La trilogía literaria de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien es una de las obras fundacionales de la literatura fantástica. También uno de los universos ficticios más complejos, ricos y detallados de la historia. Con idioma, mitología y geografía propia, es una obra que abarca desde lo religioso hasta lo filosófico. Y de hecho, crea una percepción conjunta de una serie de elementos que sostienen la narración hasta en sus menores detalles. 

Tolkien dedicó un considerable esfuerzo a contar una reinvención del recorrido del héroe, y a dotar a cada punto de una profundidad asombrosa. El resultado es un fenómeno generacional que se ha convertido en punto de encuentro para lectores de todas las edades. Además, claro, de generaciones de fans que profesan una más que merecida devoción al texto de El Señor de los Anillos

Ahora bien, durante décadas la gran pregunta lógica fue cómo llevar semejante historia al cine. ¿Había una forma de lograr narrar en el cine toda su belleza, poder y conmovedora elegancia uno de los textos más venerados de la historia? Para hacerlo se requería de los recursos técnicos y de la capacidad visual de trasladar a la Tierra Media a una adaptación fiel. ¿Podría llegarse a un nivel de virtuosismo semejante con El Señor de los Anillos? Hasta 1978, la pregunta careció de respuesta. 

Los primeros intentos de recorrer la Tierra Media 

En 1978, el director Ralph Bakshi dirigió y produjo la película animada J. R. R. Tolkien’s The Lord of the Rings. Se trata de una adaptación parcial que narra los eventos de los libros La comunidad del Anillo y la primera mitad de Las Dos Torres. Bakshi se esforzó porque la película, que utilizaba el rotoscopio para la la animación, fuera una mirada general al universo literario. Pero a pesar de las buenas críticas generales, el film se enfrentó a varios problemas.

Para comenzar, esa versión de El Señor de los Anillos se trataba de una obra incompleta. El guion deja entrever el final de la confrontación contra Sauron, pero debido a problemas de producción la película no pudo completarse. A eso habría que añadir que el guion se tomó todo tipo de libertades y una mirada libre sobre la obra de Tolkien.

El resultado fue un primer intento atinado, pero que careció de la elegancia y la profundidad de la obra original. La pregunta volvió a ser si era posible trasladar toda la sustancia del mundo de Tolkien a otros lenguajes. Después de todo, no se trataba solo de resumir los puntos de una historia densa. También había que construir todo un universo alrededor de la premisa de El Señor de los Anillos. Si en animación había sido complicado, ¿qué podría esperarse para un futuro proyecto con actores de carne y hueso?

Pero a pesar de sus fallas, la película hizo algo más. Asombrar y desconcertar a Peter Jackson, que desde entonces se obsesionó con la posibilidad de adaptar la obra. Un proyecto de largo aliento que, décadas después, llegaría a buen puerto con una trilogía extraordinaria que marcó hito en el cine.

De camino hacia el Mordor de El Señor de los Anillos

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New Line

Para Jackson, la película de El Señor de los Anillos de Bakshi fue toda una revelación. Le mostró la envergadura del universo Tolkien, y le mostró las posibilidades de una adaptación. Una que hiciera un recorrido por cada uno de los territorios mágicos que el film animado apenas podía mostrar. Años después, Jackson afirmaría que comprender las posibilidades de la historia de Tolkien en el cine grande “le obsesionaron”. De hecho, el director confesó que leer los libros a la luz de la posibilidad de traducir las imágenes en pantalla fue “una experiencia inolvidable”. 

En 1995, el director y su esposa y productora de los films Fran Walsh, comenzaron a evaluar la posibilidad de un proyecto semejante. Eso incluía, por supuesto, negociar con la familia Tolkien, un proceso largo y complicado que cambió la historia de la adaptación. Debido a un problema de derechos, y para evitarse un largo trayecto legal, Jackson renunció a la posibilidad de adaptar El Hobbit. De modo que lo primero que llegaría a la pantalla sería la trilogía que narra la historia de Frodo Bolsón en El Señor de los Anillos.

