Cuando el corazón deja de latir, los órganos se hinchan, colapsando los vasos sanguíneos y bloqueando la circulación. A su vez, la abrupta detención del flujo de oxígeno y nutrientes da lugar al deterioro y muerte de las células, que se quedan sin combustible. De este modo, los órganos dejan de funcionar rápidamente. Es precisamente por eso por lo que se debe actuar muy deprisa para realizar un trasplante en el que el donante es una persona fallecida. ¿Pero y si se pudiera evitar o, al menos, posponer esa degeneración de las células después de la muerte? Esta propuesta, casi propia de una novela de Mary Shelley, se la hicieron un equipo de científicos de la Universidad de Yale. Y lo mejor es que, en cierto modo, lo consiguieron, al devolver parte de la vida a los órganos de cerdos muertos.

Estos investigadores ya protagonizaron todo tipo de titulares en 2019, cuando lograron restaurar la circulación y algunas funciones celulares en el cerebro de cerdos muertos. Como es lógico, la noticia se llevó a la exageración y se empezó a hablar de resurrección de los muertos. No fue eso lo que hicieron, pero igualmente fue un grandísimo hallazgo, que ahora han llevado mucho más allá, repitiendo su hazaña en el resto de órganos de estos animales.

Lo cuentan en un estudio, publicado hoy mismo en Nature. En él se describe tanto el mecanismo que siguieron como los resultados. Algunos estaban dentro de lo esperado, pero otros les sorprendieron gratamente. Y es que consiguieron restaurar incluso algunas funciones que no imaginaron previamente. 

Restaurando las células de cerdos muertos

En 2019, estos científicos de la Universidad de Yales lograron restaurar algunas funciones de las células cerebrales de cerdos muertos gracias a la perfusión de un líquido experimental. Este incluía un cóctel de todo lo necesario para recuperar las funciones que se pierden tras la muerte. Desde anticoagulantes hasta citoprotectores, pasando por otras sustancias como la hemoglobina, que interviene en el transporte de oxígeno en las células. Además, contiene algunos compuestos que ayudan a suprimir una intensa respuesta inflamatoria que interviene también en el deterioro celular después de la muerte.

Con este compuesto, al que bautizaron como BrainEx, se consiguió lo inimaginable. Era especialmente interesante, ya que el cerebro es un órgano muy propenso a sufrir un estrés celular causado por el suministro inadecuado de sangre, llamado isquemia. Si habían podido con él, ¿por qué no con el resto del organismo?

Durante estos tres años han madurado esa idea, dando forma al estudio que se presenta hoy. En él se describe cómo fue su trabajo con OrganEx, una versión mejorada del líquido que usaron solo para el cerebro. 

En primer lugar, se provocó el paro cardíaco a los cerdos bajo efecto de anestesia. Después, los animales se conectaron a una máquina que imita los efectos de los pulmones y el corazón ya detenidos. Es similar a las máquinas ECMO que se usan con pacientes que se encuentran a la espera de un trasplante. Una vez finalizado el proceso, se dejaron pasar seis horas, tras las que se comprobaron sus increíbles efectos.

Resultados en corazón, hígado y riñón con y sin OrganEx. Escuela de Medicina de la Universidad de Yale

Mucho más de lo esperado

Los efectos en el cerebro de los cerdos muertos fueron similares a los de 2019. Es decir, se recuperó la función de algunas de sus células, pero no hubo ninguna actividad eléctrica que pudiera indicar conciencia.

Por otro lado, muchas funciones celulares esenciales que ya se habrían perdido sin tratamiento permanecían intactas. Incluso algunos órganos como los riñones, el hígado y el corazón habían recuperado parte de su funcionalidad.

Fue especialmente interesante lo que vieron en este último, ya que había evidencias de actividad eléctrica y aún conservaba la capacidad de contraerse. Además, se restauró la circulación sanguínea en absolutamente todo el cuerpo. ¡Hasta hubo movimientos musculares involuntarios al nivel de la cabeza y el cuello!

En definitiva, si intentaban mirar al microscopio las células de un órgano sano y otro del mismo órgano tratado con OrganEx, no había prácticamente diferencias.

¿Para qué sirve todo esto?

Del mismo modo que en 2019, es importante remarcar que la intención de estos científicos no es resucitar a los muertos.

Pero sí que pueden ayudar a evitar un gran número de muertes. Y es que, gracias a OrganEx, se puede ampliar muchísimo la durabilidad de los órganos antes de un trasplante. Ahora lo han hecho con cerdos muertos, pero la intención es extrapolarlo en un futuro a humanos.

Además, según explican en un comunicado, creen que todo esto “podría ayudar a tratar órganos o tejidos dañados por isquemia durante ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares”. El abanico de posibilidades es inmenso, aunque aún hay mucho trabajo por delante. Devolver a los muertos a la vida sigue muy lejos del alcance de la ciencia, pero esto hace años parecía casi igual de inalcanzable y ahora vemos que era posible. La realidad, por el hecho de serlo, siempre será mucho más fascinante que la ficción.