Tal día como hoy, hace un año, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaraba por fin la epidemia de COVID-19 como una pandemia. Hacía ya varios días que se esperaba esta decisión, que finalmente llegó cuando el mundo alcanzó los 118.000 casos de coronavirus. Ahora, con más de 117 millones de infecciones detectadas en todo el globo, llega el momento de echar la vista atrás y pensar en todo lo que ha ocurrido desde aquel 11 de marzo de 2020.

España declaró el estado de alarma solo tres días más tarde, el 14 de marzo. La situación, en un principio enmarcada en Asia, se extendía ya por toda Europa, cebándose inicialmente con Italia. Pero no tardó en recorrer el resto del mundo. El 31 de marzo, México declaraba su propio estado de emergencia y veíamos que la cosa era mucho más seria de lo que se pensó en un principio. Sin embargo, nadie intuía lo que aún estaba por ocurrir. 

Aun así, a día de hoy son muchas las personas que critican las predicciones que se hicieron en aquel momento. Muchos comunicadores y divulgadores científicos hicieron un llamamiento a la calma basado en argumentos que ahora están más que desterrados. La mayoría de ellos se han retractado de aquellas declaraciones, pero siguen recibiendo críticas por este motivo. Ocurre lo mismo con algunos periodistas. Buen ejemplo de ello es el caso de Lorenzo Milá, cuya enérgica opinión sobre la enfermedad fue recibida entre halagos a finales de febrero de 2020, pero muy criticada un año después. ¿Pero realmente podíamos saber lo que estaba por venir? En Hipertextual hemos reunido los testimonios de 7 personas, para saber cómo ha evolucionado su percepción de la pandemia a lo largo de estos 365 días

Una enfermedad lejana

Corría el 31 de diciembre de 2019, cuando se hizo pública la aparición en China de una rara enfermedad. Su origen, al parecer, estaba en un mercado de marisco de la ciudad de Wuhan. Parecía tratarse de un virus que había saltado a los humanos desde alguno de los animales con los que allí se comerciaba, pero nadie sabía cuál.

Un año y dos meses después, conocemos profundamente al virus en cuestión, el coronavirus SARS-CoV-2. Sin embargo, aún no está claro cuál fue esa especie de transición y, de hecho, se piensa que pudo dar el salto mucho antes de lo que se cree, lejos de aquel mercado. La noticia, como es lógico, recorrió el mundo entero, pero fuera de Asia se veía como algo lejano.

Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)

Ester Lázaro es viróloga. Está muy familiarizada con los virus, pero no imaginaba lo que se nos venía encima. “Es curioso, porque la primera vez que oí hablar de que había un nuevo coronavirus circulando en China fue leyendo las noticias de camino a la Universidad Autónoma de Madrid, donde iba a impartir una charla sobre virus emergentes”, cuenta a través de correo electrónico. “Obviamente, comentamos la noticia en clase y todos pensamos que podríamos estar ante una situación similar a la que vivimos con el SARS, a finales de 2002 y principios de 2003. El coronavirus causante del SARS se contuvo con medidas de cuarentena y control de viajeros, así que mi previsión, en esos momentos iniciales, fue que habría unos cuantos casos importados en algunos países que, quizás, podrían dar lugar a pequeñas cadenas de transmisión del virus».

Pero ni de lejos creyó que pudiéramos estar ante los inicios de una pandemia como la que estamos viviendo.

Algo similar le ocurrió a Carlos García, un enfermero especializado en enfermería geriátrica y de empresa. “Me recordó a otras epidemias que surgieron en Asia, como la del SARS”, comenta. “Es más fácil que se den epidemias en zonas muy pobladas, como Asia, por lo que pensé que se quedaría ahí”. 

Empieza el temor por la pandemia de coronavirus

A pesar de que los infectados y las muertes no paraban de aumentar en Asia, seguíamos viéndolo como algo muy lejano.

Tuvo que dar el salto a Europa y América para que comprendiésemos que nos podía dar de lleno. A la periodista científica Valentina Raffio le ocurrió cuando comenzaron a conocerse los casos de Italia. Ella tiene muchos familiares y amigos allí y pronto comenzó a recibir las primeras alertas. “Al principio pasé por una montaña rusa en la que me calmaba, me asustaba, me volvía a calmar y luego entraba en pánico”, narra a Hipertextual. “Pero cuando empecé a recibir desde Italia los primeros audios de alguien que trabaja en un hospital dije: ha dado el salto”.  Fue poco después de comenzar a recibirlos cuando su jefe convocó una reunión de emergencia en la redacción para hablar sobre el tema. Ahí ya tuvo claro que estaba pasando algo gordo.

