Un viejo cohete ruso ha explotado, dejando en el espacio nuevos fragmentos de basura espacial. Aunque la situación actual pueda llevarnos a pensarlo, no ha sido nada preparado. Simplemente, se trata de la explosión accidental del motor que se usó hace quince años para impulsar hacia su órbita una carga de satélites de navegación.

No es el primer cohete de este tipo que estalla mucho después de su lanzamiento, por lo que no ha sido una sorpresa. Aun así, es importante no perder de vista los fragmentos que ha liberado, ya que podrían convertirse en una amenaza directa o indirectamente.

Y es que, si el propio cohete ya era basura espacial, ahora ha dejado nueva basura espacial en el espacio. Es importante tener estos fragmentos bajo control para prevenir en la medida de lo posible que se produzca el efecto Kessler. Este es un efecto dominó que se daría si unos fragmentos de basura espacial colisionan con objetos artificiales como los satélites, dando lugar aún a más basura espacial y así sucesivamente. Si esto ocurre, podrían verse muy afectadas las telecomunicaciones en la Tierra. Incluso la propia Estación Espacial Internacional podría sufrir las consecuencias. Ya ha tenido que lidiar en alguna ocasión con la basura espacial, por lo que un efecto Kessler podría ponerla contra las cuerdas. 

El cohete ruso recincidente

Esta reciente explosión se ha producido en un motor SOZ ullage, también conocido como cohete ullage. Ocurrió el pasado 15 de abril, aunque se ha dado a conocer esta semana, el pasado 3 de mayo. En cuanto al cohete, se sabe que se lanzó en 2007 para poner en órbita un conjunto de satélites GLONASS, que son el equivalente ruso al GPS estadounidense y el Galileo europeo. 

Este tipo de cohetes tienen un papel fundamental, ya que aceleran poco a poco las naves espaciales, de modo que el combustible desplazado a causa de la microgravedad vuelva a su lugar y lleve a cabo su necesaria función. 

El cohete se usó en 2007 para impulsar una carga de satélites de navegación rusos

El problema es que estos motores no consumen por completo su propio combustible cuando se lanzan. Por eso, una vez que terminan su parte del trabajo, pueden explotar incluso en el periodo de varios años. De hecho, el cohete que acaba de convertirse en nueva basura espacial no es el primero de su tipo que estalla. Según ha explicado en su cuenta de Twitter el astrofísico Jonathan McDowell, se sabe de al menos otros 54 casos.

Cada uno de ellos ha liberado nuevos fragmentos de basura espacial que se encuentran en seguimiento. Actualmente hay 173 bajo revisión, entre ellos los 16 que acaba de dejar este último cohete. No obstante, esos no son todos, pues resulta más difícil seguir los que se encuentran en órbitas más altas. Se sabe que muchos de ellos volverán a entrar en la atmósfera terrestre, pero pueden pasar varios años hasta que eso ocurra, por lo que es importante tener bajo control todos los que sea posible.

Lucha contra la basura espacial

La basura espacial se está convirtiendo en un problema cada vez mayor. De momento no se puede hacer mucho más que vigilarla, como se está haciendo con los fragmentos del cohete que acaba de explotar. No obstante, se deben explorar otras opciones.

Algunas compañías, como la SpaceX de Elon Musk, están probando a usar cohetes reutilizables. Elimina problemas como el de los motores ullage. Pero no está claro hasta qué punto compensa la gran cantidad de satélites que esta empresa está depositando en el espacio y que tarde o temprano pueden convertirse también en basura espacial.

Cuanto más plagado esté el cielo, más probable es que se produzca el temido efecto Kessler. Y si bien durante mucho tiempo este se ha planteado como una simple hipótesis, a medida que la basura espacial aumenta el riesgo se hace más tangible. Ya no se puede hacer nada contra todos esos cohetes que han quedado varados ni contra los satélites o fragmentos de naves inservibles. Pero sí se puede razonar antes de enviar más piezas al espacio hasta qué punto son necesarias y qué consecuencias pueden tener a largo plazo. Visto lo visto, es una reflexión más que necesaria.