Casi la mitad de la electricidad de España depende de la eólica y la nuclear

Un 40% de toda la electricidad que emplean los hogares y empresas españoles ya procede de estas dos fuentes, mientras cae el uso de carbón y ciclos combinados.

Por – Feb 10, 2019 - 17:30 (CET)

Con el horizonte de la descarbonización y el compromiso adquirido de conseguir que la producción eléctrica sea mayoritariamente renovable en las próximas décadas, Red Eléctrica Española publicó esta semana su Avance del Informe del Sistema Eléctrico Español del 2018, donde se recoge cómo y con qué fuentes se generó la energía que consumieron todos los hogares y empresas del país durante el curso pasado.

Un amplio banco de datos del que se pueden extraer algunas conclusiones rápidas. La primera, que seguimos consumiendo cada vez más energía. La demanda de electricidad siguió subiendo por cuarto año consecutivo, una tendencia normalizada que solo se rompió durante los años más duros de la crisis económica. En segundo lugar, que esta demanda fue cubierta mayoritariamente por energía nuclear y eólica, como también ha pasado en los últimos años. Entre ambas cubrieron respectivamente el 20,6% y el 19% de la energía requerida. Y, por último, que el uso mayoritario de la nuclear y las renovables frente a la caída del carbón o el ciclo combinado consiguió que las emisiones de CO2 derivadas de la producción energética cayeran en más de un 15% en solo un año. En concreto, se pasó de emitir 63,8 millones de toneladas en 2017 a 54,2 millones de toneladas en 2018.

En palabras del Presidente de Red Eléctrica Española, el ex ministro Jordi Sevilla, recogidas por el operador en la presentación del informe, el “significativo aumento de la generación renovable, y la consiguiente reducción de emisiones de CO2, indican que España camina sin pausa hacia un nuevo modelo energético basado en la descarbonización y la sostenibilidad a largo plazo”.

Así ha cambiado la generación de Energía en España en el último lustro

En líneas generales, los datos de 2018 afianzan la nuclear y la eólica como verdaderos motores de la energía en España. Entre todas las renovables (eólica, hidráulica, fotovoltaica, más otras) se aportó el 40,1% de la electricidad, lo que junto con la nuclear eleva la generación de energía sin emisiones de CO2 hasta un 62,5%.

La consideración de la energía nuclear como 'no emisora' es un asunto que siempre ha traído polémica. Lo cierto es que todas las fuentes, incluso las renovables, generan impacto y producen gases de efecto invernadero si se tiene en cuenta toda su cadena de producción (desde la fabricación de un panel solar hasta su instalación, por ejemplo), y ahí la nuclear queda encuadrada en términos contables como no emisora porque sus parámetros contaminantes en lo que respecta solo a la generación, son similares a los de las renovables. Otra cuestión es el problema de los residuos que genera, que ha hecho que por ejemplo el Gobierno haya empezado a plantear el 'apagón nuclear' también para las próximas décadas.

En cualquier caso, el mantenimiento de la nuclear como mayor aportadora de energía junto con la regularidad de la eólica ha conseguido que cada vez España sea menos dependiente de otras fuentes con más emisiones en su fase de producción, como los ciclos combinados y el carbón. Estas dos tecnologías en concreto disminuyeron su cuota en el mix eléctrico con respecto al año anterior en un 22% y un 18%, respectivamente. En el siguiente gráfico se puede ver cómo han ido evolucionando las distintas fuentes a lo largo del último lustro.

Como se aprecia, el carbón y la hidráulica son las que presentan mayores oscilaciones, casi hasta intercambiarse entre ellas. Esto se debe a que en años de sequía como lo fueron el 2015 y el 2017 el hueco que deja la hidráulica se suele llenar quemando más carbón para cubrir la demanda, algo que también sucede en picos de necesidad eléctrica, como los que se dan en olas de calor durante el verano cuando todo el mundo enciende sus aires acondicionados.

Más energía renovable para 2019

El futuro de la generación de energía se basa en varias deadlines. La primera, en 2030, momento en según se firmó en los acuerdos de París y en base a la política de la Unión Europea, España debería descarbonizarse. Un recorrido que ya se está llevando a cabo con el anuncio de cierre de centrales, pero que por el camino también está dejando en el limbo miles de puestos de empleo y la economía de algunas zonas como Asturias o las comarcas turolenses que eran dependientes de la quema de hulla.

La siguiente es 2050, cuando se quiere que toda la generación sea renovable, y donde tampoco tendría hueco la nuclear. El camino hasta aquí parece más complicado debido a los problemas que aún tienen las renovables para almacenar su energía con sistemas de baterías óptimos. Allí, el autoconsumo y el uso de energía a pequeña escala parecen otro de los caballos de batalla.

Por el momento, como se puede ver también en el gráfico anterior, la generación por energía renovable ha quedado estancada durante el último lustro debido a que apenas se han instalado nuevos molinos de viento o placas. El cese de las primas que impuso el anterior Gobierno desde 2012 congeló en parte la inversión, algo que no obstante parece que se va a revertir a partir de este año cuando se comiencen a instalar los más de 8.000 nuevos megavatios de potencia eólica y fotovoltaica que fueron adjudicados en las últimas subastas de renovables. Unos nuevos parques que nacerán ya sin primas, pero también con tecnología nueva. Y es que uno de los puntos que más se criticó de la anterior política de subvención de la energía verde es que contribuyó a que España tuviera un gran parque renovable, pero en una época donde la tecnología aún no era lo suficientemente óptima.