Enciendes la televisión. Ves un anuncio sobre el Apple Watch en el que hablan de su utilidad como herramienta de salud y deporte. Ves tu barriga. Te das cuenta de que necesitas ponerte en forma. Comienzas a barajar la compra del Watch. Lo piensas. Lo vuelves a pensar. Te decides. Vas al Apple Store. Lo compras. Comienzas a usarlo. Recoges muchísimos datos durante días. Te das cuenta de que te hace falta ir al gimnasio. Te inscribes en uno. Sigues recolectando muchos datos. Calorías. Distancia. Pisos. Pasos. Todo tiene cabida en el Apple Watch. Pero justo en ese preciso instante te das cuenta del problema: ¿qué hago con todos estos datos? ¿De qué me sirve saber que mis pulsaciones en reposo oscilan entre 40 y 60 si no sé cuán bueno es eso? ¿De qué sirve pasar una hora subido a una bicicleta y quemar 1.000 kcal si la intensidad con la que lo estoy haciendo no es la óptima para quemar grasa?

El Apple Watch (y el ecosistema “Salud” de Apple) no tiene respuesta a esas preguntas. El reloj se limita a recoger datos, compararlos con marcas anteriores y motivarte a elevarlas. No las contextualiza, no las detalla y, mucho menos, las explica. La experiencia queda coja.

El Apple Watch no contextualiza ni informa sobre nada. Se limita a recoger datos, motivarte a elevar las marcas y almacenarlas. Insuficiente.

Una persona con ciertos conocimientos sabe que no debe superar cierto número de pulsaciones por minuto si quiere maximizar la quema de grasa durante el ejercicio. Una persona normal, en cambio, no. Esta se pone las zapatillas de running, sale a la calle y cree que, independientemente de cómo realice el ejercicio, quemará grasa y entrará en forma. Error.

Hay una ventana de FC en la que la quema de grasa es óptima, y esta varía en función de cada persona y sus parámetros físicos. Pero el Apple Watch, ese pequeño entrenador personal de muñeca en el que todos confiamos, no te alerta en ningún momento de ello. No solo no te avisa cuando sales de esa ventana de FC; ni siquiera te avisa de su existencia. Ridículo, ¿no?

Otro caso similar: sabes que tus pulsaciones en reposo oscilan entre 80 y 100, pero ¿es una buena cifra si soy un varón menor de 30 años? ¿Tengo un corazón fuerte? ¿Qué puedo hacer para mejorar su estado? ¿Debería acudir a un médico? El Apple Watch mantiene el silencio absoluto. Conoce tu alimentación (si le introduces manualmente los datos) y sabe muchos parámetros sobre tu actividad física, pero, a pesar de ello, no contextualiza ni ofrece recomendaciones. Solo te alerta cuando tu frecuencia cardíaca en reposo es extraordinariamente alta. En el resto de escenarios domina su silencio.

Estar en forma es mucho más que calorías y pasar minutos de pie.Existen multitud de aplicaciones en App Store que aprovechan estos datos y sí ofrecen recomendaciones e informaciones interesantes en base a ellos (como Lifesum), pero no por ello deja de resultar absurdamente ridículo que un producto cuyo pilar principal es la salud venga, por defecto, tan carente de contextualización e información en torno a ella.

Lo peor de todo es que no se trata de un problema único del Apple Watch. Prácticamente todos los relojes inteligentes (y wearables) del mundo caen en el mismo pozo. Desde el Gear Sport de Samsung hasta la Mi Band de Xiaomi. No hay ninguna excepción que realmente sobresalga.