La invasión de Rusia a Ucrania está empezando a tener efectos negativos sobre decenas de industrias, incluyendo la automotriz. En especial la movilidad eléctrica, que se está viendo impactada por la escasez de materias primas para la fabricación de componentes claves, como las baterías. Tesla, al ser el mayor fabricante de coches eléctricos serán de los más afectados, sí. Pero definitivamente no serán los únicos.

La situación genera una preocupación sobre le impacto en el corto y largo plazo sobre el precio de componentes para la fabricación de vehículos eléctricos en general. A esto se suma los problemas previos en la cadena de suministros causado tras la pandemia de la COVID-19 y la crisis de semiconductores.

La noticia de que Tesla ha vuelto a subir el precio de sus modelos de gran autonomía —es decir, de baterías de mayor capacidad— ha sido el detonador para entender cómo los fabricantes de coches eléctricos están padeciendo los efectos del enfrentamiento rusoucraniano. Y si bien es cierto que algunos de los desafíos exceden el trasfondo bélico, también es una realidad que se han magnificado por los eventos que son de público conocimiento.

Así, en los últimos días ha ganado especial relevancia lo que sucede con el níquel. Estamos hablando de un metal fundamental para producir las celdas de baterías de alta densidad de energía para coches eléctricos, y que tiene a Rusia como un jugador clave de este mercado. En los últimos días se registró una fuerte presión sobre su precio, al punto tal que la Bolsa de Metales de Londres dejó de comerciarlo cuando su cotización por tonelada superó los 100 mil dólares en Asia.

Ese brutal incremento en su valor no solo se dio como respuesta a la decisión de Vladimir Putin de prohibir la exportación de materias primas, como contrapartida a las sanciones que le impusieron otros países. También tuvo mucho que ver la gran cantidad de ventas en corto y apuestas en contra de el activo; así, al darse una suba inesperada del mismo, los traders debieron salir a comprar más para cubrir su posición, elevando aún más su precio.

¿Qué papel juega Rusia en el mercado de níquel y cómo afecta a los coches eléctricos?

Rusia controla poco más del 9% de la minería mundial de níquel y tiene 7,5 millones de toneladas de este metal en reservas, según publicó recientemente Fortune. Además, South China Morning Post indica que Nornickel, la principal minera rusa, produce alrededor del 20% del suministro global de níquel de clase 1, de máxima pureza. Esta es la variante que se utiliza en las baterías de los coches eléctricos.

En el caso específico de Tesla, en los últimos días se registraron incrementos de precio en dos modelos, las versiones de gran autonomía del Model 3 y Model Y, como así también en la variante Performance de este último. En todos los casos se trata de un aumento de 1.000 dólares y sólamente en el mercado estadounidense.

Horas después de la publicación de este vídeo, el Tesla Model 3 base y de gran autonomía también han subido de precio en España. En el primer caso, unos 2.000 € y en el segundo caso la subida es más significativa, 3.640€, dejándolo fuera del Plan MOVES III.

Y si bien es imposible confirmar una relación directa con lo que está ocurriendo con Rusia y el mercado mundial de níquel, es verdad que el nuevo aumento solo afecta a los coches con baterías que utilizan dicho metal y no a los que incorporan acumuladores de litio-ferrofosfato (LFP) como ocurre con la versión estándar del Model 3.

Pero el níquel no es el único protagonista en las subidas de precios que se están registrando en las materias primas utilizadas en las baterías de los coches eléctricos. El aluminio también ha afrontado varias jornadas de mucha presión sobre su precio desde que inicios de marzo. De hecho, llegó a una cotización récord de 4 mil dólares por tonelada, aunque posteriormente bajó; al momento de la publicación de este artículo, en la Bolsa de Metales de Londres se comerciaba la tonelada por alrededor de $3.500 dólares.

En la actualidad, la firma Rusal, de Rusia, es la principal productora de aluminio fuera de China y representa alrededor del 6% del suministro mundial, que se estimaba en 70 millones de toneladas para este año, antes de que se desatara la guerra. De hecho, a comienzos de marzo la compañía detuvo la producción de la refinería de alúmina Nikolaev, en Ucrania, según publicó Reuters.

Así, la hipotética interrupción a la exportación del níquel y el aluminio ruso podría traer efectos muy negativos a Tesla y los demás fabricantes de coches eléctricos. Es que, de acuerdo con LG Energy Solution, entre el 70 y el 80% del precio de las baterías para estos vehículos corresponde a las materias primas que se utilizan en su fabricación.

Nadie pierde de vista el litio

Foto: Alexander Schimmeck

Si bien en la actualidad buena parte de las miradas de la industria de los coches eléctricos está sobre lo que ocurre entre Rusia y Ucrania, nadie pierde de vista otro problema: el incremento en el precio del litio. Un punto importante a tener en cuenta aquí es que dicha subida no tiene tanto que ver con la guerra en Europa del Este, sino principalmente con la fuerte demanda procedente de China que se ha registrado en las últimas semanas y la escasa oferta de este material.

