Uno no puede menos que empezar a sentir ya nostalgia al ser consciente de que contempla por última vez los extraños títulos fotográficos de The Leftovers al inicio de “The Book of Nora” (3x08), el episodio final, títulos en los que recuperan la canción que siempre escuchábamos en los de la segunda temporada, “Let the Mystery Be”, de la cantautora estadounidense Iris DeMent. Y por lo que conocemos de la trayectoria de Damon Lindelof y de esta serie, el hecho de “dejar al misterio ser” no podemos tomárnoslo de otra manera que como toda una declaración de intenciones para la conclusión de esta fascinante ficción televisiva.

Después vemos a Nora Durst (Carrie Coon) en la misma clase de vídeo que graban los que acceden a llevar a cabo la propuesta que le hizo Mark Linn-Baker en “Don’t Be Ridiculous” (3x02). Pero, a tenor de lo que ya nos mostraron en el epílogo de “The Book of Kevin” (3x01), la verdad es que creemos saber lo que va a ocurrir, y lo que realmente despierta nuestra curiosidad es conocer el modo en que se llegará a ello. Lo que sigue es lo que de veras se siente como la típica conversación de hermanos entre Nora y Matt Jamison (Christopher Ecccleston), una mezcla de bromas y confesiones en la que él se sincera sobre lo que le aterroriza el futuro.

the leftovers 3x08
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Ella piensa luego en sus hijos y su marido conforme se dirige a su último viaje, y nosotros lo vemos en forma de flashbacks. Y es fantástico que, tras unos segundos del inicio del procedimiento, corten la escena en el preciso instante en que Nora va a gritar la palabra que estábamos esperando, con lo que sólo oímos el sonido de su primera letra sibilante. Y la narración da un salto tremendo con un flashforward a la situación del epílogo del primer episodio, y la aparición de Kevin Garvey (Justin Theroux) y lo que le dice a Nora nos llenan de asombro y de estupefacción, pero los espectadores más avispados pensarán que se huelen lo que está sucediendo.

Sobre todo tras la llamada telefónica a Laurie Garvey (Amy Brenneman), que nos había brindado una supuesta despedida de lo más elocuente en “Certified” (2x06) y a la que vemos con un bebé que, pensamos, deberíamos identificar si estuvimos atentos en ese capítulo. Más tarde, Nora se reúne con Kevin en un evento típicamente desconcertante, y su conversación prosigue, con visos de la misma necesidad de recordar que existía en la última temporada de Lost (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber y Lindelof, 2004-2010), y escuchamos dos canciones muy significativas: “I’m Out to Get You”, del británico Robin Trower, y una versión de “I’ve Got Dreams to Remember”, del yanqui Otis Redding, que dicen así respectivamente: “He salido a por ti / a crear una alteración en tu mente. / He sido enviado para seleccionarte / desde otro lugar en el tiempo”, y como el propio nombre de la segunda: “Tengo sueños, sueños que recordar”.

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En cierto momento de la celebración, Kevin dice que al menos no han sacrificado a una cabra que allí habían traído para un ritual metafórico, y Nora le pregunta: “¿Has visto alguna vez sacrificar a una cabra?”. La respuesta, al contrario de la que obtiene, es sí: un tal Jerry lo repetía supersticiosamente en una cafetería de la ciudad milagrosa de Jarden porque fue lo que hizo la mañana de la Ascensión y no desapareció nadie de la localidad, y le vimos en ello durante “Axis Mundi” (2x01), “No Room at the Inn” (2x05) y “Lens” (2x06). Y la cabra regresa en una de esas situaciones extrañas que a veces viven los personajes de The Leftovers con animales determinados.

Y es entonces cuando queda al descubierto la socarronería de Lindelof para los que pensaban, porque todo parecía indicarlo, que nos iba a “hacer un Lost” al final con otra enajenación de los muertos que no recuerdan. Por fortuna, no es así, pero tampoco como podría aparentar, pues Nora le cuenta a Kevin lo que vivió tras el procedimiento que servía para ir a donde fue el dos por ciento de la población mundial el día de la Ascensión, en uno de los intensos monólogos que en ocasiones nos ha regalado la serie, con primerísimos planos de los actores que les exigen lo mejor de sí. Y entendemos que el propio Kevin se había referido en la fiesta al bebé con el que estaba Laurie. Y cuando él cree la historia de Nora y ambos se encuentran en el mismo punto, sin demonios personales, escepticismo ni miedo por las peripecias extraordinarias que vivieron cada uno, es cuando pueden de verdad agarrarse de la mano y no volver a soltarse nunca más.

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