El pasado mes de noviembre, varios trabajadores y compradores de un mercado de marisco de la ciudad china de Wuhan comenzaron a caer enfermos, la mayoría de ellos con una neumonía que parecía de origen vírico, pero no se correspondía con ninguno de los virus conocidos hasta el momento. No se sabe exactamente quién fue el primer enfermo, aunque se sospecha que se trata de un hombre de 55 años, natural de esa localidad.

Tampoco se sabe cómo pudo contagiarse. Debió ser por contacto con alguno de los animales que se vendían en el mercado, aunque no está muy claro cuál. Con el tiempo, la enfermedad se ha expandido por todo el planeta y, poco a poco, ha comenzado a darse a conocer. Ahora sabemos que la causa un coronavirus, el SARS-CoV-2. También conocemos su gran capacidad de contagio, los factores de riesgo y los síntomas que genera, aunque estos pueden variar de unos pacientes a otros. Tenemos test que ayudan a diagnosticarla y, gracias a la secuenciación de su genoma, muchos científicos ya están trabajando en una vacuna que pueda ayudar a inmunizar a la población en caso de que termine convirtiéndose en un virus estacional. Incluso hay numerosos ensayos clínicos dedicados a comprobar los efectos de un gran número de fármacos sobre los enfermos.

Sabemos mucho, pero aún no hay información segura sobre cómo llegó hasta nosotros. Los estudios llevados a cabo hasta el momento establecen que el virus se originó en los murciélagos, pero no determinan si pudo pasar directamente de estos mamíferos voladores hacia los humanos o si hubo una especie de transición. Se ha hablado de numerosas opciones, de serpientes a pangolines, y han sido precisamente estos últimos los que más tiempo han permanecido en el punto de mira, aunque finalmente se demostrara que no podía ser. Ahora, un nuevo estudio establece que, efectivamente, posiblemente no fue un pangolín el que ayudó al virus saltar hacia los humanos, pero que de cara a un futuro deberíamos prestar atención a su comercio ilegal, pues no sería nada raro que sí que terminaran protagonizando una historia similar a esta.

Análisis de contrabando

Los pangolines son animales muy codiciados en el mercado negro, tanto por su carne como por los supuestos poderes curativos de sus escamas. Ni qué decir tiene que no hay absolutamente ninguna evidencia científica de que esto sea real, pero eso no impide que siga habiendo muchas personas dispuestas a comprarlo y otras tantas deseosas de ganar dinero a su costa.

Por eso se puso el foco en estos animales en un principio. Es cierto que la gastronomía asiática incluye muchas veces los murciélagos en sus platos, pero no hay constancia de que estos animales se comercializaran en el mercado de Wuhan, que ya se encontraba desmantelado cuando se dio a conocer el brote. Sin embargo, sí que las hay de la presencia de los pangolines.

Con el fin de comprobar cómo de posible hubiese sido este escenario, un equipo de científicos provenientes de la Universidad de Sydney y varios centros de investigación ha analizado los cadáveres de 18 pangolines malayos (Manis javanica) incautados en 2017 en la frontera de China con Vietnam, así como de otros 13 ejemplares requisados en otras zonas del país.

De este modo pudieron comprobar que 6 de las 43 muestras extraídas de los cuerpos contenían ARN procedente de coronavirus con una gran similitud genética al SARS-CoV-2, concretamente de un 85’5% a un 92’4%. Además, vieron que buena parte de esa similitud englobaba a las secuencias codificantes de las proteínas de unión a las células el hospedador. Es muy relevante, aunque en ningún caso se acerca al 99% que sería necesario para poder sugerir que la Covid-19 comenzó en los humanos por un salto desde esta especie.

Lo que sí nos indica este estudio, publicado en Nature, es que la historia se puede repetir con un nuevo coronavirus, quién sabe si más o menos grave que este. Por eso, es importante dedicar aún más intención a controlar el flujo de comercialización de estas y otras especies exóticas en el mercado negro. La principal razón es que por nuestra mala cabeza las estamos llevando poco a poco a la extinción. No obstante, si alguien lo quiere ver desde un punto de vista más egoísta, se pueden desencadenar nuevas situaciones tan terribles como la que estamos atravesando. Ambos motivos deberían horrorizarnos; pero, por supuesto, también concienciarnos.