Como El escuadrón suicida (James Gunn, 2021) se titula casi igual que la película de David Ayer (2016) sobre el proyecto de Amanda Waller (Viola Davis) para servirse de habilidosos villanos enchironados en misiones delicadas, pues su única diferencia es el artículo inicial, ha habido muchos comentarios en relación a su estatus dentro del Universo Extendido de DC.

Es decir, existían dudas acerca de si se trataba de una continuación o de un reboot y a cuándo suceden los hechos que nos cuenta. Pero la incertidumbre se acaba gracias a varias alusiones de su metraje. Para empezar, el Capitán Boomerang (Jai Courtney) saluda tanto al coronel Rick Flag (Joel Kinnaman) como a Harley Quinn (Margot Robbie); y si ya se conocen, es por los acontecimientos de Escuadrón suicida.

Un tatuaje importante en ‘El escuadrón suicida’

Warner Bros.

La propia arlequina chiflada dice que la detuvieron y encarcelaron nuevamente por estrellar un automóvil contra una entidad bancaria. El propósito de esto no importa mucho pero, si ese coche es el mismo que le quita a Dinah Lance o Canario Negro (Jurnee Smollett) al final de Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn) [Cathy Yan, 2020], este diálogo, no solo insiste en que El escuadrón suicida constituye una secuela de largo de David Ayer, sino también que se sitúa más tarde en la línea temporal del UEDC.

En una parte significativa, por la misma razón que aporta el tatuaje nuevo que descubrimos en la espalda de la antiheroína de Margot Robbie. Si antes se podía leer en esa zona de su cuerpo: “Propiedad del Joker [Jared Leto]”, ahora pone lo que sigue: “Propiedad de nadie”. El motivo está bien claro: si, en Escuadrón suicida, Harley Quinn es la pareja del archienemigo de Batman, lo que logra desencadenar su evolución en Aves de presa hacia su autonomía como ser humano es que el payaso psicópata la ha dejado tirada y su risueña ex le aborrece. Y de este modo se despejan las incógnitas sobre la película de James Gunn.