2020 iba a ser el año del coche eléctrico. La mayoría de grandes fabricantes de combustión lanzaron sus modelos eléctricos, muchos de ellos las primeras toma de contacto de muchas marcas con las baterías. Hasta que llegó la pandemia.

La forzosa falta de movilidad durante gran parte del año golpeó con fuerza todo el mercado, y aunque el segmento eléctrico ha salido mejor parado que las ventas de diésel y gasolina, ahora sabemos que definitivamente la pandemia también ha congelado su fulgurante crecimiento.

Según los datos de ACEA, la asociación de fabricantes europeos, y la base de datos EU-EVs, en España se vendieron durante 2020 17.927 eléctricos puros. Un crecimiento del 79,3% con respecto al año pasado.

El aumento es considerable, y más con las circunstancias traídas por la COVID-19. Pero admite muchos matices. El principal de ellos es que durante los últimos años la tendencia del incremento de coches eléctricos en España ha estado protagonizada por porcentajes fastuosos por el simple hecho de que, en un mercado tan pequeño aún, casi cualquier subida tiende a destacar.

Pero el segundo matiz, y más importante, es que ese imponente 79% de crecimiento queda arrinconado al lado de la subida del 117% en ventas que ha tenido todo el territorio de la Unión. En pocas palabras, España sigue a la cola en el mercado eléctrico y no recorta distancias frente a los países más punteros.

Un aumento del 79% en España frente al 200% de Alemania o Italia

Dejando a un lado el caso de Noruega, que lleva meses donde la venta de eléctricos es superior al 50% del total de coches que vende, en Francia han crecido las ventas un 159%, en Alemania un 206%, y en Italia, un mercado más comparable a España, un 204%.

Los asteriscos positivos lo ponen Eslovenia (+785%) y República Checa (+331%) o Polonia, país aún muy carbonizado pero que aún con todo crece al 147%.

Solo Holanda (+18%) -donde el eléctrico está mucho más asentado- o Portugal (+13%) son asimilables a España.

Y pese a todo, un año bueno para el eléctrico

Aún con todo, las cifras de ventas de eléctricos en el país han sido mucho mejor que la tendencia de todo el sector, donde los coches de combustión han caído un 30%.

Arturo Pérez de Lucía, Director de Aedive y Vicepresidente de Avere, las asociaciones de impulso del coche eléctrico a nivel español y europeo, contaba hace unas semanas a Hipertextual que “el balance es mayoritariamente positivo. A pesar de los efectos del confinamiento y las consecuencias económicas derivadas de la pandemia, las matriculaciones de vehículos eléctricos han seguido creciendo, cuando las matriculaciones de vehículos térmicos han mostrado una tendencia de caída en estos meses. El COVID-19 ha supuesto, entre otras cosas, acelerar el grado de concienciación de los ciudadanos, las empresas y las administraciones respecto a la necesidad de proteger el medio ambiente y eso redunda positivamente en todo aquello ligado a la eficiencia energética, al impulso de las energías renovables, la generación distribuida y el almacenamiento energético y el vehículo eléctrico está en el eje de todas esas estrategias”.

No obstante remarcaba que una de las grandes barreras que quedan por superar. Y especialmente en España, “es aumentar los puntos de carga y sus facilidades, así como explorar posibles ayudas fiscales acordes con la Ley de Cambio Climático”.

El IVA eléctrico o la crisis económica, factores a futuro

En el horizonte queda por ver cómo avanza la política de fomento del coche eléctrico a futuro en España.

Tras meses en los que se ha debatido y rumoreado con nuevas cargas sobre el diésel, e incluso una posible rebaja del IVA eléctrico, lo cierto es que más allá de los planes de ayuda MOVES todo sigue pendiente de unas directrices en firme que en parte están pendientes de la Ley de Cambio Climático aún en tramitación de enmiendas.

España sigue a la cola también en planes de ayudas directas e incentivos a la compra de los eléctricos en contraposición a Europa, según analizábamos hace unos meses en Hipertextual. Mientras, los efectos de la crisis económica de la COVID ya parecen haber mostrado también señales que pueden ir en contra de la electrificación, como el aumento de la venta de coches de segunda mano; más baratos, pero también más contaminantes.

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