Hemos tenido que esperar al último episodio de WandaVision (Jac Schaeffer, 2021), la serie de Disney Plus con la que comienza la fase siguiente del Universo Cinematográfico de Marvel, para que nos brinden el espectáculo usual de acción. Pero lo primero que nos ofrecen en “The Series Finale” (1x09) es la confirmación oficial de lo que se propone la hechicera Agatha Hankness (Kathryn Hahn), tras haber permanecido en el falso Westview creado por Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen) a partir de su enorme desconsuelo por la muerte de Visión (Paul Bettany) en Avengers: Infinity War (Joe y Anthony Russo, 2018).

Pero no se trata más que de otro ingrediente porque centrarse en los vuelos, las piruetas, las persecuciones y la lucha no es en absoluto lo que se han propuesto con esta ficción televisiva desde su inicio. Maravillarnos con hechos asombrosos de un mundo imposible y con poderes de fantasía y ciencia ficción sí está en la agenda de Jac Schaeffer, Kevin Feige y su equipo siempre. Pero en “The Series Finale”, al contrario que en las entregas anteriores del UCM, no hay ninguna secuencia de acción sostenida. Solo breves escenas con alardes visuales. Y tal circunstancia, por supuesto, tiene sus parte positiva y un pequeño grado de frustración.

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Más elaboración narrativa y menos pescozones

Para los estándares de estas aventuras superheroicas, la intensidad dramática se suele conseguir precisamente manteniendo en alto un minuto tras otro ese tipo de secuencias. Pero deberíamos valorar también con justicia la intención de construir un relato de características semejantes con otros mimbres, ya no solo con una propuesta de formato de sitcom como la de WandaVision, sino además por los procedimientos narrativos para resolver las situaciones que se alejan de la somanta habitual. Con más elocuencia efectiva y no tanto recurrir a la brutalidad de costumbre, y una lógica aplastante respecto a Visión en “The Series Finale”.

Y hay que decir que, al enfocar la intriga en el meollo mágico entre la Bruja Escarlata y Agatha Harkness, resulta más fácil elaborar así el discurso fílmico porque se presta a ello. Los elementos fantásticos de la hechicería eliminan la necesidad de abandonarse al bailoteo de la fuerza bruta con la que se desarrollan muchos desafíos del UCM. Hasta que se zanjan con alguna triquiñuela, eso sí, en múltiples ocasiones; cuando no porque se agudizan las habilidades del superhéroe de turno y supera a su adversario. Y lo bueno es que ambas cosas concurren en el satisfactorio cierre de WandaVision. Sin embelesarnos, no nos equivoquemos.

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Las pequeñas frustraciones y el deber cumplido de 'WandaVision'

Pero esa pequeña frustración a la que nos referíamos más arriba está relacionada igualmente con la tristeza, por un lado, de que no se esconda ninguna otra voluntad tras el misterio de Westview. No es cuestión de que a los espectadores y a los periodistas especializados se nos haya ido la olla con las teorías sobre WandaVision. Lo que pasa es que, más allá de Agatha Harkness y sus intereses con la Bruja Escarlata dichosa o el surgimiento de la Visión Blanca, no nos han planteado nuevos giros fundamentales. Es decir, sabemos de dónde ha salido el fenómeno prácticamente desde “We Interrupt This Program” (1x04).

Sí, hubo que llegar a “Previously On” (1x08) para que nos contaran los detalles acerca del mismo, no difíciles de imaginar de todos modos como bien demuestra cuanto hemos podido escribir y leer en esa línea. Pero no nos hemos topado con ninguna sorpresa esencial sobre el asunto más adelante. Ni con otros viejos amigos que se asoman para saludar, por otro lado, y meternos en el futuro de la cuarta fase del UCM. Por no hablar del bluf de Quicksilver (Evan Peters) o del troleo puñetero. Sea como fuere, la conclusión de WandaVision cumple como espectáculo y como viaje emocional en la medida de sus posibilidades. Y así está bien.