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El interés informativo por la medicina y la salud se sitúa en el 35,9%, por encima de temas como el empleo, la educación, la política y los deportes, según la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. Resulta evidente que el bienestar y la calidad de vida nos preocupan mucho, hasta el punto de que las preguntas acerca de las enfermedades y la forma de mejorar nuestra salud son algunas de las tendencias de búsqueda más intensas en Google durante los últimos meses.

En el caso de los españoles, algunos de los términos médicos que más exploramos en internet son el síndrome de Asperger, relacionado inevitablemente con Sheldon Cooper, y el lupus, una patología popularizada por el doctor House. La tercera enfermedad más buscada en Google durante el último año ha sido la isquemia cerebral, una condición que no ha saltado a la fama por ninguna serie de ficción, pero cuyas consecuencias preocupan mucho a los ciudadanos.

Qué es la isquemia cerebral

Cuando los vasos sanguíneos que llegan al cerebro se estrechan y obstruyen, el flujo de sangre que alcanza este importantísimo órgano va disminuyendo progresivamente. En el caso de que se reduzca por completo, el cerebro no puede recibir los nutrientes y el oxígeno necesarios para su supervivencia y funcionamiento, lo que puede provocar la muerte de las células y un daño irreversible. Este tipo de accidentes cerebrovasculares isquémicos pueden ser causados por la aparición de un coágulo o la formación de una placa en un vaso sanguíneo, que termina por bloquear la actividad normal de las arterias y las venas.

La isquemia cerebral es diferente de los accidentes hemorrágicos, que se originan cuando un vaso se debilita y rompe, haciendo que la sangre se escape hacia el cerebro, según explican desde la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Los factores de riesgo más destacados incluyen padecer una presión arterial alta, un nivel alto de colesterol o diabetes, aunque la probabilidad de sufrir un ataque de este tipo también dependen de la edad y el origen étnico, entre otros parámetros.

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Los síntomas dependen de la zona del cerebro en la que suceda el accidente cerebrovascular isquémico, aunque entre los signos relacionados con la isquemia cerebral se incluyen las dificultades para tragar, la pérdida de visión, los mareos, el entumecimientos o los cosquilleos en brazos y piernas. Asimismo, la falta de riego sanguíneo al cerebro puede afectar a una sola parte del órgano, en cuyo caso hablaremos de isquemia focal, o bien a todo el encéfalo, de acuerdo con la Sociedad Iberoamericana de Enfermedades Cerebrovasculares.

La prevalencia del accidente isquémico transitorio se sitúa en la actualidad entre los 660 y los 1.300 casos, mientras que su incidencia oscila en una franja de 30-300 casos por cada 100.000 habitantes al año, según un estudio publicado por la Revista Clínica Española. Su aparición incrementa el riesgo de padecer otras graves patologías como el ictus o la cardiopatía isquémica. A día de hoy, las enfermedades cerebrovasculares son una de las principales causas de fallecimiento en los países desarrollados, por lo que mejorar su prevención, diagnóstico y tratamiento es fundamental para cuidar nuestra salud.