Probablemente hayan leído el rumor: el iPhone 12 –y su variante Pro– serán los primeros modelos en la historia de la saga que no incorporarán ni auriculares ni un cargador en la caja del dispositivo. El suceso aún está por confirmar, pero son varias las fuentes que han apuntado en esta dirección durante los últimos días, lo que ha hecho que esta teoría cobre fuerza.

El consenso es que la retirada de los auriculares parece asumible. Sin embargo, la retirada del cargador se ha convertido en un objeto de debate. Por un lado, están los que consideran que un elemento tan básico no puede ausentarse de la caja del teléfono. Y, por otro lado, están los que argumentan que su retirada tiene beneficios ecológicos –los cargadores se traducen en una elevadísima suma de residuos– y, además, afirman que es posible adquirir cargadores compatibles por poco dinero.

El debate, aunque válido, solo representa la punta del iceberg. Cuando Apple hace un movimiento de este estilo, lo suele hacer con una estrategia a futuro. Lo vimos, por ejemplo, con la retirada del jack de auriculares. Esta se produjo de la mano de unos auriculares inalámbricos, los AirPods, que ofrecen una experiencia de uso claramente superior. El debate interesante, por lo tanto, es el siguiente: ¿cuál es la apuesta a largo plazo que justificaría la retirada del cargador en la caja del iPhone?

Un iPhone como palanca de cambio

iPhone 12
Imagen: Vựa Táo.

Una respuesta a dicha pregunta podría ser el rumoreado iPhone sin puertos. Apple siempre ha impulsado el uso de tecnologías inalámbricas. Lo hemos visto con los AirPods, con AirPlay 2, con el sistema de transferencia AirDrop y también con la retirada de puertos en sus ordenadores más populares. Esta ideología, que en muchas ocasiones ha causado polémica, está impresa en el ADN de la compañía. Y el lanzamiento de un iPhone sin puertos, pese a las críticas que traería consigo, supondría la culminación de esa filosofía.

El escenario objetivo sería que todo el mundo invierta en la compra alfombrillas de carga inalámbrica para sus casas. Estas serían universales (Qi) y reutilizables con el paso del tiempo, de forma que cada vez que compres un nuevo producto, puedas utilizar la misma alfombrilla. Salvando las distancias, sería algo parecido a lo que ocurre con las cámaras profesionales. Los fotógrafos compran nuevos cuerpos, pero reutilizan las lentes que han ido adquiriendo con el paso de los años.

El beneficio derivado de este camino sería múltiple: se produciría menos basura –y Apple siempre hace énfasis en este aspecto–, se ahorrarían costes y, además, alcanzaríamos ese futuro plenamente inalámbrico que tan evidente parece. No obstante, para llegar a ese escenario es necesario cambiar las bases de la industria. Y ahí es donde entra en juego el iPhone 12, que sería el primero en no incorporar un cargador en su caja y actuaría como palanca hacia ese futuro.

La idea es la siguiente: ¿necesitas un cargador para el iPhone 12? Si tienes uno compatible, perfecto, puedes utilizarlo sin problemas. Pero si ese no es tu caso, probablemente quieras adquirir un cargador Qi, que además de funcionar con el iPhone 12, también lo hará con los móviles que compres en el futuro (incluso si no son iPhone) y también con algunos de los AirPods más recientes.

Al no entregar una opción gratuita junto al producto, Apple estaría invitando a los consumidores a invertir en un nuevo cargador. Y ya que invierten en uno, ¿por qué no hacerlo en uno inalámbrico en lugar de adquirir uno convencional? El precio de los cargadores Qi ha bajado lo suficiente como para ser una opción viable desde un punto de vista económico. De hecho, en Ikea se pueden encontrar alfombrillas de carga inalámbrica por solo cinco euros.

Algunos argumentan que la retirada del cargador sería más asumible si el iPhone 12 trajese un puerto USB-C, el cual es más universal que el actual Lightning. Pero no podemos perder de vista que la apuesta a largo plazo de Apple es más ambiciosa que controlar los costes o reducir los desechos electrónicos. La idea de fondo es que el iPhone no tenga puertos. Por lo tanto, no sería sensato conducir a todo un ecosistema –fabricantes de accesorios, etc.– hacia un conector que, en el iPhone, solo persistiría durante pocas generaciones. Si haces un cambio tan importante, lo haces pensando en el largo plazo. Y en el caso del iPhone, ese futuro parece pasar por la ausencia de puertos, las tecnologías inalámbricas y los estándares abiertos.

Los obstáculos en el camino

iPhone 12

La idea suena bien, pero no se pueden obviar los obstáculos –mayores y menores– que aún quedan por resolver para alcanzar ese escenario idílico. El primero de ellos es el de la potencia de carga. Por cable, el iPhone recoge una mayor potencia que mediante un cargador inalámbrico, lo que se traduce en tiempos de carga menores. Si el futuro es inalámbrico –y las baterías siguen creciendo en capacidad–, es imprescindible que la transferencia de potencia a través del sistema de inducción sea mayor.

Otro punto a resolver es el de la fiabilidad de los cargadores, que puede influir en la degradación de la batería. Incorporando el cargador en la caja, Apple se asegura de que el cliente utiliza un cargador adecuado. Al prescindir de él, se da rienda suelta a cargadores de terceros que no siempre ofrecerán el mejor funcionamiento. Considerando el énfasis que Apple hace en la durabilidad de sus productos, este es un factor de gran importancia.

Y después tenemos escenarios particulares, como el de los viajes. Un cargador inalámbrico es lo más apropiado para estar en casa o en la oficina. Pero, ¿y si estás de viaje? ¿Y si te encuentras en un avión? ¿Y si estás haciendo turismo y te quedas sin batería? Todos estos escenarios me recuerdan a las críticas que surgieron cuando Apple retiró los puertos USB-A del MacBook Pro (2016). Este movimiento obligó a muchas personas a utilizar adaptadores para poder conectar sus dispositivos antiguos. No obstante, con el paso del tiempo, la situación fue evolucionando con la adopción del USB-C por parte de los fabricantes de accesorios. Con el paso hacia la carga inalámbrica, ocurrirá algo similar: al principio tendrá sus obstáculos, pero, inevitablemente, surgirán las soluciones y, con el paso del tiempo, acabará siendo el paso correcto.