Por todos es sabido que, a la hora de adaptar a largometraje o a serie de televisión una obra literaria o un cómic, se modifican sus ingredientes y los detalles del argumento según lo que más convenga para que resulte más cinematográfico, para que el vuelco a otra técnica de expresión artística tan dispar no incluya lastres textuales o estilísticos que no le corresponden. Y, si hablamos del desarrollo de una saga con veinte películas hasta ahora como la del prolífico Universo de Marvel, esas modificaciones son acumulativas en cada nuevo filme que se lanza, de modo que el exitoso Avengers: Infinity War (Joe y Anthony Russo, 2018) las ha recogido todas ellas como último estrenado. Y, si lo comparamos en concreto con todos los cómics en los que se basa, podemos distinguir unas cuantas diferencias imposibles de pasar por alto para cualquiera.

El guion de la película, escrito por Stephen McFeely y Christopher Markus (The Life and Death of Peter Sellers) y que ha dejado turulatos a los espectadores del mundo entero, toma como fuente de la trama sobre el peligrosísimo Titán Loco (Josh Brolin) los dos volúmenes de The Thanos Quest (Jim Starlin y Ron Lim, 1990), que aborda la identidad y e intenciones del villano cósmico, que ya habían expuesto en el número treinta y cuatro de Silver Surfer (Starlin y Lim, 1990); los seis de The Infinity Gauntlet (Starlin, Lim y George Pérez, 1991), que muestra la consecución de su plan genocida; y los seis de Infinity (Jonathan Hickman, Jim Cheung, Jerome Opeña y Dustin Weaver, 2013), que involucra otros cuarenta y cuatro entre preludios y tie-ins y recoge las consecuencias de diversas amenazas amontonadas en cómics anteriores, con Thanos de por medio para variar.

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Marvel Comics

La primera gran diferencia entre lo que contemplamos en Avengers: Infinity War y todos estos cómics radica en la razón por la que Thanos busca un genocidio universal: no es simplemente por la idea descabellada de conseguir la garantía de una vida sostenible con los recursos de que se dispone, sino también para impresionar a la femenina Muerte, de la que está locamente enamorado. Aunque parezca difícil concebirlo, sus poderes son mayores que en la película, pues se enfrenta al zampamundos Galactus o a los vigorosos Celestiales como Ego (Kurt Russell), el padre biológico de Peter Quill o Star-Lord (Chris Pratt); e incluso reduce sus capacidades para que los superhéroes terrícolas tengan una oportunidad contra él —oh, magnánimo demente— y su enfrentamiento parezca más honorable, según los consejos de Mefisto, diabólico consejero de Thanos que no aparece en el UCM.

Y no es el único al que no hemos visto en la gran pantalla, pues los realizadores de Marvel Studios han debido prescindir de muchos personajes por economía narrativa. De The Thanos Quest, tampoco a la mencionada Muerte, ni al Intermediador, ni al Señor del Caos, ni a Ord Zyonyz, ni a Tryco Slatterus, ni a Gilpetperdon, ni al Amo del Orden ni a Némesis; a Taneleer Tivan (Benicio del Toro) y a En Dwi Gast (Jeff Goldblum), sí, pero muy distintos en Thor: El Mundo Oscuro (Alan Taylor, 2013), Guardianes de la Galaxia (Gunn, 2014) e Infinity War, el primero, y en Guardianes de la galaxia, vol. 2 (Gunn, 2017) y Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017), el segundo. De The Infinity Gauntlet, no conocemos ni a Silver Surfer, ni a Adam Warlock, ni al Tribunal Viviente, ni a Eternidad ni a Terraxia; pero sí a Nébula (Karen Gillan), en las dos películas de Gunn y en la que nos ocupa.

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Y de Infinity, sus preludios y tie-ins, desde los X-Men, los Cuatro Fantásticos y los Inhumanos hasta otros Vengadores y los adláteres de todos ellos; pero sí a los que conforman la Orden Negra, con Corvus Glaive (Michael James Shaw), Proxima Midnight (Carrie Coon), Ebony Maw (Tom Vaughan-Lawlor) y Black Dwarf, renombrado como Cull Obsidian (Terry Notary), y sin Supergiant, en Infinity War. Los motivos de tantos cambios se deben a que el Titán Loco no recopila las Gemas del Infinito igual que en los cómics, pues se encontraban en posesión de algunos de los Ancianos del Universo (Tryco Slatterus y compañía), ni la lucha de los Vengadores contra él se desarrolla de una manera ni remotamente semejante. Y esta circunstancia nos conduce a ser conscientes de que el buen trabajo de adaptación que ha hecho Marvel Studios no carece en absoluto de nueva narrativa.

Para empezar, la recolección de las Gemas del Infinito durante The Thanos Quest no implica a los Vengadores en los cómics, y el terrible chasquido del villano se produce en las primeras páginas de The Infinity Gauntlet mientras que, en la película, constituye el trágico final. El poder de las dichosas Gemas se percibe tan abrumador en Infinity War que muy pocos personajes las manejan sin graves inconvenientes; sin embargo, en los cómics pueden ser manipuladas con mayor facilidad. Bruce Banner (Mark Ruffalo) no cae en el Sanctum Sanctorum, el templo de Nueva York que custodia el Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), y avisa de que Thanos está en camino como en el filme, sino Silver Surfer. El sádico Ebony Maw no aterriza en la Tierra para arrebatarle la Gema del Tiempo al Doctor Strange, sino que busca al hijo de Thanos, Thane, y lo que necesita del brujo es controlar su mente para saber la localización del vástago.

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El Hechicero Supremo, además, no lucha tan activamente como en Infinity War, sino que se dedica al rescate y la sanación de los superhéroes heridos para que regresen a la batalla. Drax, el Destructor (Dave Bautista), no tiene un carácter tan festivo, jocoso, excéntrico y tan imprudentemente arriesgado ni odia al Titán Loco porque Ronan, el Acusador (Lee Pace), matase a su familia como emisario suyo ni por destruir su planeta natal como en su versión cinematográfica: en los cómics, Thanos asesinó directamente a su esposa Yvette y a él mismo, un terrícola llamado Arthur Douglas cuyo espíritu fue introducido en un robusto cuerpo nuevo por Kronos y Mentor, padre y abuelo del Titán, para que le combatiese. Por otra parte, este no reduce a cubos y serpetinas a Drax y Mantis (Pom Klementieff) en la historia ilustrada, sino a Nébula y a Star Fox, su hermano; y los poderes de Thor (Chris Hemsworth) son transferibles en los cómics, con el martillito en el lote.

Y, si en la película es el propio hijo de Odín quien se encara con Thanos, en las publicaciones es el ex arquitecto Eric Masterson, que había trabado amistad con el Dios del Trueno sin conocer su identidad secreta. Y ni Thor ni Masterson habían atizado nunca con el martillo Stormbreaker, sino que fue forjado por Eitri (Peter Dinklage) y otros enanos herreros de Nidavellir por orden de Odín para el alienígena Beta Ray Bill después de que venciera a Thor en Skartheim, con el mismo metal Uru que Mjolnir, el del Dios del Trueno. En Infinity War, sin embargo, Eitri lo forja para Thor como sustituto de Mjolnir, destruido por su hermana Hela durante Ragnarok, y con él se planta en medio del desbarajuste que ha montado la Orden Negra y su ejército de Outriders en Wakanda. Dicho todo lo cual, ningún seguidor de los cómics de Marvel puede sorprenderse a estas alturas del UCM con tan libérrimas adaptaciones.