“En ese momento ya sabía que, si estaban de esa manera, nosotros íbamos a estarlo en breve”

Elena Salamanca, Hospital Virgen Macarena de Sevilla

Algo parecido le pasó a Elena Salamanca, médica especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Virgen Macarena, de Sevilla. “Por medio de algún colega médico de Italia, tenía conocimiento de la barbaridad que estaban sufriendo”, recuerda. “En ese momento ya sabía que, si estaban de esa manera, nosotros íbamos a estarlo en breve”.  Sin embargo, antes de eso, no imaginaba que algo así podría pasar. “Supongo que al no haber vivido nunca nada parecido, te imaginas que todo quedará como con otras enfermedades infecciosas, por las que puntualmente surge una epidemia, pero queda localizada y acaba por controlarse”.

Otras personas, como la estudiante de trabajo social Khady Thiam Fall, albergaron hasta última hora la esperanza de que se solucionara. En su caso, nos cuenta que fue consciente del problemas cuando nos confinaron. “No pensé que fuera a durar mucho. Creí que se encontraría una solución, como una vacuna, pronto”.

El dilema de las mascarillas durante la pandemia

Foto por engin akyurt

Otro de los temas que más han cambiado a lo largo de este año de pandemia ha sido el de las mascarillas. En un principio hubo mucho desconcierto con respecto a su uso. Los consejos de la OMS y de muchos expertos eran que solo se recomendaban para sanitarios o personas muy expuestas. 

Las pocas existencias de las que disponíamos en ese momento volaron de las farmacias. Los pacientes inmunodeprimidos, que ya las usaban con anterioridad, tenían cada vez más difícil encontrarlas y los hospitales rogaban que quien tuviera alguna la donara a sus trabajadores. Puestos a priorizar, estaba claro que eran ellos quienes más las necesitaban. Tampoco se conocía aún la gran importancia de los aerosoles en la transmisión de la enfermedad. Hoy sabemos que aquello fue un error, quizás fundamentado en que aún no se sabía lo suficiente o quizás en que había que intentar a toda costa que las mascarillas llegaran a quiénes más las necesitaban. 

Carlos, por ejemplo, tenía una intuición sobre la necesidad de las mascarillas, pero actualmente no juzga las recomendaciones que se hicieron. “Yo tenía la impresión de que sí eran necesarias”, comenta. “Sin embargo, la intuición no sirve para guiar actos sanitarios”.

Ester, como otras muchas personas, puso toda su confianza en las autoridades sanitarias. “Yo no soy médica, realizo mi trabajo con virus no patógenos, así que en ese tema me fie absolutamente de lo que nos decían las autoridades sanitarias”, aclara. “En esos momentos nos decían que el uso de las mascarillas no era adecuado para la población general o que incluso podría ser contraproducente. Me lo creí porque pensé que una mala manipulación de las mascarillas podría contribuir a extender los contagios si el virus se transmitiera fácilmente por contacto con objetos o superficies contaminadas, cosa que se ha visto después que no es así”.

Este es un claro ejemplo de cómo las recomendaciones cambiaron a medida que lo hizo el conocimiento sobre el virus. Realmente, si hubiese sido tan determinante el contagio por superficies, un mal uso de la mascarilla podría haber sido peligroso. 

Pero hoy sabemos que no es así y hemos visto la importancia de esta medida de protección. Elena Salamanca hace mucho hincapié en ello y, además, recuerda que “aún pasará mucho tiempo para plantearnos dejar de usarlas”.

El papel de los medios de comunicación

Durante todo este tiempo, los medios de comunicación han sido los encargados de poner en conocimiento de la sociedad la evolución de la pandemia. También han tenido el papel de tranquilizar cuando ha sido necesario y hacer una llamada a la atención cuando los ánimos se relajaban demasiado. 

Ese era el papel, supuestamente. Sin embargo, no todos se ajustaron a él. Y esto es algo que no ha pasado desapercibido a la población. Javier Esquivias, por ejemplo, es politólogo y paciente inmunodeprimido. Él opina que “hay medios que han sido comedidos y han informado de lo que ha estado ocurriendo y otros que han buscado el titular, la confrontación y también sembrar el miedo”. 

Valentina, como experta en la materia, opina que “unos han sido de gran ayuda y otros han supuesto un gran problema”. Explica que colocar una sola etiqueta es complicada, porque hay mucha diversidad: 

«El periodismo bueno nos ha ayudado a ver qué está pasando. El periodismo nefasto ha asustado a la población, ha creado polémica, ha crispado y ha dado alas a todo tipo de movimientos perjudiciales». 

