Desde que el pasado mes de enero se dieron a conocer los primeros casos del que entonces era un extraño virus que causaba algunas neumonías en China, sabemos mucho más sobre él. Tenemos información sobre su secuencia genética, su forma de transmisión, sus cada vez más variados síntomas, su tasa de contagio y mucho más. No está tan claro su origen. Parece ser que se sitúa en los murciélagos, aunque posiblemente intervino también una especie de transición. Se ha valorado la posibilidad de que fuera una serpiente o un pangolín, aunque ambas teorías han perdido fuerza con el tiempo.

Lo que sí parece claro es que, fuese el animal que fuese, los primeros enfermos estuvieron en contacto con él en un mercado de mariscos ubicado en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei. ¿Pero y si no fuera así? Según un estudio publicado en Lancet el pasado mes de febrero, el primer paciente informado de COVID-19 fue un hombre de edad avanzada, con alzhéimer, diagnosticado el 1 de diciembre de 2019. Si bien sí que vivía en la ciudad de Wuhan, necesitaba coger cuatro autobuses para desplazarse desde su domicilio hasta el mercado de marisco, cosa que parece poco probable dado el estado avanzado de su enfermedad neurodegenerativa. Otros trabajos sitúan el primer contagio aún más atrás, en noviembre. Tras la publicación de estos estudios, salió otro en Nature, en el que un análisis genético del SARS-CoV-2 lleva a la conclusión de que podría haberse dado circulación no detectada del virus mucho antes de que llegara a aquel mercado. ¿Significa eso que hemos estado equivocados hasta ahora? No se puede saber con seguridad.

Detectives en busca del origen

Aunque el mercado de Wuhan es conocido por la venta de marisco, se sabe que también se venden en él otros animales salvajes no acuáticos.

Ya se había cerrado cuando saltaron las alarmas, por lo que las autoridades sanitarias no pudieron analizar a fondo cuáles eran las especies comercializadas. Esto ha generado un reguero de dudas sobre el origen animal del virus desde el primer día, pero no sobre que ese fuera el lugar exacto.

No obstante, ya en enero, en declaraciones vertidas a Science, una de los autores del estudio de Nature aseguró que se han considerado tres posibles escenarios y que uno de ellos incluye la posibilidad de que un enfermo llevara el virus hasta el mercado y que, una vez allí, se contagiaran todas esas personas consideradas como los primeros infectados.

Sea como sea, lo que no debemos olvidar es que posiblemente, y aunque no lo parezca, este coronavirus que tantos problemas está causando se originó a partir de un problema de seguridad alimentaria. Por eso, en la provincia china de Shenzhen ya han tomado medidas al respecto y han lanzado una nueva legislación, vigente a partir del próximo 1 de mayo, en la que se establecen cuáles son las especies animales aptas para el consumo. Se describe que estas son principalmente los cerdos, el ganado vacuno y ovino, el conejo, el pollo y el marisco y se reitera que se debe evitar la carne de perros, gatos y reptiles como las serpientes o los lagartos.

Para asegurar el cumplimiento de la ley, se ha anunciado que las personas que no la cumplan se enfrentarán a multas muy sustanciosas, de hasta 150.000 yuanes (unos 19.600 euros).

La prohibición del consumo de carne de perro y gato puede parecernos innecesaria en occidente, pero no lo es en ciertas zonas de China, donde cada año mueren aproximadamente 10 millones de perros y 4 millones de gatos con este fin. Algunos son capturados de las calles, pero otros son directamente robados a sus dueños cuando estos se despistan. La población está cada vez más concienciada y, de hecho, más de la mitad de la población de Yulin, famosa por su Festival de la Carne de Perro, desearían que se cancelara este evento. Sin embargo, su venta en el mercado negro sigue siendo muy frecuente.

En cuanto al SARS-CoV-2, estudios recientes, aún sin revisar, apuntan a que los perros son posiblemente malos transmisores de la enfermedad, mientras que los gatos sí podrían hacerlo un poco mejor. No obstante, no se ha llegado a plantear que fueran esa buscada famosa especie de transición.

Pero no por eso esta ley deja de ser una buena noticia para la seguridad alimentaria; ya que a través de la carne de perro sí que se podrían transmitir otros virus tan mortales como el de la rabia.

Esta crisis sanitaria está siendo terrible en muchos sentidos, pero al menos ha servido para que, como consumidores, aprendamos a mantener unas medidas de higiene y seguridad que deberíamos mantener incluso después de que esto pase. Si todo va bien, este virus se irá, pero otros muchos patógenos se quedarán con nosotros. Por eso, debemos lavarnos las manos con regularidad cuando manejamos alimentos, lavar estos correctamente, no mezclar alimentos crudos con alimentos cocinados, cocinar y refrigerar todo adecuadamente y, sobre todo, no comernos lo que no debemos.

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