Como todos los espectadores que siguen las entretenidas aventuras del Universo Cinematográfico de Marvel saben muy bien, nuestros superhéroes favoritos idean un ambicioso plan en Avengers: Endgame (Joe y Anthony Russo, 2019) para invertir los efectos terribles del chasquido de Thanos (Josh Brolin) en el último tercio de Infinity War (Hermanos Russo, 2018): a través del Reino Cuántico, retroceden en el tiempo para reunir las Gemas del Infinito, colocarlas en su propio guantelete y chasquear los dedos con él y restablecer así a la mitad de los seres vivos del universo aniquilados.

Durante la batalla contra Loki (Tom Hiddleston) y los Chitauri de Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) se encontraban en Nueva York tres de las Gemas: la del Tiempo la tiene el Anciano (Tilda Swinton) en el Sanctum Sanctorum, la de la Mente, el dios de las travesuras en su cetro, cedida por el Titán Loco, y la del espacio se halla en la Torre Stark porque el doctor Erik Selvig (Stellan Skarsgård), controlado por Loki, la había subido allí para la apertura del portal que trajo al ejército Chitauri en su tentativa de invasión y sometimiento de la Tierra. Deciden viajar a entonces, pues, para conseguirlas.

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Bruce Banner (Mark Ruffalo) convence al Anciano para que le dé la del tiempo, pero solo cuando deduce que Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) había consultado los futuros posibles. Steve Rogers (Chris Evans) engaña a unos agentes de SHIELD con Jasper Sitwell (Maximiliano Hernández) al frente, a los que supimos topos de Hydra en Capitán América: El Soldado de Invierno (Hermanos Russo, 2014), para que accedan a entregarle el cetro alienígena. Y Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Scott Lang (Paul Rudd) tratan de hacerse con el Teseracto, pero su plan se fastidia y Loki huye con la Gema.

Esto último sucede en la planta baja, con el secretario Alexander Pierce (Robert Redford), también de Hydra, oponiéndose a que Thor se lleve el Teseracto y a Loki. “¿Se puede saber a dónde va?”, le pregunta al multimillonario playboy. Y Thor contesta por él: “A comer algo y, luego, a Asgard”. Porque, en la segunda y bastante recordada escena poscréditos de Los Vengadores, se los ve zampándose en absoluto silencio unos kebab o shawarma en un local; mientras que, en la primera, el líder Chitauri, el Otro (Alexis Denisof), informa a Thanos del fracaso estrepitoso de Loki y su propio ejército.

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La escena del restaurante, de medio minuto, fue un añadido posterior a todo lo demás, pues Whedon quiso que la grabaran cuando ya estaban promocionando el filme en su gira para atender a la prensa. Y resulta curioso que Steve Rogers, el Capitán América, no probara bocado con sus compañeros dándole a las mandíbulas ante sus narices. Y es que Chris Evans ya se encontraba rodando Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2016) y su personaje tenía bello facial. De modo que debieron ponerle una prótesis para cubrirlo y, por supuesto, no podía zamparse la shawarma que tanto le apetecía a Tony.

Porque Downey Jr. propuso cambiar el diálogo de otra escena que la motivó: “Mañana no vayamos a trabajar. Descansemos un día”, le dice Tony al Capi, Thor y Hulk. “¿Habéis probado el shawarma? Hay un local de shawarma a unas dos manzanas de aquí. No sé lo que es, pero quiero probarlo”. Y Thor replica: “Aún no hemos terminado”, porque Loki continúa en la Torre Stark. “Y después, un shawarma”, concluye Tony. Y es precisamente lo que hacen en la escena poscréditos, como había sugerido. A esa intención se refiere el asgardiano cuando responde a Pierce, y por ello hay un guiño a la escena en Avengers: Endgame.