Valentina Raffio

Pero mantiene que ha sido y sigue siendo esencial en esta pandemia, ya que muchas personas no tienen tiempo a leer estudios o seguir medios especializados. Por eso, se informan en los noticiarios matinales y otros medios generalistas.

«Muchos están siendo tendenciosos y manipuladores para promover el temor y fomentar la paranoia»

Xavi Martínez, abogado

La población no científica también ha sido consciente de esta dualidad y, en muchos casos, se ha sentido defraudada. Es, por ejemplo, el caso del abogado Xavi Martínez, quien considera que tanto los medios nacionales como internacionales han perdido su imparcialidad con el tiempo. “Muchos están siendo tendenciosos y manipuladores para promover el temor y fomentar la paranoia, pues son el único medio en sus diferentes modalidades que tenemos para buscar la información”.

Al final, el resultado, es que muchas personas pierden su confianza en los medios de comunicación. Es el caso de Khady: “Intento evitar la sobreinformación y leo poco sobre COVID-19, porque un día se dice una cosa y al siguiente otra y ya no sabe uno qué es y qué no es”.

Esto, de hecho, es algo de lo que se ha percatado también Valentina, quien lamenta que posiblemente pase factura al periodismo. “¿Cómo podemos pedirle a la población que confíe en nosotros después de esto?”

Las enseñanzas de la pandemia

Apenas llevábamos uno o dos meses de pandemia cuando ya nos decían una y otra vez que saldríamos mejores de ella. Así podría haber sido. Supuestamente, esta situación debería habernos servido para mirar más por los demás. Al fin y al cabo, no solo nos cuidamos para protegernos nosotros, también para proteger al resto.

También podríamos haber aprendido a empatizar con el sanitario que lleva un año presenciando escenas propias de una pesadilla o con el cajero de supermercado que se expuso desde el primer momento para que no nos faltara levadura ni papel higiénico. ¿Pero realmente hemos mejorado? O, al menos, ¿hemos aprendido algo de esta situación?

Lo cierto es que todos hemos aprendido algo, incluso quienes ya eran expertos en virus, como Ester. “A pesar de haber escrito hace años un libro y de dar numerosas charlas sobre este tema, no era consciente de la extrema vulnerabilidad que tenemos frente a todo lo que esconde la naturaleza”, comenta. “Este virus nos ha hecho muchísimo daño, pero no es un muy letal. Si ha habido muchos muertos ha sido más por su gran capacidad de propagación y la saturación de los hospitales. La próxima vez podemos tener menos suerte”. Ese ha sido su aprendizaje a nivel profesional, pero también ha aprendido en el personal.

«He aprendido que se puede vivir una vida feliz de un modo más tranquilo y haciendo menos caso a los estímulos que nos manda la sociedad de consumo. Lo que es más difícil es no poder ver y abrazar a las personas que quieres. Mi mayor deseo ahora mismo sería poder ver a mi madre aunque fuera a dos metros y con mascarilla». 

Ester Lázaro

Elena se ha centrado en lo que ha visto desde su trabajo. “He aprendido que los bienes que creemos infinitos en el primer mundo en un momento dado pueden escasear, y por supuesto a reafirmar el valor de la salud y del Sistema Sanitario español”.

Khady ha llegado a una conclusión mezcla de las de Ester y Elena. “Creo que, como todos, he aprendido a valorar aún más el sistema sanitario y la investigación”, explica.  “A niveles más sentimentales, que nada es seguro o estable”. 

Otros son algo más pesimistas. Valentina, por ejemplo, admite que no le apetece buscar algo bueno en todo esto. “He podido estirar el chicle de mi capacidad de resistencia, pero no sé si eso se debe ver como algo bueno, porque odio la palabra resiliencia. Por otro lado, no creo que haga falta una pandemia para valorar a la familia o saber que te gusta salir a tomar café”.

“He aprendido que, visto lo visto, si quieres estar protegido debes preocuparte tú de conseguirlo” 

Carlos García, enfermero

Carlos sí cree que ha aprendido algo, pero tampoco lo considera positivo. “He aprendido que, visto lo visto, si quieres estar protegido debes preocuparte tú de conseguirlo. Como dependas de los demás, lo llevas claro”.

Este es el resultado de un año viendo cómo buena parte de la población se salta las normas de seguridad en las calles. Esta es la clave de la moraleja que ha sacado Javier de su situación, aunque lo enfoca de otro modo. “He aprendido a ser paciente, conmigo y con quienes me rodean, y a ser responsable, pues de mis acciones dependo yo y quienes me importan”. 

¿Quién nos sacará de esta?

