– May 14, 2020, 13:00 (CET)

Inseguridad laboral, mayor culpable de la ansiedad durante el confinamiento

El confinamiento por COVID-19 ha afectado a nuestra salud mental, pero ¿qué grupos son los que peor lo han pasado? Un estudio preliminar de la Universidad Complutense de Madrid nos da las claves.

Durante estas semanas de confinamiento estricto hemos ido viendo cómo las personas empezaban a tener problemas de sueño. E, incluso, más dolores de cabeza de los habituales debido a la situación. En este tiempo en el que salir a la calle más allá de para ir a hacer la compra, se han realizado varios estudios sobre cómo ha afectado a nuestra salud mental. Ahora, empiezan a salir los primeros resultados preliminares. ¿Se ha visto afectada nuestra salud mental durante el confinamiento por la COVID-19?

Un estudio que están llevando a cabo Alfredo Rodríguez Muñoz, Mirko Antino, y Paula Ruiz-Zorrilla de la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con Ana Sanz, de la Universidad de East Anglia (Inglaterra), ha terminado su primera fase. Y hemos hablado con Ruiz-Zorrilla para que nos cuente cuáles son los resultados preliminares.

"Hemos cerrado la primera parte del estudio porque ya se han acabado los días de estar puramente en casa. Decidimos dejarlo aquí y hacer un par de seguimientos para ver cómo estaba siendo la recuperación", ha explicado a Hipertextual. "Ahora estamos haciendo las analíticas de toda esa primera parte, que nos dan una idea de cómo han sido la trayectoria y evolución en términos generales. Pero sobre todo de ansiedad, depresión e insomnio. Y eso lo estamos relacionando con los grupos sociodemográficos. Esto es para buscar qué perfiles de riesgo o qué grupos pueden presentar mayor riesgo en relación a esa sintomatología", ha añadido.

Inseguridad laboral, principal factor de riesgo

Covid-19 y salud mental. Créditos: Unsplash | Andrew Neel

La evolución general durante la pandemia ha seguido "una forma de curva", es decir, "es como si te imaginaras una U, pero que termina un poco más arriba de lo que empieza". Por tanto, "cierta sintomatología ha ido en aumento", ha indicado. Pero, ¿hay grupos que han tenido más riesgo a sufrir estos síntomas?

Las personas con mayor sensación se inseguridad laboral son las que más parecen haber sufrido, según los datos preliminares: "El tema que estamos preparando ahora con los análisis está enfocado con la inseguridad laboral más que el hecho de haber perdido de facto tu empleo". "Ese temor, esa incertidumbre, esa sensación psicológica que tiene alguien de poder perderlo", ha explicado. "Segmentando los datos que teníamos en un grupo que presenta mayor inseguridad, otro con inseguridad media y gente que presenta muy poca. Hemos visto que el primero son los que han sufrido más sintomatología en términos de salud mental. No tanto al inicio, pero sí a partir de la cuarta semana de confinamiento cuando esa curva ascendente de ansiedad se disparaba. Y ahí es donde estamos incidiendo", ha comentado. Por tanto, cuanto mayor sensación de inseguridad laboral, más síntomas relacionados con ansiedad, depresión e insomnio.

Una cuestión de género y edad

Además, la posibilidad de conciliación familiar también ha sido un problema para algunas personas. "Las personas que tenían más difícil la conciliación, presentaban más sintomatología", ha indicado. "Normalmente la conciliación se suele medir más en cuánto interfiere tu trabajo en tu vida personal. Aquí estamos viendo el patrón contrario". "Tenía más efecto si mi situación familiar me estaba afectando a la hora de ponerme a trabajar", ha indicado. "Eso también hemos visto que tiene un impacto a la hora de medir síntomas de ansiedad, depresión e insomnio". Por lo que "podemos inferir" que aquellos segmentos de la población que se cargan más con responsabilidades familiares, como son las mujeres, o personas que tienen dependientes a su cargo, "han experimentado más síntomas".

La inseguridad laboral no ha sido el único factor que este estudio destaca, pero es sobre el que el equipo está trabajando. No obstante, otros dos grupos que han presentado mayor sintomatología son las mujeres y las personas jóvenes. En el caso de las mujeres probablemente por ser el grupo encargado de los cuidados. Pero ¿y los jóvenes por qué?

