Los vídeos de ASMR se han puesto muy de moda en los últimos años. Muchas personas disfrutan de esa sensación de cosquilleo que recorre su cuerpo cuando escuchan a alguien susurrando o a una tortuga comiéndose lentamente una fresa. Sin embargo, no todo el mundo se beneficia de esta poderosa tranquilidad. Parece ser que hay algunos rasgos en la personalidad de cada individuo que pueden hacerle más propenso a disfrutar de esta manera. Hasta no hace mucho esos rasgos no estaban claros. Sin embargo, un estudio recién publicado en PLOS ONE por científicos de la Universidad de Northumbria da algunas claves, apuntando a dos rasgos muy concretos: el neuroticismo y la tendencia a la ansiedad.

En realidad no son los primeros investigadores que señalan en esta dirección. Previamente ya se había planteado la posible relación entre el ASMR y el neuroticismo. Pero no se había ahondado en este aspecto.

Estos científicos han ido más allá con un estudio al que se debe reconocer la limitación de un número reducido de participantes. No obstante, si se replican los resultados con más voluntarios, el ASMR se podría convertir en una nueva herramienta en psicología para ayudar a las personas en las que estos dos rasgos llegan a interferir en el transcurso de sus vidas. 

¿Qué es el ASMR?

La Respuesta Meridiana Sensorial Autónoma (ASMR por sus siglas en inglés) es un término bastante nuevo que se usa para hacer referencia a una sensación en respuesta a determinados estímulos sensoriales que sí que se ha descrito durante mucho más tiempo.

Se piensa que una de las primeras personas en hacerlo fue la mismísima Virginia Woolf. Fue en un fragmento de su novela La señora Dalloway, en el que describió como una enfermera, para calmar a un paciente, le habló “profundamente, suavemente, como un órgano suave, pero con una voz áspera como la de un saltamontes, que raspaba deliciosamente su columna vertebral y la enviaba corriendo hacia las ondas sonoras de su cerebro”. Ese raspado de su columna vertebral se parece mucho al hormigueo característico del ASMR, que empieza en la cabeza y el cuello y se puede extender por todo el cuerpo. ¿Significaría eso que Virginia Woolf experimentaba ASMR sin saber lo que era? Quizás sí, aunque nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que desde pequeña sufrió mucho de ansiedad a causa de una vida difícil y algunas inseguridades. 

Se dice que Virginia Woolf describió la sensación en uno de sus libros

Pero cuando realmente se comenzó a dar importancia al término fue en 2007. Por aquel entonces, un joven de 21 años describió en un foro de discusión sobre temas de salud una especie de caricia  que sentía desde la infancia al experimentar algo tan simple como un espectáculo de marionetas. 

A día de hoy, plataformas como YouTube están plagadas de vídeos destinados a generar ASMR. Pero no todo el mundo responde por igual. Hay quien siente rápidamente ese cosquilleo y quien no solo no disfruta, sino que llega a experimentar cierto desagrado. Estas diferencias tan marcadas parecen estar relacionadas con su personalidad. Y la ansiedad y el neuroticismo juegan un papel importante.

Cuando ansiedad y neuroticismo se dan la mano

ASMR with Sasha / YouTube

El término neuroticismo fue usado por primera vez por el psicólogo inglés de origen alemán Hans Eysenck. Según él, los individuos con este rasgo de personalidad tienen un sesgo por el que profundizan más en los acontecimientos negativos. Esto les genera una gran ansiedad anticipatoria, por problemas que podrían darse pero que aún no han llegado. Además, se frustran con facilidad y tienen una baja tolerancia a la crítica. Pero, en general, el tema de la ansiedad es un factor clave, pues puede hacer su día a día muy complicado. 

Es importante destacar que todas las personas con neuroticismo suelen padecer ansiedad, pero que generalmente alguien tendente a la ansiedad no tiene porqué tener necesariamente otros rasgos neuróticos.

Las personas con neuroticismo suelen tener mucha ansiedad anticipatoria

Dicho esto, para la realización de este estudio sus autores contaron con la participación de 36 voluntarios capaces de experimentar ASMR y 28 que no. El experimento en cuestión consistió en ponerles una serie de vídeos destinados a activar esta sensación. Pero antes se les hizo una encuesta de personalidad dirigida a evaluar su neuroticismo, su tendencia general a la ansiedad y su ansiedad “de estado”, que hace referencia a la ansiedad en un momento dado. Esto último se midió tanto antes como después de que vieran el vídeo.

Así observaron que quienes experimentaron el ASMR tenían mayores puntuaciones de neuroticismo y tendencia general a la ansiedad. En cuanto a la ansiedad de estado, era mucho mayor antes del vídeo, por lo que el ASMR les había calmado. Esto, además, ocurrió incluso con los que no estaban familiarizados con el concepto de ASMR y simplemente lo sentían, sin saber los motivos. Es un dato importante, pues demuestra que no estaban influenciados. Finalmente, se vio que quienes no experimentan ASMR no disminuyeron sus niveles de ansiedad de estado al ver el vídeo. 

Resultados muy útiles

Aunque habría que intentar repetir el estudio con más participantes, o incluso analizar las bases cerebrales de la relación entre neuroticismo y ASMR, estos investigadores creen que podrían estar ante una nueva herramienta para ayudar a personas con neuroticismo a calmar su ansiedad. 

Cabe destacar que sí que se han realizado algunos estudios que exploran las causas cerebrales de este fenómeno. En ellos se observa que las personas que experimentan ASMR tienen una mayor actividad en el giro cingulado, implicado en funciones como la regulación de las emociones. Pero también en regiones de la corteza cerebral asociadas a la audición, el movimiento y la visión. 

Sea como sea, esto les confiere unas características comunes, que se deben estudiar con mayor profundidad. Y es que, si la mayoría de estas personas tienen la capacidad de sentir el ASMR, estos vídeos podrían ser muy terapéuticos para ellos.

Es pronto para asegurarlo, desde luego. Pero, de momento, parece ser que todo apunta en esa dirección.