Foto por CDC en Unsplash

Cuando todo esto empezó, pocas personas pensarían que un año después íbamos a encontrarnos en esta situación. Imaginaríamos que ya se habría acabado. Ahora, tras la bofetada de realidad que todos hemos sufrido es imposible saber cuándo acabará. No obstante, sí podemos pensar qué o quién será responsable de que por fin termine. Y en esto, como en todo, también hay variedad de opiniones

Carlos lo tiene muy claro. “La ciencia y la tecnología son las que hacen avanzar la sociedad”, sentencia. “Por eso, como en todo, será la ciencia la que nos sacará de esta”.

Ester está de acuerdo con él: “Con cada vacuna que se inyecta, no solo se inyecta un estímulo para que el sistema inmunitario pueda vencer al virus, también una gran dosis de esperanza”, señala. “Que podamos disponer del repertorio de vacunas que tenemos ahora mismo es un logro inmenso”.

Elena opina lo mismo y, además, se muestra crítica con la responsabilidad individual y las medidas políticas. “La vacuna nos sacará de esta situación. No confío ya en la responsabilidad de la población ni en los mandos políticos después de la segunda y la tercera ola. Y las que vendrán. Parte de la población se ha relajado mucho, aunque obviamente también hay mucha gente que lo hace bien. Sin embargo, los que estamos en la primera línea sufriendo la tragedia a diario no hemos tenido respiro y es muy frustrante vivir lo que estamos viviendo dentro de los hospitales y luego salir del trabajo y ver lo que ocurre en la calle”.

Pero la población también confía en ellos. Es el caso de Xavi. “Definitivamente los que nos sacarán adelante serán los científicos y el personal sanitario con su gran labor”.

La ciencia, por lo tanto, es una clara ganadora, aunque también hay quien confía en la responsabilidad de las personas. Es el caso de Khady. “Creo que de esta nos sacarán la responsabilidad individual y el paso del tiempo”. La suya es muy similar a la respuesta de Javier, que comenta que, al no ver un final a corto plazo, cree que serán “la paciencia y la gente responsable” quienes terminen con esta situación.

Valentina, por su parte, d9irige sus esperanzas tanto a la ciencia como a la población. “Solo las vacunas acabarán con esto. Es lo único que tenemos para erradicar la pandemia. Pero también lo harán la empatía y la solidaridad de las personas que estén concienciadas para cumplir con las medidas”.

Lo único que se podía saber con certeza

A veces odiamos al virus, otras a los medios de comunicación, incluso hay quien llega a odiar la ciencia

Cuando empezó la pandemia no se podían saber con certeza todas las vías de contagio del virus. Tampoco cuáles serían las mejores medidas para contenerlo. Nadie imaginaba que viviríamos la pesadilla en la que estamos inmersos. Y, quizás, quien lo imaginó fue por mostrarse siempre catastrofista. Si siempre apuestas al negro, alguna vez ganarás. Si siempre apuestas a la catástrofe, desgraciadamente, llegará el día en el que acertarás.

Hay muchas cosas que se podían intuir, pero no saber. Tras 365 días estamos hastiados, enfadados, tristes… A veces odiamos al virus, otras a los medios de comunicación, incluso hay quien llega a odiar la ciencia. Odiamos todo con lo que se nos ha bombardeado en el que para muchos ya es el peor año de sus vidas. 

Si alguien nos hubiese dicho aquel 11 de marzo que un año después lamentaríamos 2’5 millones de muertos nos hubiese recorrido un escalofrío

Sin embargo, hay algo bueno que podemos sacar de todo esto. Hemos aprendido cómo funciona la ciencia. Eso puede desesperarnos, porque está siendo más lenta de lo que nos gustaría. Pero más rápida que en toda su historia. Estamos presenciando un momento único y no solo porque nos haya tocado vivir la mayor pandemia del último siglo. También porque estamos asistiendo al mayor logro científico de todos los tiempos.

Si alguien nos hubiese dicho aquel 11 de marzo que un año después lamentaríamos 2’5 millones de muertos nos hubiese recorrido un escalofrío. Pero si a cualquier científico le hubiesen contado que hoy tendríamos en circulación seis vacunas y otras muchas a punto de salir, hubiese creído que era mentira. 

Por eso, más que lamentarnos porque hace un año nadie predijo lo que no se podía saber, deberíamos centrarnos en lo extraordinario. Lo ha explicado también Ester Lázaro.

La ciencia progresa así: muchos pequeños pasos, aparentemente insignificantes, pero que generan el conocimiento necesario para, en ciertos momentos, poder alcanzar grandes logros».

Ester Lázaro

Quedémonos con que hemos sido testigos de uno de esos logros. Y esforcémonos este tiempo que todavía queda de pandemia para que el mayor número posible de personas puedan vivir para contarlo. 

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