Los reaccionarios no descansan a la hora de oponerse a cuanto desarrollo social o novedad artística se les ponga por delante. Todos conocemos los ya viejos adagios de que el cine, ciertos tipos de novela o de música y los videojuegos son responsables de malas conductas juveniles, aunque los estudios hayan demostrado lo opuesto una y otra vez y pese a que creer que los chavalines son simples cabezas de chorlito, incapaces de distinguir la ficción de la realidad en una obra narrativa y los personajes positivos de los antagónicos. Y los cómics no han escapado a este asunto, incluyendo los de Wonder Woman.

Fredric Wertham, psiquiatra de origen alemán, “era uno de los muchos especialistas biempensantes que, desde muy pronto, habían estimado peligrosos los comic books para la salud mental de los más pequeños, como ponen de manifiesto artículos suyos escritos ya en 1948 como «The Psychopathology of Comic Books», editado en una publicación especializada, y «Horror in the Nursery», que vio la luz en cambio en la conocida y acreditada revista Collier’s”. Es lo que nos cuenta Elisa McCausland en su interesante ensayo Wonder Woman: El feminismo como superpoder (2017).

Errata Naturae

En el capítulo tres de este texto nos habla del “imprudente ataque” contra la superheroína y “las historietas en su globalidad” que desencadenó este psiquiatra con La seducción de los inocentes (1954), “un libro tremendamente destructivo”, pues “la obsesión de Wertham por vincular la lectura de cómics a psicopatologías de la infancia y la delincuencia juvenil sirvió al objetivo perverso de que muchos colectivos reaccionarios justificasen mayores medidas coercitivas contra los adolescentes del momento”. Si bien “quiso distanciarse de esas tendencias represivas auspiciadas por su libro”.

Unas tendencias que tuvieron como resultado “las audiencias coetaneas concedidas al mundo de la historieta por el subcomité del Senado de los Estados Unidos para el análisis de la delincuencia juvenil”, y hasta “la aplicación prudencial por parte de las editoriales norteamericanas de un código de autocensura, el conocido como Comics Code Authority, que se estableció en el mismo 1954 y al que DC Comics estaría adscrita hasta el último año de su vigencia”, nada menos que 2011, cuando el Universo Cinematográfico de Marvel llevaría cinco películas estrenadas y el de DC no tardaría mucho en empezar.

La comparación que hace Fredric Wertham de los cómics con una plaga que requiere una decidida fumigación es absolutamente asombrosa, y él, según Elisa McCausland, “fumiga a lo largo de las páginas de La seducción de los inocentes todas las historietas imaginables”, que “tacha en su mayoría de crime comics con criterio sesgado”, y “numerosas muestras de novela popular. Y “Wonder Woman no es una excepción”, explica McCausland. “Su cabecera le merece dar incluso un paso más allá” porque, “en su opinión, es tan perjudicial como para encuadrarla en el horror type.

DC

Atentos a la sentencia de Wertham: “Físicamente, este personaje es poderoso, tortura a los hombres, tiene su propio culto de seguidoras… Representa a la mujer cruel, «fálica», de rasgos autoritarios masculinos. Es una figura aterradora para los chicos, y un ideal indeseable para las chicas, lo opuesto exactamente a lo que se supone que éstas desean ser”. Porque, para este psiquiatra reaccionario, “Wonder Woman es un monstruo”, dice Elisa McCausland, “la versión más extrema de la amazona, capaz de convertir en delincuente juvenil a Edith, una adolescente de catorce años en tratamiento”.

Y, por si hay alguna duda sobre qué clase de mujer piensa Fredric Wertham que es válida en vez del “modelo mórbido” de Wonder Woman al que “había sucumbido” Edith, con “las mujeres casi siempre al mismo nivel que el hombre” y “en posiciones de responsabilidad”, constatemos lo que sigue: “… cuando la mujer es protagonista de la cabecera, no forma una familia ni se abandona al amor de madre. Hasta cuando Wonder Woman adopta a una pequeña, se hallan presentes tintes lésbicos”; y es que “en ningún otro tipo de literatura para niños se ha degradado tanto la imagen de la condición femenina”. ¡Rayos y retruécanos, Radiactivo Man!

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