor de Waititi hasta la fecha y que se ha adaptado como serie televisiva con la batuta única de Clement. El corto no supieron redondearlo, el largometraje arranca lagrimones de la risa y la serie se encuentra en un punto intermedio de las dos aproximaciones anteriores. El humor, lo verdaderamente importante en un proyecto con planificación y puesta en escena de documental de testimonios, no está siempre inspirado pero hay carcajadas aseguradas.

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Es decir, la baza principal de Lo que hacemos en las sombras la hallamos en su inventiva para bromear sobre la vida cotidiana de unos vampiros en la sociedad moderna, en la parodia, el surrealismo fantástico y de contrapunto y el humor negro. No hay que despreciar su buen ritmo en el montaje ni su formato ajustado a la premisa, pero resultaría difícil que nos llamaran la atención. Y lo cierto es que, en ocasiones, la pifian con escenas extradocumentales, que dañan la cohesión, o durante las que no hay verosimilitud alguna en que estén grabando. Y han tenido una ocurrencia maravillosa con la naturaleza del personaje de Colin Robinson, que supone una novedad respecto de las películas.

Como serie y por la pura y simple lógica de la extensión, el desarrollo del mundo en el que se desenvuelven los vampiros de Lo que hacemos en las sombras y otros personajes con los que interactúan es de mayor riqueza que en el corto y el largo, lo que da más juego. Por otra parte, sus guiones beben tanto de la clásica novela Drácula (Bram Stoker, 1897), a la que hacen los esperables guiños además de tomar característicos elementos de los chupasangre, como de la pentalogía fílmica de Underworld (2003-2016) o, explícitamente, de otra bastante risible, la de Crepúsculo (2008-2012). Y nos brinda curiosos cameos relacionados con el vampirismo en el cine.

Los cinco actores protagonistas de Lo que hacemos las sombras son, en verdad, bastante desconocidos, pero escogerles muestra mucha sensatez por parte de Jemaine Clement. Porque el realismo, entre comillas, del planteamiento documental necesitaba algo muy diferente a estrellas reconocibles para poder creérnoslo. Y bordan sus disparatados roles: Kayvan Novak (Syriana) como Nandor, Matt Berry (Moon) en la piel de Laszlo, Natasia Demetriou (Year Friends) como Nadja, Harvey Guillén (The Magicians) del sufrido Guillermo y Mark Proksch (The Office) como Colin Robinson. Y da gusto ver a Beanie Feldstein (Superempollonas) interpretando a la incauta Jenna.

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La primera temporada acabó con un descubrimiento peculiar pero de escaso impacto, sin ningún clímax. Y, en el mismo inicio de la segunda, han sabido arreglárselas para encajarlo sin problemas en uno de los hilos de la trama que no tenía nada que ver. La participación de otras criaturas del terror gótico supone otro buen aliciente para Lo que hacemos en las sombras, pues así amplía su alcance paródico y, por lo tanto, su sustancia cómica. Y qué claro está que no había nadie más idóneo para ponerse la capa de Jim, el vampiro, en “On the Run” (2x06) que Mark Hamill por su experiencia en el doblaje de villanos animados.

Si la ocurrencia esencial de Colin Robinson ya era un puntazo de por sí, en “Werewolf Feud” (1x03) y en “Colin’s Promotion” (2x05) la llevan a otro nivel. Pero el golpe de las redes sociales y la burla al desconocimiento del lenguaje figurado de la mojigatería verbal posmoderna en “The Return” (2x07) son una cosa imperdible. Y la demostración de que Lo que hacemos en las sombras no se limita a saquear el patrimonio terrorífico para reírse de él, sino que ha calado a la perfección ciertas tontunas de nuestra época. Por otro lado, el coherente final de la segunda temporada nos trae a la memoria los giros de las últimas de Dexter (James Manos Jr., 2006-2013). Y, sin duda, queremos ver la tercera.

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