De entre todas las aproximaciones posibles que se han hecho a la clase de apocalipsis zombie con el que La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) hizo una escuela febril, quizá la mejor sea todavía The Walking Dead (Frank Darabont y Angela Kang, desde 2010), la adaptación homónima de los cómics escritos por Robert Kirkman e ilustrados por Tony Moore y Charlie Adlard (2003-2019).

Un poco por delante de las últimas tres temporadas de su primer spin-off, Fear the Walking Dead (Kirkman y Dave Erickson, desde 2015), y muy por encima del segundo, The Walking Dead: World Beyond (Scott M. Gimple y Matthew Negrete, desde 2020). Pero es bastante habitual oír que la serie madre se arrastra hasta su conclusión precisamente como los seres podridos y renqueantes que mordisquean su terrible mundo distópico.

En realidad, pese a que su nivel descendió de la sexta temporada en adelante, la décima resulta muy digna en su realización y en sus composiciones dramáticas y, si bien se siente que debería haber terminado con el clímax del episodio “A Certain Doom” (10x16), lo cierto es que nos agrada mucho lo que cuentan en “Here’s Negan” (10x22); una historia imprescindible para aquellos a los que su protagonista no les cae gordo desde que los Salvadores fueron derrotados.

Un nuevo director en ‘The Walking Dead’

AMC

Ahora llega la tanda final de capítulos de The Walking Dead. El sugerente plano con el que comienza “Acheron: Part I” (11x01) nos trae a la memoria la película Cielo sobre Berlín (Win Wenders, 1987), y se lo debemos al director estadounidense Kevin Dowling, que nunca se había ocupado de ningún rodaje de la franquicia zombie; no por falta de experiencia televisiva.

Aunque su debut fue en el largometraje Nosotros dos (1994), mano a mano con Geoff Burton y Russell Crowe entre los actores principales, y a pesar de que repitió en La luna del desierto (1996), con Angelina Jolie, Alfred Molina, Peter MacNicol, Danny Aiello o Michael Biehn en el elenco, después se metió de cabeza en la pequeña pantalla, y ha grabado episodios para muchas otras series.

Como Edición anterior (Ian Abrams, Bob Brush y Patrick Q. Page, 1996-2000), Las chicas Gilmore (Amy Sherman-Palladino, 2000-2007), One Tree Hill (Mark Schwahn, 2003-2012), El mentalista (Bruno Heller, 2008-2015), The Americans (Joseph Weisberg, 2013-2018), Bosch (Eric Ellis Overmyer, 2014-2021) o Por trece razones (Brian Yorkey, 2017-2020). Y en este de The Walking Dead se ciñe a lo que propone el libreto de Jim Barnes (Gotham) y la propia Angela Kang (Terriers).

El motor escénico de Negan

AMC

La primera secuencia de “Acheron: Part I”, con su silencio musicalizado que no dura porque la fiesta zombie debe empezar, se beneficia de un ligero espíritu de Misión imposible (Brian de Palma, 1996) y su suspense, y tira de ciertos hilos que plantearon “One More” (10x19) y “Diverged” (10x21). A continuación, se deciden por mostrar un escenario bastante razonable y, por ello, nos sorprende que no lo hayan escogido hasta la presente entrega de The Walking Dead. Y, como ocurre a menudo en esta ficción apocalíptica, el foco dramático se desdobla en dos grupos de personajes.

Así, aumenta la intriga y surge un número mayor de preguntas sobre lo que se van encontrando, de modo que engorda nuestra curiosidad. Y no solamente eso: aquí se aprovechan sin vacilaciones las virtudes como motor escénico de Negan (Jeffrey Dean Morgan), y de esta manera nos regalan lo mejor del capítulo, su enfrentamiento verbal con Maggie Rhee (Lauren Cohan), cuyas raíces provienen de los lejanos y horribles acontecimientos al final de “Last Day on Earth” (6x16).

Que algo semejante sucedería era lógico y los espectadores lo esperaban desde “A Certain Doom” y, sobre todo, “Here’s Negan”, pero ni se nos había pasado por la mente que se produciría tan pronto ni de una forma tan clara en las conversaciones, con los naipes vueltos sobre la mesa. Y, tras un giro inesperado para complicar más las cosas en el otro foco de la trama, nos dejan con un cliffhanger de manual, por completo coherente a la luz del conflicto. En un episodio aceptable, jamás espléndido, que siembra para recoger futuros frutos.