Como cada año Apple fue maestra de ceremonias el pasado martes día 14 para dar a conocer sus nuevos iPhone 13. Aficionados, medios y detractores, juntos en la cita de siempre, en el sitio de siempre.

Junto a ellos llegaron también el Apple Watch Series 7, el iPad mini y el iPad estándar, pero todo intento de robar protagonismo languidece si se comparte tiempo y espacio con la joya de la corona de Cupertino.

Una que llega en esta ocasión con un buen puñado de novedades bajo el brazo que sirven para perfilar lo revelado en la anterior ocasión. Si los iPhone 12 y 12 Pro, con su lavado de cara, representaban lo nuevo; los iPhone 13 y 13 Pro ejemplifican cómo pulir y mejorar lo anterior.

Lo que en tiempos pasado habría sido una generación "S" para Apple, este año queda en un 13 porque de supersticiones le vas a hablar a Tim Cook. La suerte –buena y mala– no entra en la ecuación de un gigante de la tecnología que se mueve por datos y no por casualidades.

Y son precisamente el iPhone 13, su hermano 13 Pro y los mellizos "mini" y "Max", unos en los que la casualidad no está presente. Cada una de sus características tiene un motivo. Una razón. Y si bien son terminales del presente, algunas de sus recientes adiciones nos permiten dibujar también el que será el iPhone del futuro.

Hacia un "todo pantalla" de verdad

La llegada del iPhone X en 2017 fue la revolución esperada para el terminal de Apple. No en vano, en su momento fue presentado por el propio Cook como el terminal que marcaría "la ruta de la tecnología en la próxima década".

Entre lo mucho nuevo que traía, un elemento clave: el notch. Esa marcada sombra en la parte superior en la que se alojan multitud de sensores, acompañados también por una cámara frontal y un altavoz.

Este, además de proporcionar un elemento altamente diferenciador como el reconocimiento por Face ID, eliminaba una característica tan identificable en los iPhone como los marcos superior, inferior y el botón de inicio con Touch ID.

Era la primera aproximación a un iPhone con una experiencia más inmersiva en cuanto a pantalla se refería. Y han tenido que pasar cuatro años para ver la primera modificación de la tan popular "ceja".

Con el iPhone 13 y 13 Pro esta disminuye ligeramente su tamaño. Una reducción mínima, pero suficiente. Suficiente para dejar claro que el objetivo de Apple es hacerlo cuan pequeño se pueda. Hasta hacerlo desaparecer, llegado el día.

Es un asunto poco rebatible que Apple busca conseguir un terminal "todo pantalla" en el sentido más literal de la palabra. Y la reducción del notch es la muestra clara de que en ello anda. El cuándo puede que se haga esperar, pero llegará.

En pos de lo inalámbrico

El iPhone 13 llega con otro detalle particular que revela su ficha de especificaciones. Por vez primera, los terminales de la casa californiana incluirán la posibilidad de alojar una doble SIM virtual.

La posibilidad de añadir una eSIM en el iPhone está presente desde la comercialización del iPhone XS, presentado en 2018. Con ella, Apple daba la posibilidad de tener dos números de teléfono operando de manera simultánea en el terminal (el de la SIM tradicional más el de la eSIM) sin necesidad de hacer espacio para otra tarjeta física.

Y es en este último apunte donde radica el "quid" de la cuestión. Con la doble eSIM del iPhone 13 Pro y 13 estándar, Apple no busca dar la posibilidad de tener 3 líneas de teléfono al mismo tiempo (sumando la SIM física al par virtual), sino de tener dos sin que haga falta tener ninguna tarjeta física alojada en el interior del dispositivo.

Tanto es así, que los iPhone que se adquieran a través un operador de telefonía en Estados Unidos no llevarán SIM física, solo eSIM.

Cada milímetro del interior del iPhone –y de casi cualquier otro smartphone– está cuidadosamente tenido en cuenta para no ser malgastado. La miniaturización de componentes es una parte crítica del diseño, y en un momento en el que la necesidad de incluir cada vez más características es apremiante, todo espacio extra es bienvenido.

Por eso la inclusión de una doble eSIM no es sino una advertencia velada de que, más pronto que tarde, esta será la única forma de añadir nuestra línea de teléfono en un iPhone. Así, Apple podrá suprimir la bandeja SIM del terminal y ganar espacio interior, además de asegurar un mejor sellado ante polvo y agua.

Pero si vamos más allá, la supresión de la bandeja de la SIM tiene aún mayor significancia. Porque se trataría de un movimiento que indicaría de manera clara solo una dirección: la que lleva a un iPhone sin puerto alguno.

Ya el año pasado comenzó a hacerse patente el secreto a voces que era el deseo de la tecnología de hacer un iPhone donde toda conexión fuera inalámbrica. La supresión del cargador en la caja del terminal y la presentación del cargador inalámbrico MagSafe fueron una primera pista. Ahora vemos indicios del siguiente paso. El último acto será desterrar el puerto de carga de forma definitiva.

El iPhone 13 y la función sobre la estética

Hubo un tiempo en el que no había pocos dedos señalando que uno de los deseos de Apple era siempre hacer dispositivos más delgados y ligeros. Le pesase a quien le pesase y costase lo que costase. Estética sobre función.

Fundamentadas o no, son aseveraciones que han ido cayendo en saco roto. Porque si bien el diseño es pilar indiscutible de los terminales que se idean entre los cristales del Apple Park, es posible ver de un tiempo a esta parte, de manera meridiana por su evidente recurrencia, que la función va por delante.

Particularmente, el iPhone 13 y el iPhone 13 Pro hacen más pronunciada la reciente tendencia sostenida de aumentar el peso y grosor de los dispositivos. Del ligero aluminio y las compactas dimensiones del pasado se ha iterado a los más pesados cristal y acero y pantallas de notables pulgadas en los años últimos. Esto incurre en un evidente aumento de las citadas características.

Pero el caso es que los iPhone 13 y 13 Pro, sin ser diferentes en aspecto a sus predecesores, también son más pesados y presentan un mayor grosor. La diferencia no ha pasado inadvertida sobre el papel, siendo un hecho que puede atender a varias razones. Entre ellas, por ejemplo, el uso de componentes diferentes o un aumento de batería del que Apple no ha escatimado en alabanzas.

No es la primera vez que ocurre, y Apple parece encontrarse cómoda en esta tesitura, pudiendo sumar o restar; añadir o quitar, según lo que cada terminal necesite de verdad. Resulta ingenuo creer que aspectos tan troncales como el peso o el grosor no se encuentran entre las prioridades a mejorar cuando se den las condiciones adecuadas, pero lo que sí que parece claro es que cualquier insinuada obsesión por lo liviano y esbelto en extremo no tiene ya cabida.

Cualidades presentes, en definitiva, que nos permiten anticipar los que podrían ser algunos de los pasos futuros de Apple en su división estrella. La hoja de ruta la tienen más que marcada en las entrañas de aquel campus de Cupertino. Cuándo y cómo se hará realidad, y cuáles serán todos los posibles cambios de escenario que lleguen por el camino, aún está por ver. La siguiente cita para despejar incógnitas, la de siempre, dentro de un año. En el sitio de siempre.