“Twitter hará muchas tonterías en los próximos meses. Mantendremos lo que funciona y cambiaremos lo que no”. 

Pues solo llevamos un mes. Lo de arriba es uno de los incontables tuits que Elon Musk ha publicado desde siempre y, especialmente, desde que se hizo con la plataforma.

Sí, Elon Musk cumple un mes al frente de Twitter. De que se concretara su compra casi obligatoria después de que el magnate viera que tenía todas las de perder si no la ejecutaba en el juicio que ya se había puesto en marcha. Desde que comenzó el proceso de compra hasta que se concretó, el pasado 27 de octubre, las acciones de Twitter se habían desplomado por el contexto actual. Nadie en su sano juicio hubiera mantenido la oferta a no ser que estuviera obligado.

Musk entró en las oficinas de Twitter con un lavabo en brazosaludiendo a un juego de palabras en inglés entre tirar por la cadena y dejar que todo se calme. Había comenzado el show y aquel doble sentido es ahora también una buena metáfora del sentir dividido que se palpa entre sus usuarios. Ha habido un día de luto general ya en Twitter —aquel del #TwitterRIP— y, en la otra esquina, la plataforma, aunque con fallos, ha seguido funcionando a pesar de despedir la mitad de su plantilla. Al menos nadie puede decir que no esté siendo entretenido.

Y ahora, aquí estamos, quizá pasando por alto lo más disruptivo, peligroso y potente a la vez: Twitter es ahora privado. Un hito sin precedente alguno en la historia de la economía digital. Que uno de los grandes nombres de internet pasara a manos privadas era algo complicado de imaginar hace solo unos meses. 

Twitter nunca ha sido una empresa rentable. Dio beneficios muy escuetos hace solo tres años y últimamente no había dejado de endeudarse. Nadie ha sido capaz de capturar el valor que tiene como pulsómetro social. ¿O quizá solo sea una red que tiene tanto bombo porque en ella estamos todos los periodistas y medios o el propio Musk?

Quién sabe, pero aquí seguimos. Este es un repaso a todo lo que el autodenominado ChieTwit ha roto, despedido e intentado cambiar en los últimos 30 días.

Lo que se ha roto en Twitter con la llegada de Musk

Musk despidió nada más hacerse con el control de Twitter a su CEO, Parag Agrawal y todos los directivos más cercanos de la compañía. También, nada más llegar, ordenó imprimir los últimos 30 días de código a los ingenieros para intentar ver sobre el papel cuáles eran más productivos y mejores. La idea duró lo que alguien tardó en advertir que aquello era tan poco práctico como poco seguro.

Al poco tiempo se sabe que Musk ‘mata’ a Revue, el servicio de newsletters comprado por Twitter hace dos años, y Notes, su versión para artículos largos. También quiere reconvertir Birdwatch, la funcionalidad para cuestionar de forma comunitaria y validad contenido, a ‘Notas de la Comunidad’, y que este sea uno de los puntos claves de la moderación de contenido.

El va y viene de la verificación de pago

  • El 31 de octubre comenzaron los rumores sobre una versión de pago de Twitter. Se habla primero de un pago de 20 dólares para conseguir la verificación. 
  • Stephen King entra en escena y le dice que nadie va a pagar 20 dólares por eso. Musk responde que qué le parece 8. Aquel juego de mercado municipal acaba dando el precio que tendría el nuevo Twitter Blue. Además de la verificación, daría a los usuarios también mayor alcance en sus publicaciones y posibilidad de publicar vídeos más largos. Se pone en marcha en una semana.
  • En paralelo, Musk habla del regreso de Vine y de pagar a los creadores de contenido más que Youtube.
  • La verificación de pago se paraliza después de que se vea que es usada para suplantar a marcas. Se pone en espera hasta que pasen las elecciones de medio término en Estados Unidos. Se juega, durante tres horas, con un check secundario para diferenciar a los que tienen la verificación por relevancia o por pago.
  • La funcionalidad será lanzada si todo va bien el próximo día 29 con insignias de colores para diferenciar a particulares, empresas e instituciones.
  • Por el camino, Musk intenta lidiar con el nerviosismo de los anunciantes. Ahora sabemos que un 50% de los más importantes han podido cesar la publicidad.
  • Todos los cambios y despidos empiezan a generar fallos menores en la plataforma. Microservicios que se caen. El 18 de noviembre se produce el día que todos creíamos, aunque fuera un poco, que Twitter se iba a perder para siempre.

Los despidos

Twitter, Elon Musk

Antes de llegar a ese día 18, Musk ya había despedido a 3.500 empleados. La mitad de la plantilla. La necesidad de recortar gastos se pone encima de la mesa como principal justificación.

  • Los despidos, sin embargo, son hechos de forma abrupta, cortando el acceso de los empleados a Slack o sus correros. El propio Twitter se llena de extrabajadores despidiéndose con honores de su empleo.
  • El 10 de noviembre en un space con lo que queda de la plantilla Musk impone su política de trabajo de Tesla. Se acaba el teletrabajo y asegura que la bancarrota no es improbable. Ese día se marchan los responsables de seguridad y privacidad de la plataforma. 
  • Poco después, Twitter suspende sin previo aviso la relación con 4.400 de sus 5.500 empleados subcontratados. La mayoría se dedicaban a moderación. 
  • Como consecuencia, Twitter comienza a llenarse de películas pirata. Nadie ni nada lo vigila.
  • Tras algunos casos de nuevos despidos de trabajadores que había criticado a Musk, el 16 de noviembre anuncia en un corroe que viene Twitter 2.0 y exige implicación máxima a sus empleados. Trabajar “Modo hardcore”,dice, con jornadas maratoniana. La respuesta es que centenares de ellos dimiten.
  • Ese mismo día comenta la posibilidad de buscar un nuevo CEO.
  • También cierra la sede de Bruselas para recortar gastos, poniendo en jaque el cumplimiento del GDPR y por lo tanto la continuidad en le continente de la plataforma.

Volvemos al día 18, donde busca rodearse de sus acólitos, su guardia pretoriana, compuesta por fieles de Twitter e ingenieros de Tesla. Twitter sobrevive.

Y todo lo que ha cambiado

De las promesas de mayor libertad de expresión y modernización con las que Musk llegó, de momento la más palpable es la restauración de varias cuentas. Entre ellas, las del polémicos pensador Jordan B. Peterson y Donald Trump, este último tras una encuesta en su propia cuenta.

En cuanto a funcionalidades, más allá de la posibilidad de pago que está por ver cómo acaba, la más avanzada parecen los mensajes directos seguros, contando con inspiración de Signal.

Musk dijo antes y durante su compra que su intención es convertir a Twitter en una especie de WeChat —bajo el nombre de X— a medio plazo. Pero antes, además de sobrevivir al momento actual, debe hacerla rentable.

La posibilidad de un Twitter dividido entre usuarios de primera y segunda que atisba la funcionalidad de pago masiva que parece querer imponer puede tener consecuencias muy lesivas para la participación de la plataforma. La huida masiva de los no dispuestos a pagar está ahí. Pero también es cierto que es el único modelo en una de las grandes redes sociales que, de ponerse en marcha, huiría de la publicidad.

Solo ha pasado un mes desde la llegada de Musk a Twitter y posiblemente aún nos queden muchos meses con tantos movimientos como este. Para bien o para mal. De momento, lo que nadie puede decir es que esté siendo aburrido.

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