Los graves problemas de taquilla de 2019 (uno de los años más complicados para buena parte de los estudios, a excepción de Disney), demostraron a la meca del cine que la fórmula para atraer público a las salas continúa siendo esquiva.

No obstante, la cartelera fue una nutrida combinación de regresos de grandes franquicias y proyectos ambiciosos, pero fue notorio que el interés de la audiencia por los grandes estrenos fue mucho menor que en años anteriores. El fenómeno es más complicado que un eventual desencanto por la noción del cine como entretenimiento: Universal fracasó con dos grandes estrenos que suponían una considerable inversión a juzgar por su elenco y llamativas técnicas visuales.

Se esperaba que Cats de Tom Hooper (adaptación para cine del musical del mismo nombre) captara a buena parte de los fans naturales de la obra de Broadway y a los amantes de los grandes logros técnicos, como lo era la controvertida decisión de convertir digitalmente al multiestelar elenco en gatos de aspecto antropomorfo. Por otro lado, Doctor Dolittle de Stephen Gaghan (Syriana) traía de vuelta al actor Robert Downey Jr. en su primer papel fuera del Universo Cinematográfico de Marvel, además de recrear el colorido mundo de la obra infantil con tecnología de punta. ¿Qué podía salir mal?

En realidad, todo lo que pudo entorpecer y torpedear el triunfo en taquilla de ambos proyectos, sucedió. Una mezcla entre la excesiva confianza del estudio en fórmula y decisiones creativas cuestionables y lo que parece ser un pobre calculo de riesgo que ocasionó no solo dos desastres prácticamente en simultáneo, sino que hace preguntarse a la industria en general qué está ocurriendo en las oficinas de producción que permiten que proyectos notoriamente descabellados (y costosos) lleguen a realizarse.

Hagamos un análisis de los motivos que pueden provocar un gran fracaso taquillero y su repercusión en la forma de hacer negocios en Hollywood.

### Calendarios que llenar, franquicias que crear, la competencia cada vez más feroz

Para los estudios cada vez es más complicado luchar con los notorios cambios en los hábitos de consumo del cine y la televisión, los cuales repercuten de manera directa en las salas de cine.

Mientras que las pequeñas productoras como A24, Annapurna y Blumhouse toman riesgos medidos con producciones baratas que disfrutan de distribución nacional (lo que les permite recuperar la inversión al menos durante el primer mes de proyección), los grandes nombres de la meca del cine deben enfrentar la distribución internacional y las sagas cada vez más complejas y con un fandom más amplio, que termina por convertirse en un reto constante para cualquier estudio.

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De modo que mientras que ejecutivos vanguardistas como Donna Langley intenta que películas Get Out, Straight Outta Compton y Queen & Slim lleguen a la pantalla grande, la realidad es que proyectos semejantes deben enfrentar la oposición de los grandes estudios, cuyo objetivo primario es hacer dinero.

¿Parece duro? Lo es. Se trata de una guerra descarnada contra las nuevas plataformas (cuyo crecimiento y nivel de influencia aumenta de manera exponencial año a año), y también con la percepción inmediata de que la batalla en la gran pantalla se libra con éxitos de temporada que incluyen grandes nombres y la posibilidad de una franquicia. Así que proyectos como Cats se analizan desde la posibilidad de lo sorprendente que podría resultar el experimento y la forma en cómo el público podría responder a la novedad. Además, dentro de la decisión, se incluye desde la venta del soundtrack (que en este caso podría ser un añadido considerable), potencial para versiones televisivas y un largo etc que por supuesto solo son posibilidades antes que los números en taquilla comiencen a funcionar.

Tanto con la película de Hooper como la enésima versión del Doctor Dolittle, se convirtieron en proyectos atractivos gracias a su elenco y, con toda seguridad, aprobadas bajo la percepción que incluso si fracasaban en el mercado doméstico, lo más probable era que el internacional pudiera permitir recuperar la inversión. En ambos en casos se convirtieron en películas (incluso desde sus proyecciones tempranas) inclasificables con las que publico no pudo identificarse. ¿Era Cats un musical? ¿Una película animada? ¿Para adultos o niños? ¿Era el Dolittle de Downey Jr. algo más que un experimento fallido a gran escala?

Al final, ambas películas terminaron en el nada deseable limbo de los films que mezclan de manera poco acertada los géneros, sin posibilidades de redención incluso luego que algún que otro crítico entusiasta realzara su cualidad como extravagancias bien intencionadas.

### Malos números, pésimos cálculos

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Por si todo lo anterior no fuera suficiente, tanto Cats como Doctor Dolittle tuvieron una accidentada producción lo suficientemente publicitada como para convertirse en un peso añadido a la taquilla.

Con retrasos para mejorar los efectos visuales, problemas de calendario y otros tantos inconvenientes, Cats se estrenó el 20 de diciembre de 2019 con una mediocre calificación en Metacritic, que se convirtió rápidamente en una colección de críticas catastróficas a nivel mundial. La taquilla doméstica alcanzó los 26,8 millones de dólares, con apenas 61,8 en todo el mundo, para convertirse así en uno de los fracasos de taquilla más duros de los últimos años.

Por otro lado, Doctor Dolittle no tuvo críticas tan despiadadas, pero si una larga, costosa y desordenada producción (que incluyó cambios de último momento en la sala de edición), que convirtieron su trayecto a la pantalla en una pesadilla de costos.

Al final, la película costó casi el doble de su presupuesto original, lo que además incluyó varias reprogramaciones en calendario que afectaron su rendimiento como producto en esencia familiar. La película tenía como fecha de estreno inicial la primavera de 2019, que se retrasó hasta diciembre de 2019 y luego a enero del 2020, convirtiéndose en el primer debut de un mes tradicionalmente complicado para la taquilla de películas de presupuesto abultado.

En retrospectiva, Doctor Dolittle podría haber sido un estreno de vacaciones o un regalo navideño, porque a pesar de sus variados problemas de argumento tiene todo el atractivo de un espectáculo inofensivo para niños.

Pero al final, su estreno en enero no solo bombardeó esa posibilidad, sino que la hundió en la taquilla discreta y casi siempre bastante pobre de principios de año: desde su llegada a las salas de cine apenas ha logrado una recaudación doméstica de 22 millones en el país y 27,3 millones en el extranjero, lo que lo convierte en un desastre de taquilla considerable, si tomamos en cuenta que su costo rozó los 200 millones de dólares.

### La excesiva confianza en productos en apariencia seguros

Hace unos años, Steven Spielberg rechazó la idea de una adaptación animada de Cats por una razón obvia: carece de argumento. Pero eso no parece ser un problema real para la obra sobre las tablas convertida ya en una de las más exitosas y lucrativas del mundo del espectáculo.

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No obstante, para Spielberg, las abultadas cifras de la versión teatral no fueron suficientes: se trataba de una noción obvia sobre la capacidad de una historia para transitar de un medio a otro sin perder su cualidad exitosa, algo que el veterano director dudo pudiera lograrse con un espectáculo basado en su coreografía y sobre todo, su espléndida selección musical.

Pero para Universal, Tom Hooper era capaz de llevar buen término un proyecto de complicada ejecución: ya lo había hecho con Los Miserables (que también fue un musical) y después, al obtener en Oscar a la Mejor Película por The King’s Speech, una película que en manos menos hábiles habría resultado un panfleto político sin demasiado interés.

Pero Hooper lo convirtió en un interesante recorrido histórico que, además, cautivó a la crítica especializada por su asombrosa fotografía y puesta en escena. ¿El resultado? