La canadiense Deborah Chow regresa a la serie The Mandalorian (Jon Favreau, desde 2019), tras haber dirigido el episodio “The Sin” (1x03) —con su homenaje de puro western— y habernos dejado un inesperado cameo al final de “The Prisoner” (1x06), para ocuparse de “The Reckoning” (1x07): su primer trabajo en esta aventura de Star Wars y su trayectoria en otras diecisiete ficciones televisivas, como Mr. Robot (Sam Esmail, 2015-2019) o Better Call Saul (Vince Gilligan y Peter Gould, desde 2015), son acreditación suficiente para que vuelvan a contar con ella; y el resultado acaba siendo intrigante.

Al comienzo de este capítulo se profundiza en la ambigüedad del personaje de Greef Karga (Carl Weathers) por la razonable propuesta que realiza: no parece que le motiven consideraciones morales sobre lo que está bien y lo que no, como le ocurre últimamente a Mando (Pedro Pascal) después de encontrar a Baby Yoda, sino que la conducta que tiene el líder del Gremio de Cazarrecompensas parece responder a sus propios intereses en exclusiva. Así que la cuestión, la duda que nos asalta a los espectadores en la primera escena de “The Reckoning”, es si el mandaloriano puede fiarse de él.

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Y nos complace mucho que las andanzas episódicas de Mando, que empiezan y terminan en los minutos que abarca un capítulo y que sirvieron de excusa para conocer a ciertos personajes, ahora se revelan útiles en la trama principal. Para la misma han reunido aquí a Kuiil (Misty Rosas en el movimiento capturado y Nick Nolte en la voz), al droide IG-11 (Taika Waititi) y a Cara Dune (Gina Carano), quienes fueron introducidos en el primer episodio, con repetición en “The Child” (1x02) para el ugnaught, y durante “Sanctuary” (1x04) en lo que a la última respecta. Rebienvenidos, pues.

Vemos que para las correrías del cazarrecompensas por la galaxia ha transcurrido bastante tiempo por lo que a Kuiil le costaron los avances en la recuperación de IG-11, cuya secuencia de dinámicos flashbacks traza un curioso paralelismo entre el reaprendizaje del robot y los esfuerzos de una persona que ha sufrido un accidente y acude a sesiones de rehabilitación en el mundo real; aunque Karga habla luego de un año explícitamente desde la última y poco amistosa vez que estuvo con el protagonista. Y nos muestran que Baby Yoda aún no distingue cuándo o contra quién conviene utilizar sus habilidades de control de la Fuerza.

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Pero lo que ni siquiera intuíamos es ese ataque nocturno que permite al pequeño demostrar, no como en su tentativa de “The Child”, sus asombrosas capacidades de curación. Y por fin se produce el giro con Karga que, de no suceder, habría resultado muy decepcionante, pero no viene de la tópica forma traicionera que podríamos haber supuesto, algo que se agradece mucho. Y qué gusto oír hablar a Werner Herzog (Jack Reacher) como el cliente de nuevo, ya no solo por ese discurso tan verosímil y conocido de los defensores de la paz sepulcral en las dictaduras y bajo las botas de los imperios.

Y una tensión muy conseguida se masca cuando interviene otro personaje precisamente imperial, Moff Gideon (Giancarlo Esposito); una tensión que se construye con la inquietud que genera el plan contra la situación opresiva de Nevarro, un estallido repentino de muerte y destrucción inesperadas y el trepidante montaje paralelo que le sigue y que, por segunda vez en este episodio, se pasa por el forro del libreto lo que el público querría y nos deja en vilo para rompernos el corazón con la última imagen. Así, la secuencia final es un preludio macanudo para el cierre de la temporada, que uno ansía ver tras lo ocurrido.

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