Los revivals o las continuaciones de una serie de éxito bastante tiempo después de su final siempre son arriesgadas; sobre todo, por lo difícil que resulta reproducir el pulso creativo de la etapa original. Cuando una producción se mantiene una temporada tras otra, el ritmo de trabajo constante con los mismos colaboradores facilita imprimirle un estilo propio y reconocible en cada capítulo. Y cuesta volver a ello tras años de parón. Pero, por fortuna, no es lo que le ha ocurrido a Dexter: New Blood (Clyde Phillips, 2021-2022).

La miniserie secuela sobre nuestro asesino favorito —de nuevo, si nos lo permite Hannibal Lecter— retoma sus elementos constitutivos con gran habilidad. Tal vez le cueste un poco ofrecernos una densidad audiovisual semejante a la de Dexter (James Manos Jr., 2006-2013), pero esta se asoma a menudo, y eso ya nos satisface. Mucho peor les ha ido, por ejemplo, a las temporadas diez y once de la añorada The X-Files (Chris Carter, desde 1993) en ese sentido, así que nos podemos dar con un canto en los dientes por Dexter Morgan (Michael C. Hall).

Unos títulos más jugosos en ‘Dexter: New Blood’

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Quizá haya espectadores que echen de menos a determinados personajes de las otras ocho temporadas, como Ángel Batista (David Zayas), que se asoma un rato en “Runaway” (1x05) igual que el recordado Arthur Mitchell (John Lithgow) en “Skin of Her Teeth” (1x07), Joey Quinn (Desmond Harrington) o incluso Vince Masuka (C. S. Lee), tres de los supervivientes. O la soleada y populosa Miami, tan distinta en tamaño, paisaje y temperatura a la helada Iron Lake. Pero lo que de veras nos falta en Dexter: New Blood son unos títulos como los de la otra serie.

Hay secuencias memorables para acreditar a los principales autores de una ficción televisiva, y la de Dexter es una de ellas sin lugar a dudas. Las imágenes sugerentes de la rutina matutina del forense experto en salpicaduras de sangre, con sus primerísimos planos detallados de objetos y acciones normalitas y el tema musical socarrón compuesto por Rolfe Kent (Election), que apuntan a la violencia que se esconde tras su fachada respetable, nos seducen por completo. Al contrario que el hielo sencillo de Dexter: New Blood, el cual se va viendo más ensangrentado conforme transcurren los episodios.

Unos títulos que son una obra maestra

Que estemos dispuestos a decir que esta secuencia de títulos es una auténtica obra maestra en su ámbito, por todo lo que implica con su composición espléndida, no supone ninguna locura. No en vano, los diseñadores de la misma, Eric S. Anderson y su equipo, fueron galardonados por ella con un Emmy en 2007, el premio más relevante en esta categoría. Después de haberse encargado de las de Nip/Tuck, a golpe de bisturí (Ryan Murphy, 2003-2010) o Entre fantasmas (John Gray, 20005-2010) y antes de subirse al carro de la gran pantalla.

En una entrevista para The Art of the Title, el director creativo contó lo que sigue: “Lindsay Daniels tuvo la idea de una rutina matutina. Recuerdo que ella dijo tímidamente: «¿Qué tal si se prepara por la mañana?». ¡Boom! Eso es. Creo que la idea original era que él hiciera estas cosas normales con violencia, pero eso pronto se convirtió en la idea de recontextualizar las cosas cotidianas normales de una manera siniestra, algo así como la fotografía de la escena del crimen”. Y lograron este hito con “un rodaje muy ambicioso en comparación con su presupuesto”.

Porque Dexter Morgan solo se afeita, hace el desayuno, se viste y se va a trabajar, pero ¡guau! Una expresión que no cuadra para los títulos de Dexter: New Blood por su sencillez y su brevedad. Aunque Clyde Phillips ya avisaba el pasado agosto: “No hemos cerrado por completo la idea de lo que son los nuevos títulos, pero no incorporarán el descaro de lo que teníamos antes, la alegría y la ironía de lo que teníamos antes. El espectador debe esperar que la secuencia de títulos, si es que hay una secuencia, será muy diferente de lo que ha visto antes”. Dicho y hecho.