Ayer se hizo bastante famosa en redes la noticia de que tocar tetas puede calmar la ansiedad. Solamente el titular ya desprende una clara obviedad e invita a pensar que, posiblemente, el estudio del que habla no tenga la mejor de las metodologías.

De hecho, aunque en el artículo se cita un estudio de la Universidad de Santa Fe, en Colombia, no existe ningún enlace al mismo. Sí que da alguna información sobre el método con el que se llevó a cabo y, efectivamente, no se encuentra muy sobrado de evidencia científica. Sin embargo, no es la primera vez que se habla de este asunto. El tema de la relajación provocada por acariciar senos se ha discutido en numerosas ocasiones. ¿Se puede decir entonces que hay algo de ciencia detrás?

La importancia de la muestra

La muestra de participantes de un estudio suele ser una de las partes más importantes de su procedimiento.

Si es observacional, se suele recurrir a datos que ya se han recopilado. Si no, se recluta a un grupo de personas, intentando que sean suficientemente representativas de la población para el asunto que se quiera investigar.

Por ejemplo, si se desea hacer un estudio sobre cómo afecta el ejercicio físico a las personas de edad avanzada, no tendrá sentido tener participantes de menos de 60 años. No obstante, si el asunto que se analiza influye sobre toda la población, será interesante contar con participantes de todas las edades. En general, es importante seleccionar qué cualidades se buscan en las personas que participarán en el estudio. Por todo esto, aunque se pida que se presenten voluntarios, la muestra debe seleccionarse con mucho cuidado.

En este supuesto estudio, según cita el artículo que circula por internet, se seleccionaron directamente 200 hombres a pie de calle. Una vez consultados sobre su edad, que en todos se encontraba entre los 20 y los 60 años, se les preguntó si se sentían relajados al tocar tetas. La respuesta, obviamente, fue que sí en la mayoría de casos, concretamente en un 90%. ¿Pero de verdad significa eso que haya algún mecanismo en dicho gesto que reduzca la ansiedad?

Tocar tetas no es un ansiolítico

Aunque este estudio ha vuelto a hacerse famoso ahora, en realidad se empezó a compartir hace más de un año, siempre en páginas de dudosa credibilidad. Por esa misma época, también se anunció que una universidad sueca había llevado a cabo uno similar, con resultados casi equivalentes.

Esta vez sí que se hacía referencia a la causante de esa sensación de relajación: la oxitocina.

Se trata de una hormona muy importante en la sensación de apego de una pareja que se consolida, o incluso de una madre hacia su hijo. De hecho, tiene un papel fundamental en el famoso “piel con piel” que se debe realizar con los bebés recién nacidos. Pero estas no son las únicas situaciones en las que se libera. También lo hace en grandes cantidades durante el orgasmo. Aunque no está clara la función, parece ser que promueve las contracciones de la vagina, que ayudan a empujar el semen hasta alcanzar el óvulo que debe fecundar.

Por otro lado, se ha demostrado que, en ausencia de estrés, esta hormona puede generar relajación y somnolencia, de ahí que muchas personas caigan dormidas poco después de alcanzar el orgasmo.

No debemos olvidar que, por lo general, tocar tetas, tanto propias como las ajenas, a menudo va cargado de connotaciones sexuales, y aquí la oxitocina tiene mucho que decir. Sin embargo, de ahí a calmar la ansiedad, existe una diferencia abismal.

En definitiva, sí, se trata de una práctica de lo más sana y reconfortante, aunque esto no es una panacea ni nada que estuviera sin descubrir. Eso sí, vale la pena recordar un paso muy importante a la hora de tocar tetas: contar con el permiso de la persona que hay unida a ellas. Si no es así, es hora de estrenar esa pelotita anti estrés.