Un nuevo apocalipsis se cierne sobre nuestros ávidos ojos cinéfilos en la plataforma de Disney Plus, pero no consigue saciarnos como debería. Y: El último hombre (Eliza Clark, desde 2021) se basa en los cómics homónimos del guionista Brian K. Vaughan y la dibujante Pia Guerra (2002-2008), productores ejecutivos aquí.

Igual que la propia showrunner estadounidense, que se metió en esto del cine para interpretar a Courtney Tyler en el capítulo “Panic” (10x13) de Ley y orden (Dick Wolf, 1990-2010), la joven de las cenizas en Rebeldes del swing (Thomas Carter, 1993) o la Daisy del episodio “Journey to the Himalayas” (1x12) de Turno de guardia (Edward Allen Bernero y John Wells, 1999-2005).

Pero ha acabado escribiendo guiones. Por ejemplo, los de dos capítulos de Rubicón (Jason Horwitch, 2010), cuatro de The Killing (Veena Sud, 2011-2014), otro par de Extant (Mickey Fisher, 2014-2015) y once de Animal Kingdom (Jonathan Lisco, desde 2016).

Otros apocalipsis en el recuerdo

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A estas alturas de las historias postapocalípticas, con la veterana franquicia de The Walking Dead (Frank Darabont y Angela Kang, desde 2010) tan presente, agradecemos que Y: El último hombre vaya al grano para presentar la situación del mundo; y con el montaje preciso de esas imágenes limpias y desoladoras. Y, de entrada, no podemos evitar acordarnos de Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007), la tercera adaptación de la novela homónima de Richard Matheson (1954), por la tesitura del protagonista en más de un sentido.

Tampoco de Apocalipsis, la obra de Stephen King (1990) hecha miniserie en dos ocasiones como The Stand (Mick Garris, Josh Boone y Benjamin Cavell, 1994, 2020-2021), por la forma caleidoscópica con que aprovechan el largo flashback sobre lo ocurrido en el pasado reciente para presentar a los distintos personajes de relevancia en el argumento.

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Tal vez se preocupa demasiado al principio por sus movidas personales y no lo que debería por intrigar al público sobre la causa del derrumbe de la civilización en Y: El último hombre, que aparece con pinceladas someras hasta que se produce el estallido definitivo. Pero no podemos quejarnos de que los guionistas se enfoquen la construcción de sus personalidades y dramas internos; que además nos ofrecen ciertos giros imprevistos y unas pocas planificaciones satisfactorias.

‘Y: El último hombre’ no consigue emocionarnos

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Por otro lado, la partitura de la compositora islandesa Herdís Stefánsdóttir (We’re Here), cuya carrera cinematográfica prácticamente está comenzando, es abstracta, minimalista y coral y se encuentra bastante ausente a excepción de determinadas secuencias álgidas. Conque Eliza Clark ha optado por huir de la musicalización machacona o, como mínimo, de la casi omnipresente.

El elenco de Y: El último hombre se porta como es debido, pero nunca deslumbra. Desde Diane Lane (House of Cards), Ben Schnetzer (Pride) y Olivia Thirlby (United 93) como Jennifer, Yorick y Hero Brown, pasando por Marin Ireland (Girls), Amber Tamblyn (House) o Elliot Fletcher (Shameless) en la piel de Nora Brady, Kimberly Campbell Cunningham y Sam Jordan hasta Jennifer Wigmore (Anne with an E), Missi Pyle (Big Fish) o Paris Jefferson (El consejero) como Regina Oliver, Roxanne y Marla.

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Nos genera unas cuantas preguntas en torno al misterioso colapso de Y: El último hombre, lo que incluye tamaña escala y su exactitud milimétrica; y, en especial, respecto a hacia dónde diantres se dirige el relato. Pero ambas cuestiones están relacionadas con otra fundamental: esta serie de FX y Disney Plus necesita que Eliza Clark y su equipo, ante un panorama de espectadores resabiados por la profusión de hecatombes globales en pantalla, justifiquen la misma existencia de la suya; más allá de su premisa, claro.

Porque, de momento, en los episodios que nos han permitido ver, no logra mucha potencia emocional, ni una destacable intensidad dramática ni que nos mordamos las uñas por el enigma sobre el que se sustenta todo, y sus dinámicas apocalípticas ya las hemos visto antes y más elaboradas y verosímiles. Así las cosas, uno solamente puede desear que se ponga las pilas y mejore.