Podríamos decir que estamos obsesionados con las dietas. Falta poco para que empiece esa época en la que la 'operación bikini' parece una prioridad para estar estupendos con la llegada del verano. Acabamos de pasar por unos meses marcados por una retahíla de artículos sobre los excesos de la Navidad y de las de dietas -algunas de ellas milagro- para compensarlo. En algunas ocasiones hasta podemos poner en peligro nuestra salud por seguirlas. Pero lo cierto es que hay tanta obsesión por las dietas para adelgazar y por tener un cuerpo perfecto -o lo que cada uno entiende por eso- que hasta algunos profesionales recomiendan técnicas para adelgazar que requieren un acompañamiento que luego nunca tiene lugar. Como puede ser el ayuno de 24 horas o el ayuno intermitente. 

En los últimos años se han puesto de moda los ayunos intermitentes, en los que se deja de comer durante un número de horas específico. Las modalidades son varias; por ejemplo, uno de los tipos es ayunar durante 16 horas dos días a la semana. Las evidencias científicas sobre su efectividad dentro de una dieta son ambiguas. Por un lado, algunos estudios apuntan a que el ayuno puede tener beneficios para el metabolismo, pero la conclusión de la mayoría de expertos y estudios es que no hay las suficientes evidencias para poder tener una opinión concluyente. Sin embargo, todos coinciden en que en la mayoría de los casos se debe de llevar a cabo bajo supervisión médica. 

En la teoría debería ser así, aunque algunos médicos parecen haberse subido al carro de la moda del ayuno. En un hospital privado de Madrid, una endocrina recomienda el ayuno de 24 horas como parte de una dieta. Específicamente, para "compensar" alguna comida más copiosa el fin de semana. No explica cómo puede afectar ese ayuno de tantas horas, que puede provocar desde dolores de cabeza, mareos o dificultades para concentrarse. Ni siquiera recomienda llevarlo a cabo en un día con poca actividad, tanto física como laboral. 

En el ayuno todo es pecado-penitencia

Lógicamente, no todos los médicos especialistas actúan de esta manera aunque el peligro de no entender bien cómo funciona un ayuno está a la orden del día. También porque algunas personas empiezan a practicarlo sin ni siquiera haber preguntado antes a un profesional. El nutricionista Juan Revenga apunta que tristemente, "algunos sanitarios con independencia de su título o sin título, se han subido al carro de esta moda".

Revenga explica a Hipertextual que hay muchas modalidades de ayuno y que uno de los grandes peligros es asumirlo como algo de quita y pon. También asumirlo con un carácter milagroso. 

"Puede afectar a la persona porque si ve que no funciona se autoinculpa y se dirá que no es capaz de hacerlo. Eso puede llevar a un efecto rebote en lo que respecta a las ingestas de comida y favorecer el Binge Eating, las comidas con atracones".

Juan Revenga

Además, continúa Revenga, llevar a cabo un ayuno de 24 horas sin estar bien informado sobre el mismo puede desarrollar problemas de conducta alimentaria. El ayuno se basa en el sistema que utiliza la religión de pecado-penitencia y eso nos provoca una sensación de tranquilidad por "compensar" el pecado. "Tenemos posibilidad de redimirnos causandonos un trastorno, dolor, desasosiego que da el ayuno. Eso es antieducador". Al final, concluye el nutricionista, lo importante no es el reloj, sino tomar buenas decisiones alimentarias. 

Los cuerpos cetónicos son la clave...

Algunas instituciones se han pronunciado sobre el ayuno intermitente como tendencia. Por ejemplo, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) explica en una publicación que los posibles beneficios de esta práctica se basan en las fuentes de energía que utiliza nuestro cuerpo. Normalmente, son la glucosa y los ácidos grasos los que hacen esta función para las células. 

Después de las comidas, continúa el artículo, la glucosa se usa como fuente de energía, y la grasa se almacena en el tejido adiposo como triglicéridos. Durante los períodos de ayuno, los triglicéridos se descomponen en ácidos grasos y glicerol, que se usan para la energía. El hígado convierte los ácidos grasos a cuerpos cetónicos, que proporcionan una fuente principal de energía para muchos tejidos, especialmente el cerebro, durante el ayuno.

El cambio de la utilización de glucosa a cuerpos cetónicos puede ser la explicación de los posibles beneficios que algunos estudios apuntan que han tenido personas con obesidad o con hipertensión. "En pacientes con sobrepeso u obesidad parece que el ayuno intermitente pudiera ser tan efectivo y seguro como una dieta de restricción calórica equivalente. En este escenario, los expertos consideran interesante tener en cuenta el posible valor añadido de un plan de ejercicio físico asociado a este tipo de pautas", apunta la SEEN. 