Sin embargo, la invasión del Kremlin a territorio ucraniano podría empeorar el prospecto para Tesla y demás referentes de la movilidad eléctrica. En la actualidad, Australia es el principal productor mundial de litio, seguido por Chile. Y Sudamérica tiene una injerencia cada vez más importante en este mercado por lo que se conoce como el “triángulo del litio”, que completan Argentina y Bolivia. Según un informe del gobierno argentino publicado en octubre de 2021, en esa región se encuentra alrededor del 65% de los recursos mundiales de este metal.

Por supuesto, esto ha generado un importante interés por parte de las principales compañías del sector de la movilidad eléctrica. Representantes de Tesla se reunirán próximamente con autoridades de la provincia de Catamarca, en el noroeste argentino, para conocer más sobre las operaciones relacionadas al litio que se desarrollan allí. Vale mencionar que Livent, una de las firmas que provee a la compañía de Elon Musk, opera allí y ha comprometido una inversión superior a los mil millones de dólares para triplicar la producción de litio en Argentina.

Ahora bien, Ucrania también se proponía jugar un papel importante en la industria del litio. De hecho, sus planes antes que se desatara la guerra ya eran muy ambiciosos. Según publicó el New York Times a comienzos de marzo, en la región este del país habría unas 500 mil toneladas de óxido de litio. Si dicha estimación es certera, la convertiría en una de las reservas de litio más importantes del mundo.

El dato no habría pasado desapercibido para los grandes jugadores del mercado. A fines del año pasado, el gobierno ucraniano comenzó a subastar permisos de exploración, y las primeras interesadas habrían sido empresas de Australia y China. Se menciona específicamente los casos de European Lithium y Chengxin Lithium, que habrían puesto la mira sobre los depósitos en las regiones de Donetsk y Kirovogrado.

Lógicamente, la guerra de Ucrania ha trastocado cualquier plan que pudiese existir para abordar esta posibilidad. Y esto representa, sin dudas, una oportunidad que Europa no ha podido aprovechar (al menos por ahora), siendo una de las regiones en la que más se ha desarrollado la movilidad eléctrica.

El desafío de Tesla y otras marcas de coches es economizar el acceso a los coches eléctricos

Para lograr que los coches eléctricos tengan una adopción cada vez mayor en todo el mundo, los fabricantes deben lograr que sus modelos sean más baratos. Está claro que es más fácil decirlo que hacerlo, y que la guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido en un obstáculo más para lograrlo.

Si tomamos el caso de Tesla, el reciente aumento en los precios de las versiones de gran autonomía de los Model 3 y Model Y no es un caso aislado. La firma de Elon Musk ha realizado varios incrementos en el valor de venta al público de los citados modelos durante el último año, haciéndolos alrededor de un 20% más caros que en diciembre de 2020.

Dichas subas han sido justificadas en base al impacto de la pandemia de coronavirus y a las dificultades en la línea de suministros. Pero a esto también hay que sumarle la –tal vez temporal– cancelación del Model 2 (Model C), que se esperaba que saliera a la venta por unos 25.000 dólares. Dicho vehículo era la gran esperanza que muchos tenían de que la tecnología de la empresa estadounidense llegue a número mucho más amplio de potenciales usuarios.

Queda claro que no todos los casos son iguales. Rivian, por ejemplo, anunció recientemente aumentos de hasta el 20% para prácticamente todas las reservas de sus vehículos eléctricos. La empresa adujo que la medida se debía a cuestiones inflacionarias, pero no sería del todo cierto. Una exdirectiva denunció que los valores de la pickup R1T y el SUV R1S estaban por debajo de lo que correspondía, pero que los encargados de la compañía optaron por no tomar medidas hasta después de la oferta pública de venta para evitar un efecto negativo sobre el valor de las acciones.

La reacción del público ha sido extremadamente negativa, y eso ha obligado a la compañía a dar marcha atrás. De todos modos, el paso en falso ya ha dejado una marca. Y repito que no estamos hablando de lo mismo que con Tesla, pero sí lo traigo a colación porque siempre existe la posibilidad de que las empresas enmascaren decisiones polémicas detrás de problemáticas de actualidad, para que les sea más fácil salirse con la suya.

Eso no necesariamente significa que todas las compañías actúen de mala fe, ni mucho menos. Pero cuando se habla de un tema tan sensible como la movilidad eléctrica y la masificación del uso de energías limpias, cada determinación tiene un impacto realmente profundo.

Los coches eléctricos representaron un 9% de las ventas globales de automóviles durante el último año, y las perspectivas son muy prometedoras de cara al futuro. De hecho, se espera que la cuota de mercado de este tipo de vehículos esté por encima del 20% para 2030, pero son varios los desafíos a afrontar para conseguirlo; entre tantos, el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania en la provisión y el precio de materias primas claves para su fabricación. Mientras tanto, Tesla y sus rivales deberán seguir trabajando en cómo lograr que el acceso a la movilidad eléctrica sea más asequible.