"¡Debes leer The Blackest Night!, me dijo un amigo hace unas cuantas semanas. Confieso que no soy muy asiduo a DC -- me declaro más un seguidor de Marvel -- así que la idea de un crossover con los Green Lantern Corps como figuras centrales no me parecía muy atractiva. Tenía buen rato sin acercarme un título con algún Linterna Verde como protagonista (la última debió ser la destrucción de Ciudad Costera a manos de Parallax, hace ya más de una década), así que le entré a la saga con un trasfondo reducido. Ocho números después, quedé extasiado con una serie que me capturó por completo, estupendamente escrita y que ata los cabos de un universo destrozado a finales de los noventas.

Como sé que muchos lectores no son fanáticos de los cómics, comenzaré por lo más básico. En los últimos años, DC tomó bastantes decisiones malas. Marvel aprovechó para robarles el mercado a inicios del nuevo milenio, al grado de dejar a DC en un segundo plano. De la mano de las adaptaciones cinematográficas, Marvel logró darle empuje a sus títulos entre los neófitos y consolidarlos con los fanáticos. Por su parte, DC había matado (literal o figurativamente) a la mitad de sus personajes principales. Muchas series sufrieron a causa de los enredos de los guionistas, que confundían a los lectores habituales e imposibilitaban a los nuevos a engancharse con sus historias.

Fue en 2005 que DC decidió hacer un borrón y cuenta nueva. Con Infinite Crisis, la editorial allanó el camino para su resurgimiento. Mientras Marvel rompía el mercado con Civil War, DC había lanzado a las calles a Green Lantern: Rebirth, un intento por redimir a uno de los héroes más emblemáticos de su mitología. ¿Por qué? Hasta mediados de los noventa, había sido uno de los estandartes de la casa editorial, y necesitaban saldar una añeja deuda con los seguidores.

Recapitulemos. En 1994, DC decidió jubilar a Hal Jordan, el Linterna Verde actual, para darle paso al joven Kyle Rayner, con la esperanza de atraer lectores más jóvenes. Por esta razón, en la saga Emmerald Twilight, Hal enloquece por la destrucción de Ciudad Costera (una urbe a la altura de Metrópolis o Ciudad Gótica). Así, Jordan se convierte en Parallax, un villano que amenazó con rediseñar a todo el universo en Hour Zero. Este cambio provocó la furia de los fanáticos, por lo que DC contraatacó en 1996 con Final Night, en la que Jordan muere tratando de reencender al Sol. Aunque Rayner no resultó un mal Green Lantern, los traspiés llevaron a DC a encomendar en 2004 a Geoff Johns para escribir Rebirth.

La idea de DC no sólo era recuperar a Hal Jordan, sino también reanimar a un título que se creía perdido. Por esta razón, la editorial planeó tres entregas: Green Lantern: Rebirth (2005), Sinestro Corps War (2007) y The Blackest Night (2009). En Rebirth, se cumple el objetivo de resucitar a Jordan -- y de paso, exonerarlo de sus crímenes pasados. Sinestro Corps War nos introduce un nuevo panorama: los anillos de poder amarillos, cuyo poder reside en el miedo (el de los verdes, en la voluntad). Este intermedio sirve para reintroducir personajes al universo DC, dotarlos de mayor peso, y atar muchos cabos sueltos. La misma editorial ha dicho que existen ciertos paralelismos entre Rebirth y Sinestro Corps con los episodios IV y V de Star Wars (Una nueva esperanza, El imperio contraataca).

Al final nos topamos con The Blackest Night. Todo inicia con la presentación de los anillos negros, los cuales tiene el poder de reanimar a los muertos (admito que, en mi ingeniudad, califiqué al primer número como una mala parodia de Marvel Zombies). Sin embargo, conforme avanza la trama, el lector se percata que el objetivo central de la saga es dejar en claro el porqué de tantas resurrecciones en el pasado (empezando por la de Superman), cerrando ciclos abiertos hace casi dos décadas. Además, sirve como plataforma para potenciar la presencia de Flash, otro de los héroes de avanzada para el resurgimiento de DC; y para enriquecer la mitología con la aparición de siete anillos de poder -- uno por cada color del espectro. Por si faltara más, abre la duda del paradero de Bruce Wayne (Batman), fallecido en la saga de Batman R.I.P.

Sin entrar demasiado en la trama, les puedo afirmar que The Blackest Night marca un parteaguas en la forma de entender el universo DC. Resultan simplemente fenomenales los cameos de Lex Luthor y Scarecrow (¡o el de Wonder Woman!), así como la actuación de Sinestro en la saga. Pasamos de la figura menguante de Kyle Rayner a finales de los noventa al renacimiento de Hal Jordan y los Green Lantern Corps. Cambiamos del Flash como comic-relief, a un superhéroe más maduro, con los galones para hacerse cargo en el peor de los momentos. Pero sobre todo, se consigue el objetivo máximo: resucitar por completo a un título que, por lo menos en la mente de muchos, había caído por completo en el olvido. Bien lo profetizó DC: tras la noche más oscura, viene el día más brillante.