La superheroína Wonder Woman, que es como se conoce a la princesa Diana de Temiscira o Diana Prince en el mundo moderno, fue ideada para DC Comics por el psicólogo estadounidense William Moulton Marston en 1941. Pero este origen no imposibilita que sus adaptaciones cinematográficas puedan inspirarse o traernos a la memoria otras historias ajenas a su corpus narrativo principal. Incluso anteriores al mismo como en el caso de Wonder Woman 1984 (Patty Jenkins, 2020). Porque uno presencia las desventuras de su protagonista y, si sabe de él, supone un gran despiste no acordarse de un clásico cuento de terror.

Nos referimos a La pata de mono, una obra escalofriante del británico William Wymark Jacobs (1902). No por su fama merecidísima sino por su gran calidad literaria, los lectores aficionados género no deberían dejar de leerla. Y, cuando la terminen con los ojos como platos y un frío dedo recorriéndoles la espina dorsal, podrán entender tantos homenajes que le han hecho. Como la trama de “The Monkey’s Paw: A Retelling” (3×26), un capítulo un título muy obvio de La hora de Alfred Hitchcock (1962–1965), y “Last Respects” (7×02), otro de Historias de la cripta (Steven Dodd, 1989-1996).

Sin olvidar la estupenda parodia de La pata de mono en el episodio “Treehouse of Horror 2” (3×07) de Los Simpson (Matt Groening, James L. Brooks y Sam Simon, desde 1989). Ni la adaptación libre de “Forever” (5×17), una entrega muy lograda de Buffy, cazavampiros (Josh Whedon, 1996-2003). O lo que ocurre en el capítulo “Something Ricked This Way Comes” (1×09) de Rick y Morty (Dan Harmon y Justin Roiland, desde 2013). Además, Stephen King lo menciona varias veces en su ensayo Danza macabra (1981). Y ha declarado que fue una de las inspiraciones para su lúgubre novela Cementerio de animales (1983).

Warner Bros.

La cuestión es que, tanto el dichoso miembro disecado de un simio como la Piedra de los Sueños de Wonder Woman 1984 conceden deseos mágicamente. A la primera nos la presentaron en el número diecinueve de Justice League of America (Gardner Fox y Mike Sekowsky, 1963). Llamada también Materioptikon, fue obra del malvado Doctor Destiny y convertía en realidad el mundo onírico de su portador. Sin embargo, en el universo subsiguiente a los doce volúmenes de Crisis en Tierras Infinitas (Marv Wolfman, George Pérez, Dick Giordano y Jerry Ordway, 1985-1986), el responsable de su existencia es Sueño.

Este personaje surgió para The Sandman (Neil Gaiman y otros, 1989-2013), una serie de cómics de fantasía oscura y no superheroica. Pero lo que contemplamos en Wonder Woman 1984 difiere por completo de estos antecedentes ilustrados. En la continuación de la película original (Jenkins, 2017), la Piedra de los Sueños fue creada por Dolos, dios de la traición y la travesura. El motivo de que le hayan elegido como villano ausente, como su colega Ares lo es de Wonder Woman, responde al claro propósito de cohesionar la narración específica de Diana Prince. De hacer de sus hazañas un microcosmos propio.

Y, tanto en La pata de mono como en el nuevo filme, el ominoso objeto arrebata cosas muy importantes a quienes cometen la imprudencia de pedirle deseos. Y uno de los mismos es resucitar a alguien amado. Una persona que murió en circunstancias violentas, mucho antes de unas expectativas normales de vida y dejando una ausencia terrible tras de sí. Con una afectación profunda en los que le han sobrevivido y que, en última instancia, se ven obligados a renunciar a semejante deseo. Y, no obstante, Wonder Woman 1984 no resulta tan devastadora pese a estas similitudes como el relato de W. W. Jacobs.

Warner Bros.

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