Cuando escuché por primera vez de Secret tuve una reacción bastante positiva. Inmediatamente me recordó (supongo que a otros veteranos de internet también) a PostSecret, un proyecto de arte creado en 2005 por Frank Warren en forma de blog que consiste en que personas enviaban postales decoradas con secretos inconfesables a menos que sean anónimos.

PostSecret es de las cosas más maravillosas que ha surgido en internet y tiene un poder emocional extraordinario. Genera fuertes risas, profunda tristeza, por momentos es sobrecogedor e inclusive te puede causar cabreos inmensos. Es un proyecto posible por la combinación del internet y el anonimato. Sin estos dos componentes no sería tan potente, no tendría tanto alcance y no tendría el mismo efecto.

Secret, la app anónima de moda en Silicon Valley que acaba de llegar al resto del mundo (incluyendo Latinoamérica y España) sospecho que buscaba, de alguna manera, el mismo efecto. De hecho, cada envío anónimo puede ser decorado de forma relativamente similar a las postales de PostSecret, colores de fondo o una imagen y tipografías bonitas. La única gran diferencia es que el envío se hace a tu círculo de amigos, pero nunca sabes realmente quién lo publicó.

Pero parece que el mayor uso, o al menos por el cual se ha hecho popular la aplicación, no es ese sino el de filtrar chismes y cotilleos de startups, empresas, personas, relaciones o el enemigo de turno. Puede ser por miedo, por ganas de causar daño o por el interés genuino de hacer una denuncia anónima que no podría llegar a oídos de los demás de otra manera.

Desde que llegó a España y Latinoamérica Secret está lleno de lamentos amorosos dignos de Ricardo Arjona o Alejandro Sanz

En el caso de España y Latinoamérica ha causado, como era de esperarse, algo de controversia. Algunos ataques, algunas acusaciones y uno que otro cotilleo que puede ser verdad o no, aunque carece de importancia porque tiene trascendencia mínima. Pero lo que más encuentras son pseudo-lamentos amorosos dignos de Ricardo Arjona o Alejandro Sanz, tonterías escatológicas pero por sobre todas las cosas: irrelevancia absoluta.

El problema no es Secret, es cierto que algunas herramientas en forma de software pueden llegar a condicionar el uso que le dan las personas, pero en este caso se trata simplemente la idiosincrasia aparente de nuestra sociedad, nos dan un megáfono anónimo y no se nos ocurre nada mejor que decir tres tonterías o echarle mierda a quien nos cae mal, reírnos y dejar que la moda pase.

Tal vez se trate de la novedad de la app, pocos años atrás Twitter fue hervidero de cuentas anónimas que buscaban burlarse de personajes famosos de turno, algo que duró menos de un año y prácticamente desapareció. En su momento pasó exactamente lo mismo en los blogs, en foros de discusión y en la década de los noventas, sucedía en chats de IRC. No debería ser causa de sorpresa. Aunque aún lo es.

Tal vez en algún momento encontremos un uso más interesante a algo como Secret, pero muy probablemente se convierta en una más de las miles de apps de moda que pasan al total y completo olvido en unas cuantas semanas.

Secret no es realmente anónimo

Por mucho que no se identifique al autor de un mensaje en Secret, no significa que sea realmente anónimo. Que quede muy claro: no lo es. Recuerda que al darte de alta revelaste tu email y número de teléfono que verificaste. Eso significa que si en algún momento una orden judicial o policial llega a la compañía detrás del servicio revelarán tu verdadera identidad. Piénsalo tres, cuatro o cinco veces antes de difamar a una persona o una empresa en Secret ya que tu identidad podría ser revelada si la autoridad así lo requiere.