"Vimos que el grupo más joven había presentado significativamente más síntomas. Esto puede ser un poco contraintuitivo, porque tendemos a pensar que la pandemia está afectando sobre todo a gente mayor. Y a nivel médico está claro que está siendo así", ha afirmado. "Pero no podemos descuidar que a lo mejor la situación laboral o vital que tienen las personas del segmento de población más joven, a nivel mental y de sensaciones internas, está siendo muy grave. Y eso se ha reflejado en nuestra muestra en las personas más jóvenes", ha añadido Ruiz-Zorrilla.

Otros factores de riesgo para la salud mental

Otro factor que "podría tener un ligero impacto" es el nivel educativo: "Aquellas personas con un mayor nivel educativo experimentaron menos síntomas", ha indicado la psicóloga.

Por otra parte, también midieron cómo afectaba el hecho de tener una salida al exterior en casa y, aunque "no no tanto como en el caso de la inseguridad laboral o de la edad, pero sí se veía que había un ligero efecto": "Cuando las personas tenían una salida al exterior y más grande fuera, menos sintomatología han presentado a lo largo del confinamiento", ha comentado.

Por otra parte, Ruiz-Zorrilla señala que el hecho de que se haya podido presentar sintomatología no es de por sí que "todo el mundo esté sufriendo ansiedad crónica durante la pandemia". Es, más bien, que "una reacción que el cuerpo expresa cuando ocurre algo para lo que no estamos preparados o que no está dentro de nuestro esquema de vida". "Hay que normalizar, hasta cierto punto, que emociones y sensaciones negativas también aportan información a nuestro cuerpo. Y no son más que maneras de adaptarnos a la realidad que vivimos", ha explicado a Hipertextual.

Cómo se ha hecho el estudio sobre COVID-19 y salud mental

El estudio se ha hecho mediante cuestionarios online: "Lo primero que hicimos fue redactar una especie de mensaje, cuestionario e invitación que fuimos difundiendo en redes". "Inicialmente lo planteamos para sacar un cuadro de cómo estaba la salud mental al inicio y durante las semanas que llevamos de confinamiento. Por eso lanzamos un cuestionario en el que medimos distintas sintomatologías de ansiedad, depresión, estrés postraumático, de respuestas de insomnio y también de estrategias de manejo de la situación".

"Ese cuestionario lo hemos dejado activo desde el inicio del estado de alarma hasta prácticamente el final. Ahí es donde nos fueron entrando los participantes. Pedimos a los participantes que nos dejaran un email de contacto y hemos estado midiendo hasta que el confinamiento estricto ha pasado esas variables de salud mental. Las tres primeras semanas enviábamos dos cuestionarios y después solo una vez a la semana.

Aunque, como hemos comentado anteriormente, no solo se ha medido la sintomatología sino que a este equipo le interesaba recoger datos sociodemográficos de las personas que han participado. Por ejemplo, "cuál era ahora mismo su situación laboral y sus expectativas, qué temores tenían de perder el empleo... Lo preguntamos al principio y a mitad del estudio lo repetimos y añadimos el tema de la conciliación". El hecho de meter también la conciliación fue "a raíz de que en el cuestionario siempre dejamos un espacio para que los participantes nos sugieran cosas o elementos que echaban de menos. E intentamos ir recogiendo estas demandas porque al final refleja mejor que el diseño inicial lo que estaba pasando", ha explicado Ruiz-Zorrilla. Todo esto con la idea de saber cómo nos ha afectado el confinamiento en nuestra salud mental.

La muestra no es representativa de toda la población española, tal y como ha afirmado la propia investigadora. Pero ayuda a hacerse una idea de cómo ha podido afectar la situación con la COVID-19 a nuestra salud mental. El estudio ha contado con un total de 2309 participantes y un número de respuestas entre 1209 y 2000 por cuestionario. La muestra estuvo compuesta por 1679 mujeres, 499 hombres y 18 personas no binarias, con una media de 34 años y residentes en las 17 comunidades autónomas de España