El último episodio de la segunda temporada de Fear the Walking Dead, que lleva por título “North”, se inicia de inmediato justo tras la escena de violencia desatada con que terminó el precedente, “Wrath” (2x14), y sus realizadores se permiten cierto virtuosismo visual que se agradece mucho: al fin y al cabo, de eso va esto del cine, de ofrecer imágenes que golpeen de buena manera nuestras retinas y, si acaso, nos dejen alguna huella. La situación de Travis Manawa (Cliff Curtis) se hace insostenible en el hotel Rosarito por las consecuencias de su ira, y Madison Clark (Kim Dickens), su hija Alicia (Alycia Debnam-Carey) y un reticente Victor Strand (Colman Domingo) deben decidir qué hacer estando así las cosas.

No puede dejar de resultarle curioso a los espectadores que precisamente Travis, quien se había resistido con obstinación a comportarse de la forma violenta en que otros, como su hijo Chris (Lorenzo James Henrie), piensan que hay que hacerlo en este apocalipsis, acabe perdiendo el control de ese modo. Pero se trata, en verdad, de lo que cabría esperar cuando uno acumula tensión y odio suficientes como para terminar estallando así, tras negarse a dejarse llevar por ellos durante mucho tiempo, lo que después plantea jugosas contradicciones morales.

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'Fear the Walking Dead' 2x15 - AMC

Pero estas contradicciones se resuelven pronto, o algo así, cuando Madison le confiesa a Travis que ella ya había hecho lo mismo que él por su hijo en “Shiva” (2x07), la inconsistencia de acabar con la matriarca Celia Flores (Marlene Forte), y que, por tanto, ambos son iguales, han hecho lo que tenían que hacer por su familia y lo más probable es que vuelvan a hacerlo. De este modo, se acercan a las resoluciones del grupo de Rick Grimes (Andrew Lincoln) en The Walking Dead. Pero ya veremos lo que les dura esta fortaleza de ideas en la tercera temporada y si no se les presentan más contradicciones difíciles de solventar.

El problema es que la situación insostenible se derrumba finalmente porque Travis no había cargado sólo contra Brandon (Kelly Blatz) y Derek (Kenny Wormald), sino que Óscar Díaz (Andrés Londono) fue una de sus víctimas colaterales, y el antes sereno Andrés Díaz (Raúl Casso) clama venganza por su hermano con la ayuda del descontrolado Héctor Reyes (Ramsés Jiménez); y en estas, Alicia también hace lo que tiene que hacer y, con Madison y Travis, adelantan su salida acordada del hotel. Victor, en cambio, decide no acompañarles; y también hemos de agradecer que no se vayan del Rosarito por que se eche a perder con una hecatombe zombi, pues eso sería lo que manda el tópico, y apesta como un muerto viviente putrefacto.

Por supuesto, su destino es seguir los pasos de Nick y plantarse en la colonia. Allí, mientras se agriaba el clima en el hotel, Alejandro (Paul Calderon) está en las últimas, y Luciana (Danay García) no muestra ninguna piedad por él debido al engaño con el que les hizo creer a todos que era inmune a la epidemia zombi. Además, ella se niega a marcharse con Nick Clark (Frank Dillane) y abandonar a las personas que allí se encuentran. Y nos brindan un correcto montaje musicalizado de la salida de Nick, que de paso descubre un nuevo lugar en la lejanía, y un fervoroso discurso de Alejandro, que se nos antoja el de un capitán abatido cuando el barco a su cargo está a punto de hundirse.

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'Fear the Walking Dead' 2x15 - AMC

Nick, que había abogado reiteradamente con que todos se largaran de allí ante el peligro por la violenta llegada de Marco Rodríguez (Alejandro Edda) y sus secuaces, convence al moribundo Alejandro para que permita que su gente se vaya contándole lo que ha visto al salir. Este, gracias a un giro bastante adecuado, se hunde con el barco porque considera que lo mejor que puede hacer en su tesitura es llevar a cabo la técnica de la tierra quemada en la colonia. Y la última secuencia de esta segunda temporada es un montaje paralelo, con canción incluida, de los minutos finales de Alejandro y una esperanza que se desvanece para los ex habitantes de la colonia guiados por Nick y Luciana.

Y quizá para los espectadores que aguardan con paciencia a que Robert Kirkman y Dave Erickson sean capaces de convertir Fear the Walking Dead en algo al nivel de su serie madre: a tenor de los veintiún episodios anteriores, no hay visos de que lo vayan a conseguir en la tercera temporada. Así que es probable que sigamos contentándonos con pasar el rato asistiendo a las peripecias de este grupo de supervivientes, sin que nos duelan demasiado sus angustias y sin que el horror de este fin del mundo nos inquiete en exceso. Que los optimistas despierten, huelan el café y abandonen toda esperanza.