La idea de partida era bonita, pero del todo imposible para una pequeña tecnológica que apenas había echado a andar: cambiar el impacto negativo que tiene la tecnología en el mundo en lo que a medio ambiente y derechos humanos se refiere.

En 2015, el grupo fundador, abordaba la cuestión de cómo influir en el sector y mejorar la situación. En Suecia, cuna de la compañía, TechBuddy se ponía como reto el poner su sello de calidad en todos aquellos productos que tenían en consideración al ser humano y al mundo. ¿Cómo decirle al gigante Apple que se busca colocar su etiqueta de calidad en alguno de sus productos? Independientemente de lo que esto supone para cualquier tecnológica en términos de fabricación y costes, además de burocracia y otras cuestiones, la idea es del todo imposible. TechBuddy nacería muerta antes, si quiera, de dar cualquier pequeño paso. Había que cambiar de modelo de negocio; o, mejor dicho, crear un modelo de negocio.

"Hoy en día vemos una necesidad clave que viene de que los productos electrónicos cada vez hacen más cosas y muchas personas se sienten fuera o que se quedan atrás. La tecnología no tiene que ser difícil y está hecha para que se pueda usar sin problemas, pero hay veces que la gente lo identifica como un reto".

En palabras de Marc Miralda, jefe de operaciones de Techbuddy en España, la compañía pensó que lo mejor era "convertirse en ese amigo que va a tu casa con paciencia y con un lenguaje accesible para ayudarte con tus dudas sobre tecnología" y otros cacharros.

Nacía entonces la pequeña tecnológica que no vería la luz hasta 2016 en Suecia y, un año después, en España. su objetivo de certificados de calidad quedó en segundo plano para que "primero el consumidor supiese en qué están trabajando".

Hacer WiFi más rápido
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Expansión casi antes que su nacimiento

No habría planes de expansión en España si no fuese por la fijación de Marc en que el futuro de la compañía tenía que pasar sí o sí por el país. Sólo se necesitaron 12 meses y dos rondas de financiación para afrontar esa idea. Una primera de 500.000 euros en concepto de capital semilla y una segunda de casi 2 millones de euros que tendrían la excusa de la expansión internacional. En España "hay mucho talento, tasa de paro alta y necesitábamos gente apasionada por el tema", explica Marc. Por lo que cuando hubo oportunidad la compañía se adentró en las 10 ciudades más grandes del país.

España cuenta con un público similar al de su país de origen. Usuarios de 50 años aproximadamente, en una proporción similar entre hombres y mujeres, que necesitan saber cosas sobre el mundo tecnológico ya sea porque lo necesiten o porque les guste aprender cosas nuevas. Como no podía ser de otra manera, la cuestiones vinculadas a la programación de televisores y de conexiones wifi son las que generan más problemas. Otros, simplemente, piden ayuda para usar Google Calendar.

¿Una nueva modalidad de rider pero tecnológico?

La historia con el mundo de los riders ya se está volviendo, a todas luces, una suerte de sainete entre las diferentes partes. Repartidores, empresas tecnológicas, sindicatos y, ahora, también Hacienda. Cada uno barriendo para casa y buscando sus propios intereses (derechos, beneficios, defensa del trabajador e impuestos respectivamente) la posbilidad de que los buddys o expertos tecnológicos sean una nueva modalidad de empleo de 'la nueva economía' sobrevuela la compañía. Bruselas y la Comisión Europea ya están trabajando para analizar las consecuencias de esto sistemas de empleo de nuevo cuño.

En cualquier caso, el grueso de los budyys está formado por gente joven, la mayor parte de ellos de carreras técnicas, chicos y con facilidad para las relaciones sociales y la pedagogía. "No todo el mundo sirve para explicar", comenta Marc. Todos y cada uno de ellos pasan por su respectivo test técnico y una entrevista personal.

Dados de alta como freelance en la Seguridad Social, cada uno define su área de actividad en función de lo que esté dispuesto a cubrir. Dependiendo del nivel que tegan de experiencia recibirán un pago u otro: "El modelo de negocio es cobrar por servicio en los que ellos se llegan a llevar el 70% del servicio, depende de su perfil", comenta Marc. Para la compañía, su modelo de negocio se basa en cobrar al usuario por tramos de tiempo y llegar a acuerdos con grandes compañías para ofrecer paquetes de orientación a medida.

Mayores y seguridad: una combinación peligrosa

Con un sistema al que se puede acceder vía web, app o teléfono (muchos de los usuario no saben cómo bajarse una app), las peticiones se lanzan al técnico más cercano. Vía telefónica se concreta una cita y se confirma la duda. "Muchas veces ni los usuarios saben explicar qué necesitan, por lo que es mejor hablar directamente con ellos", explica Marc.

Bajo un manual de buenas prácticas, una de las bases de todo es el tema de la seguridad. Nadie maneja las contraseñas de otros, ni pueden tener control sobre ellas. Por otro lado, cada visita se graba por dos motivos. Para controlar que todo se ajuste a la normativa y para que después los usuarios puedan acceder a los datos sin necesidad de contratar un nuevo asistente.