Hace unas semanas, el presidente Donald Trump fue noticia por mencionar ante la mirada de desasosiego de una de sus asesoras científicas que una inyección de lejía quizás podría ayudar a prevenir la COVID-19. Partiendo de esa base, no resulta sorprendente que el lunes pasado mencionara también que él mismo está tomando hidroxicloroquina por el mismo motivo, a pesar de la falta de evidencia científica que existe al respecto. Ciertamente, numerosos ensayos clínicos han analizado los posibles efectos beneficiosos de la cloroquina contra el coronavirus. Sin embargo, ninguno ha mostrado que realmente las personas que la toman muestren ningún beneficio en comparación a las que no lo hacen.

Esta es la conclusión de muchos estudios observacionales y ensayos clínicos. No obstante, hasta ahora ninguno había ido más allá de su falta de beneficios. El primero en hacerlo, publicado recientemente en The Lancet, reconoce que, aparte de todo eso, los pacientes a los que se les administra podrían experimentar una peor evolución de la enfermedad, marcada por un aumento de la tasa de arritmias y muertes.

Cloroquina contra el coronavirus, un estudio observacional

Este trabajo, realizado por científicos del Hospital Brigham and Women's, de Boston, es un estudio observacional, lo cual significa que el investigador no interviene en su desarrollo, sino que se limita a medir las variables que resultan del mismo.

En este caso, se analizó la evolución de 96.032 pacientes hospitalizados, de los cuales 14.888 fueron tratados con hidroxocloroquina o cloroquina contra el coronavirus.

Los datos provenían de 671 hospitales de todo el mundo y fueron recopilados por los investigadores, que en ningún momento participaron en el tratamiento de ninguno de los enfermos. Esta es la razón por la que se considera observacional. Previamente se han realizado otros estudios similares, pero ninguno con una muestra de pacientes tan grande.

Más perjuicios que beneficios

Los pacientes que participaron en el estudio habían tomado cloroquina o hidroxicloroquina, por sí solas o combinadas con un antibiótico macrólido.

Sin embargo, a pesar de esta diferencia, la conclusión era la misma para todos: no experimentaron una mejor evolución de la enfermedad que quienes no lo tomaron. Al contrario, sí que se observó que tenían una mayor frecuencia de casos de arritmias. Además, el riesgo de morir era más elevado en los que tomaron la cloroquina contra el coronavirus, en cualquiera de sus variantes.

Los autores del estudio reconocen que su mayor limitación es precisamente que sea observacional. Por eso, ya se han comenzado a realizar ensayos aleatorizados controlados, en los que el investigador decide quién toma cada medicamento, o incluso si se le debe administrar un placebo.

Coincidencias en Brasil

Numerosos países han iniciado ensayos clínicos para estudiar la eficacia de la cloroquina contra el coronavirus, desde que se inició la pandemia.

La mayoría han concluido simplemente que no parece mostrar beneficios adicionales. No obstante, uno realizado en Brasil arrojó una información mucho más preocupante, que concordaba con este estudio, al tener que detenerse el pasado mes de abril, por un aumento de la mortalidad entre sus participantes.

Cuando Trump y otros líderes mundiales comenzaron a divulgar las virtudes de este fármaco, numerosos expertos mundiales hicieron un llamamiento a la calma. Todos sostenían que aún no había evidencia científica y que, si se daba un acopio desmesurado entre la población, podría generarse un desabastecimiento para los pacientes que realmente lo necesitan. Estos son los enfermos de malaria o algunas enfermedades autoinmunes en las que la cloroquina y la hidroxicloroquina sí que han mostrado ser muy eficaces. No obstante, ahora sabemos que la falta de medicamentos para estas personas podría no ser el único inconveniente de su administración contra el coronavirus. Por eso, en estos casos es importante recordar que las claves las tienen los científicos, no los políticos. Puede que no nos guste la realidad que ellos nos pintan a veces, pero es la única con la que contamos.