Pero los problemas no terminaron ahí. Después del forcejeo con los herederos de Tolkien, llegó el momento de negociar con los estudios y la producción. Jackson explicó su plan de una trilogía a MIRAMAX, la primera productora a cargo del proyecto. Pero el costo de 150 millones de dólares les pareció desmesurado para una obra sin garantías de ser un éxito. Jackson fue presionado para reducir la duración de las películas, sintetizar la historia en dos, y al final solo una. El guion se escribió en más de una docena de veces e incluyó cambios significativos en la historia original. Desde Arwen — y no Éowyn — batallando Pelennor hasta Rohan y Gondor siendo un solo reino. Los cambios se volvieron al final insistentes exigencias. 

Jackson se negó y declaró que una historia semejante (y con semejante número de seguidores) debía ser filmada con respetuosa fidelidad. Finalmente, el proyecto pasó a manos de New Line Cinema, que no solo aportó el presupuesto necesario, también apoyó la idea de la trilogía en pantalla. 

Rostros para personajes de leyenda

Después de vencer la considerable resistencia financiera, llegó el turno de escoger a los actores adecuados. Sean Connery rechazó el papel de Gandalf por “no comprenderlo”. Se le ofreció a Nicolas Cage el de Aragorn, que lo rechazó por “obligaciones familiares”. Finalmente, Jackson le ofreció el papel a Viggo Mortensen, quién lo aceptó para complacer a su hijo Henry, un devoto fanático de los libros. 

Por su parte, Jake Gyllenhaal audicionó para Frodo con resultados desastrosos. “La peor audición de todas”, insistiría más tarde. Más extraño resultó la insistencia del estudio por contratar a Ethan Hawke y Uma Thurman para interpretar a Faramir y Éowyn. La pareja, por entonces casada, atravesaba ya las primeras desavenencias en su matrimonio y les rodeaba un incómodo escándalo. 

Aun así, el actor insistió .“Ethan era un gran admirador de los libros y estaba muy interesado en participar. Uma estaba menos segura y con razón, porque estábamos revisando cómo veíamos al personaje de Éowyn literalmente a medida que avanzábamos. Al final, Ethan lo dejó ir con cierta desgana”, contó Jackson en el material adicional de la versión extendida de la trilogía. 

Y al final, el prodigio en pantalla de El Señor de los Anillos

Hace unos días, James Cameron compartió algunas imágenes de la grabación de la secuela de su éxito Avatar 2, largamente retrasada. Y hubo una considerable discusión entre fans sobre si la lenta y aún inacabada producción podría compararse a la de El Señor de los Anillos. Después de todo, ambas son trilogías que involucran adelantos técnicos, una producción formidable y enrevesados procesos de producción. No obstante, la diferencia entre Avatar y la trilogía de El Señor de los Anillos es obvia.

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La obra de Cameron se lleva a cabo a un ritmo lento y se ha transformado a través de su progresivo avance hacia su culminación. Pero la trilogía de El Señor de los Anillos fue un trabajo continuo y que requirió crear un universo entero. Hacerlo además desde lo artesanal y respetando un texto amados por generaciones de fans. Desde el lenguaje élfico — diálogos enteros en Sindarin y Quenya — hasta las vistas de Lothlórien. Se trató de reproducir un universo con sus propias pautas en el cual había poco espacio para la experimentación. La fidelidad resultó asombrosa.

Rodar la trilogía basada en la obra de Tolkien abarcó 483 días de grabación en jornadas interminables de 20 horas o más. La filmación comenzó de manera oficial el 11 de octubre de 1999 y acabó el 22 de noviembre del 2000. Sin embargo, Jackson agregó material adicional inmediatamente después de la filmación.

Fue una grabación ardua que se llevó a cabo en su mayor parte en escenarios naturales y que requirió manufactura artesanal. La mayoría de las tomas centrales fueron creadas a partir de experimentos visuales de escala y luz. También el equipo de producción creó más de 48.000 armaduras, 200 máscaras para diferentes criaturas y 1.800 pares de pies de hobbit. Además del elenco central, Jackson incluyó una multitud de extras para pueblos y ejércitos. Para las últimas escenas de El Retorno del Rey se habían contratado más 2.400 personas para el rodaje.

Pero el esfuerzo valió la pena. Convertida en una obra de arte cinematográfica y en un hito en el cine épico, es también un ejemplo en el mundo de la adaptación. La trilogía de El Señor de los anillos llega a sus veinte años todavía causando sorpresa y maravilla. Pero en especial, conmoviendo a millones de fans de la obra y el libro alrededor del mundo. Quizás, el mejor legado de Peter Jackson.