Que la segunda parte del episodio doble con el que comienza la última temporada de The Walking Dead (Frank Darabont y Angela Kang, desde 2010) prosiga exactamente donde lo había dejado la anterior es de pura sensatez. Ocuparse sin demora de los cliffhangers, esas tesituras difíciles en las que se quedan los personajes al final de un capítulo, parece lo más lógico; igual que La casa de papel (Álex Pina, desde 2017) en los primeros momentos de su nueva entrega.

Pero el realizador estadounidense Kevin Dowling (The Americans), que también había dirigido “Acheron: Part I” (11x01), no tenía por qué haber decidido empezar con un plano diferente, en el que la cámara se acerca con lentitud a la situación de peligro mortal. Y los guionistas, Jim Barnes (Gotham) y la propia Angela Kang (Terriers), tienen las narices, no solo de no resolverla, sino incluso de dejarnos peor que antes, en una posición aún más comprometida, e ir a los títulos.

Este mecanismo intrigante nos recuerda al que The Walking Dead utiliza, por ejemplo, en “Open Your Eyes” (10x07) con Negan (Jeffrey Dean Morgan); y hasta nos puede retrotraer al uso tramposo del fuera de campo en “Thank You” (6x03) con Glenn Rhee (Steven Yeun), que no podemos achacarle a “Acheron: Part II” (11x02), desde luego, y que es absurdo dado lo que sucede después en “Last Day on Earth” (6x16); aunque no lo sabemos hasta “The Day Will Come When You Won’t Be” (7x01).

Un extraordinario diseño de producción para ‘The Walking Dead’

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No nos sacan pronto de dudas sobre este asunto. En cambio, lo que sigue son algunas referencias sociopolíticas como ya las hay una en el capítulo previo, muy inesperadas en ficciones como esta que no pretenden lanzarnos ningún discurso al respecto. Aquí tampoco lo hacen, en realidad, y solamente sirven para cierta contextualización dramática.

No obstante, en el fondo de todas las organizaciones y dilemas de comportamiento que han surgido a lo largo de The Walking Dead se encuentra la ética política, lo que rige la conducta en sociedad de todos nosotros pese a que esta se haya derrumbado en un apocalipsis zombie; y no existe ninguna escapatoria ideológica o interpretativa para tal circunstancia, lo cual no lo convierte en un valor artístico evaluable.

Por otro lado, continúa la narración con dos focos y grupos de personajes distintos, y el gusto del entorno subterráneo en uno de ellos y la ambientación fabulosa por detallista, responsabilidad de Marek Dobrowolski (The Company), Matthew C. Jacobs (Lost) y Gia Grosso (Un invierno en la playa) en sus departamentos específicos: diseño de producción, dirección de arte y decoración del set de rodaje. Merece la pena decirlo, hablar ahora de su gran trabajo para The Walking Dead, porque no se suele reconocer muy a menudo en recaps como este.

Oportunidades para lucirse, horrores y una nueva amenaza

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Esperamos que los elementos personales descubiertos por Daryl Dixon (Norman Reedus) en “Acheron: Part II” no acaben como chatarra descriptiva y resulten de utilidad en el futuro. Además, Angela Kang y Jim Barnes le brindan una oportunidad estupenda a alguien bastante gris desde “What Comes After” (9x05) hasta ahora para lucirse en sagacidad y elocuencia: la ex abogada Yumiko (Eleanor Matsuura). A su vez, Negan y Eugene Porter (Josh McDermitt) hacen lo propio.

Y nos arrojan momentos terribles que nos traen a la memoria otros de “Spend” (5x14) acerca de Noah (Tyler James Williams), un relato de Maggie Rhee (Lauren Cohan) que, de haberlo puesto en escena, sería de lo más horrible que se ha visto en The Walking Dead, tensa acción zombie con algún travelling muy de agradecer y, como colofón, el contraste obvio de dos encuentros y una nueva amenaza que se desconoce cuánto durará. Ni si las cosas son lo que parecen en los dos focos dramáticos o debemos agarrarnos bien porque nos aguardan curvas.