El día 5 del pasado mes de octubre sucedió algo que ha supuesto un antes y un después en Hollywood: el periódico The New York Times destapó definitivamente las acusaciones de acoso sexual contra el afamado productor Harvey Weinstein, cuya conducta era allí un secreto a voces; y se desató un escándalo sin precedentes que ha tenido como consecuencias inmediatas el fin de su trayectoria en el cine, que otras mujeres a las que acosó hablaran de ello y que más personas denunciasen sus propios casos, como los que implican al oscarizado actor Kevin Spacey o al cineasta Brett Ratner, entre otros y cada vez más. Pero todo esto no debe quedarse en el simple ruido ensordecedor que ha ocasionado, sino que es imprescindible que se diriman responsabilidades y se haga lo necesario para que nunca vuelva a ocurrir nada parecido.

Por lo pronto, la organización Women In Film, que promueve las carreras de las mujeres que trabajan en la industria del cine para conseguir la paridad laboral, anunció va a ofrecer una línea de ayuda para las personas afectadas, hombres y mujeres; y la Fiscalía del Condado de Los Ángeles ha abierto, no todo lo rápidamente que hubiera podido, una investigación por estas “denuncias generalizadas” en el seno de Hollywood. No se trata de un mal inicio: las víctimas deben recibir el apoyo que precisen, y los presuntos acosadores han de ser investigados, afrontar un juicio si procede y cumplir la correspondiente condena; lo cual debe procurarse aunque su conducta delictiva sea difícil de probar por los años transcurridos y la falta de evidencias físicas y de testigos directos.

Sin embargo, una cosa es lo que se puede acreditar en los tribunales de justicia sin ningún género de dudas, es decir, los requisitos que el poder judicial establece para obtener una condena, y otra, lo que podemos aceptar racionalmente como cierto por pura lógica deductiva. Tal vez, Weinstein no pueda ser procesado por muchas de sus agresiones sexuales concretas, si no todas, al no disponer ya de las pruebas fehacientes que servirían para sentarlo en el banquillo. Pero el conocimiento general de su deriva depredadora antes de que le estallara en las narices, con declaraciones como las del sabedor Quentin Tarantino, y los múltiples testimonios de mujeres agredidas que le acusan de ello hacen imposible eludir la verdad, y resultaría disparatado suponer una especie de conspiración para derribarle.

acoso sexual hollywood
Anthony Rapp, víctima - Independent.ie

De la misma manera, pese a que Spacey pudiera desmentir en cualquier interrogatorio oficial haber agredido a algún hombre concreto para librarse de ser condenado, que se encuentre ahora en la clínica The Meadows, después de que su representante asegurara que se sometería a evaluación y tratamiento para corregir su conducta depredadora, basta para aceptarla como indudable. En cambio, para aquellos de los que no podamos deducir su culpabilidad de ningún modo, debemos reconocer su presunción de inocencia y aguardar el desarrollo de los acontecimientos judiciales. Pero la industria del cine no puede permanecer de brazos cruzados, exponiendo a sus equipos al posible abuso de presuntos depredadores sexuales, y tampoco está así.

Los que han recibido tales acusaciones deben ser apartados de los rodajes en los que se supone que acostumbran a depredar, y sin dilación, a la espera de que se confirmen o se refuten los hechos en un juzgado o por lógica deductiva; y los estudios han de poner en marcha protocolos para impedir que ocurran nuevos casos similares, de forma que sus trabajadores se sientan más seguros, y de actuación urgente si se producen, para que las víctimas sepan que se van a ver arropadas si denuncian y sin necesidad de esperar tanto tiempo para ello. Y los depredadores constatados no deben volver a pisar un rodaje hasta que, como mínimo, un psiquiatra determine que están rehabilitados y que, así, no hay peligro de que se comporten mal de nuevo.

acoso sexual hollywood
Ellen Page, víctima - Bustle.com

Lo que no sirve para absolutamente nada contra el acoso es retirar a Weinstein de los créditos de las películas que ha producido, como si su implicación y sus aportaciones económicas fuesen a desaparecer con ello; ni que el director Ridley Scott elimine las escenas de Spacey en All the Money in the World para sustituirle por Christopher Plummer; ni quitarles a ambos reconocimientos que se les hizo antes por méritos indiscutibles. La negación del pasado es absurda e inútil hasta como acto simbólico, y únicamente conduce a prácticas irracionales como tratar de impedir ciclos retrospectivos de directores y actores marcados en las filmotecas, y a rechazar grandes obras de cine por su participación, que no van a dejar de serlo porque las produjese Weinstein o actuara en ellas Spacey.

Esto no es lo que desean las víctimas de acoso ni las ayuda en absoluto. No debemos permitir que el repulsivo comportamiento de los depredadores sexuales, que en estas circunstancias abusan de su poder para agredir, se emplee de justificación para cualquier tipo de censura artística. Lo que esperan y merecen quienes han padecido su conducta malsana no es que se perjudique a la cultura, sino que los agresores respondan por sus villanías en los tribunales, si es posible, y muy en especial, que la industria cinematográfica y el resto de los entornos laborales aprovechen la coyuntura y pongan todos los medios a su alcance para mantener a los acosadores a raya, bien lejos, y que el personal luzca unos hábitos profesionales y conserve las braguetas subidas, las bocas impolutas y las manos quietas.