Sabemos que Denis Villeneuve, el cual ya nos había entregado películas tan interesantes como Prisioneros (2013), La llegada (2016) o Blade Runner 2049 (2017), es un enamorado de Dune, la novela publicada por Frank Herbert en 1965. La quiso adaptar el charlatanesco Alejandro Jodorowsky (La montaña sagrada) en 1975, la consiguió trasladar a imágenes en movimiento David Lynch (Carretera perdida) sin demasiado tino en 1984 y, por fin, el director canadiense nos ha proporcionado este 2021 la primera parte de la versión cinematográfica que realmente merecía.

De este modo, sus motivaciones son ofrecernos una perspectiva propia de lo que debiera mostrarnos su traducción fílmica y, además, quitarse el mal sabor de boca que le produjo la aportación del cineasta estadounidense. Y en dicha perspectiva personal cabe, sin embargo, la inspiración de cierta secuencia de Star Wars: Una nueva esperanza (George Lucas, 1977), que es a lo que vamos en este texto.

El poder de la naturaleza en ‘Dune’

Warner Bros.

Para llegar a esa influencia en Dune de una de las patas del cine moderno, la historia de esa galaxia lejanísima y la lucha entre los Caballeros Jedi y los Señores Sith y sus lados de la Fuerza metafísica, Denis Villeneuve reconoce que sus determinadas experiencias de niño son muy relevantes. “Me crié en un pequeño pueblo donde tenía una relación con el horizonte, el río San Lorenzo. Esa línea y ese cielo masivo traen humildad. Eres tan pequeño como un ser humano cuando tienes ese tipo de horizonte a tu alrededor, el poder de la naturaleza”, explica en una entrevista con Vanessa Armstrong para SlashFilm.

Y continúa con estas palabras: “Fui criado también por una abuela que me enseñó a ser hipnotizado todos los días. A ser hipnotizado por la naturaleza, por una flor, por todo... Ella me dijo: «Rezo cada vez que estoy en mi jardín para estar en relación con las plantas y la naturaleza. Si Dios existe, ahí es donde siento su poder». Eso es algo que escuché cuando era niño: una relación verdadera y sagrada con la naturaleza. Es algo que realmente me hipnotizó”.

Conque, durante la preproducción necesaria de Dune, le dijo Denis Villeneuve a su habitual Patrice Vermette [La llegada], que ha realizado un trabajo estupendo con su diseño de producción], y a sus otros colegas: “Chicos, me encantaría que se alejaran lo más posible de Internet, me encantaría que meditaran. Me encantaría que soñaran. Me gustaría que esta película viniera de nuestro interior, no de otras influencias externas, que encontráramos nuestro propio camino en nuestra mente para intentar aportar algo”. Su mirada de la naturaleza, en definitiva.

El desierto de ‘Star Wars’

Lucasfilm

A tenor de esto, Denis Villeneuve admite que “eran muy arrogantes” al pretender semejante originalidad porque “se han hecho muchas películas de ciencia ficción antes” que la suya y, pese a ello, “una de las claves fue la naturaleza, intentar estar lo más cerca posible de la naturaleza”. No debe extrañarnos, por consiguiente, que declarase a Helen O’Hara, de la revista Empire, que le gustaría enamorar a los jóvenes que vean Dune gracias a “los hermosos ecosistemas y la relación única de Herbert con la naturaleza”.

Y es aquí donde nos encontramos con los Jedi y los Atreides, en el desierto de Tatooine y en el de Arrakis: “Cuando vi la primera [película de] Star Wars en 1977, mis escenas favoritas fueron las que se sintieron más naturales”, cuenta Denis Villeneuve a Vanessa Armstrong. “En las que vemos a los droides al principio, había algo sobre la fuerza de la naturaleza”. Y remata: “Me criaron haciendo documentales donde la naturaleza es tu ojo más poderoso y trato de llevar eso a Dune. Curiosamente, intenté hacer una película de ciencia ficción un poco como un documental, usando la naturaleza como un gran aliado en lugar de luchar contra ella”. Y se nota.