El pasado mes de septiembre, la aparición de fosfina en Venus lanzó todo tipo de teorías sobre la posibilidad de que las nubes de este planeta albergasen algún organismo vivo. Los propios autores del hallazgo fueron mucho más cautos que los medios de comunicación o que el público general, recordando que, a pesar de considerarse uno de los ingredientes de la vida, podía estar presente por otros motivos. Pero la ilusión es lo último que se pierde. Por eso, para muchas personas la hipótesis de la vida en Venus siguió encima de la mesa.

Incluso lo hizo después de que un mes más tarde un nuevo estudio alertara que podría ser que ni siquiera existiera tal fosfina. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature ha hecho que la hipótesis finalmente caiga por su propio peso al mostrar que el segundo planeta del sistema solar es demasiado inhóspito, incluso para los organismos adaptados a condiciones extremas.

Dicha publicación se centra en el cálculo de una cifra capaz de determinar si un planeta reúne las condiciones para albergar vida. No solo se centra en Venus. También en otros planetas del sistema solar, e incluso en diferentes capas de la Tierra. Incluso se defiende que sus operaciones podrían servir para determinar si los exoplanetas, ubicados más allá de nuestro sistema planetario, podrían ser susceptibles de alojar organismos vivos. Así, se concretaría mucho más esa búsqueda que tanto obsesiona al ser humano.

En busca de organismos extremófilos

La superficie de Venus se encuentra demasiado caliente para que se considere habitable. No obstante, su capa de nubes más baja, ubicada a una altura de entre 40 y 70 km, sí que tiene un rango de temperatura que podría permitir la vida tal y como la conocemos en la Tierra. 

Estas temperaturas permitirían que hubiese agua en estado líquido. El problema es que no se ha encontrado dicha agua en la superficie. Pero en este estudio que se acaba de publicar, sus autores, procedentes de la NASA y la Queen's University de Belfast, recuerdan que trabajos anteriores muestran la posibilidad de que exista un metabolismo celular activo en las gotitas de agua muy ricas en ácido sulfúrico que se encuentran en las nubes venusianas. Así, al hablar de vida en Venus nos estaríamos refiriendo a organismos extremófilos, adaptados a vivir en un entorno muy extremo, en este caso muy ácido y con muy poca agua disponible.

Todo esto son hipótesis. Para saber si realmente podría haber vida, estos científicos recurrieron al cálculo de un parámetro, conocido como actividad del agua. La cifra se mide del 0 al 1 y equivale a la humedad relativa o disponibilidad de agua en la atmósfera de un planeta. Estudios anteriores de este equipo han demostrado que para que pueda haber vida es necesario que esta cifra sea igual o superior a 0,585. Por lo tanto, necesitaban calcularla, tanto en Venus como en otros planetas.

Se desinfla la posibilidad de vida en Venus

El cálculo de la actividad hídrica no se centra solo en parámetros obvios, como la temperatura o la presión. También tiene en cuenta ciertos parámetros termodinámicos, así como la presencia de sustancias disueltas en el agua. Y aquí el ácido sulfúrico juega un papel determinante, pues se encuentra en tal cantidad que reduce el resultado final hasta 0,004, muy lejos del 0,585 que necesitaríamos para hablar de vida en Venus. Quizás no se pueda negar tajantemente, pero se limita enormemente la posibilidad de que ocurra.

Esto podría parecer decepcionante. No obstante, cuando le preguntaron al respecto durante una rueda de prensa, el autor principal del estudio, John Hallsworth, explicó que en realidad fue emocionante poder realizar los cálculos para dar respuesta a esta pregunta que se ha hecho durante tanto tiempo.

¿Y qué ocurre en otros planetas?

El mismo cálculo realizado para establecer los límites de la vida en Venus puede extrapolarse a otros planetas.

La actividad hídrica en Marte está ligeramente por debajo de lo que se considera habitable

Por ejemplo, estos científicos han comprobado que en Marte la actividad hídrica es de 0,537, por lo que se encuentra ligeramente por debajo de lo aceptable para albergar microorganismos vivos.

En Júpiter, en cambio, hay justo ese 0,585 necesario a temperaturas de entre -10ºC y 40ºC. No obstante, creen que algunas características de la composición de las nubes podrían limitar la habitabilidad. En cuanto a la Tierra, si bien la capa más baja de su atmósfera, llamada troposfera, es totalmente apta para la vida, basta con subir a la segunda, conocida como estratosfera, para encontrar cifras equiparables a las del planeta rojo.

Finalmente, estos investigadores consideran que el cálculo de la actividad del agua podría ser útil para establecer qué exoplanetas son susceptibles de habitabilidad. Y es que ya tenemos más que comprobado que buscar vida más allá de la Tierra es como buscar una aguja en un pajar. Con estos cálculos seguirá siendo todo un reto, pero al menos tendremos algo menos de paja que apartar.