La pregunta está, no obstante, en el equilibrio entre el beneficio que puede tener el ayuno intermitente a corto plazo y la ingesta calórica. Faltan por ver los resultados de esta práctica a largo plazo para poder llevar a cabo este plan de forma constante en el tiempo. Siempre, por supuesto, bajo supervisión médica.  

Hasta ahora, lo único que está claro es que el ayuno, en cualquiera de sus modalidades, no está recomendado para mujeres embarazadas, en lactancia o en personas con trastornos de conducta alimentaria. Para los pacientes con diabetes, se debe realizar un control por parte del médico para analizar cada caso. 

...pero también el problema del ayuno

La nutricionista Marta Tejón apunta a Hipertextual que un aspecto importante a la hora de practicar un ayuno, sobre todo el de 24 horas, es el posible riesgo de hipoglucemia o bajada de azúcar. "Si la persona no está acostumbrada a realizar períodos largos sin ingestas puede generar ese riesgo", alerta. Asimismo, el ayuno puede provocar una falta de concentración, alteraciones del sueño o irritabilidad. 

La SEEN apuntaba a que la obtención de cuerpos cetónicos puede ser una ventaja del ayuno intermitente. Pero también el origen de otro problema. Expliquemos este proceso con más detalle. Generalmente, el organismo obtiene energía a través de las reservas de glucosa adquiridas mediante la dieta. Cuando estas son insuficientes, lo que se hace es oxidar los ácidos grasos que también se han obtenido de los alimentos. Como resultado se obtienen unas moléculas, llamadas cuerpos cetónicos.

Esto es algo totalmente normal, que puede ocurrir cuando pasamos muchas horas sin comer, por ejemplo si tras toda la noche no desayunamos. No es grave siempre que los niveles de cuerpos cetónicos no sean muy altos. En caso de que estén muy elevados, ya sí tenemos un problema, porque, por ejemplo, se altera el pH de la sangre. Esto se llama cetoacidosis.

Es muy raro que se produzcan estos niveles elevados. En diabéticos sí ocurre; ya que, al no tener suficiente insulina, aunque haya glucosa no pueden usarla. Esto se llama cetoacidosis diabética. Si nos pasamos con las horas de ayuno, también podría pasar. Aunque sería con ayunos muy largos. En resumen, los cuerpos cetónicos se producen cuando nuestro cuerpo no puede obtener la energía de la glucosa, bien porque no pueda usarla o bien porque no haya. En bajos niveles no son preocupantes, pero si estos se elevan sí puede llegar a ser muy grave.

Además, añade Marta Tejón, la cetosis puede originar mal aliento porque los cuerpos cetónicos "provocan un olor a manzana podrida característico", explica. "Por tanto las personas que están en cetosis suelen tener la presencia de ese aliento".

Los estudios no son concluyentes

Hasta la fecha se han llevado a cabo varios estudios sobre los efectos y la eficacia del ayuno, especialmente como complemento de una dieta para adelgazar. El ensayo clínico de JAMA Network arrojó que el ayuno en días alternos no tuvo un resultado claro en la pérdida de peso; tampoco una mejoría "en los indicadores de riesgo de enfermedad cardiovascular en comparación con la restricción calórica diaria".

Sin embargo, el estudio sí indicó que el ayuno puede ser menos sostenible a largo plazo en comparación con una dieta de restricción calórica. "Será de interés examinar qué rasgos de comportamiento (por ejemplo, la capacidad de pasar largos períodos sin comer) hacen que el ayuno en días alternos sea más tolerable para algunas personas que para otras", concluye el informe. 

En la misma línea se posicionó el estudio de Academic Oxford, que apunta a que el hambre en días de ayuno no disminuyó, "lo que tal vez indica la improbabilidad de continuar con esta dieta durante largos períodos de tiempo". Y recomienda que añadir una comida pequeña en un día de ayuno puede hacer que este enfoque de restricción dietética sea más aceptable.

Cada persona es un mundo y un tipo de ayuno

Al final, como en casi todo en esta vida, cada persona es diferente. Y la dieta que puede ser perfecta para una persona puede no serlo para otra. No es necesario demonizar el ayuno, sea intermitente o de 24 horas. Puede ser beneficioso. Pero siempre debería ir acompañado de un seguimiento médico. Lo más peligroso del ayuno no es el ayuno en sí, sino que se ha convertido en una moda que provoca que muchas personas empiecen a practicarlo a las bravas.

El ayuno, sobre todo el de 24 horas, implica unos riesgos de salud que como mínimo requieren un seguimiento por parte de un profesional. Que se ponga de moda puede ayudar a dar a conocer este sistema que puede ayudar a algunos. Pero también que se empiece a practicar sin conocimiento y que se inicie una dieta poco saludable . Y, peor todavía, que algunos endocrinos y nutricionistas lo recomiendan a sus pacientes sin tener en cuenta su tolerancia a los ayunos, si existe un trastorno de la conducta alimentaria o un estado de salud que puede empeorar si deja de comer durante 24 horas.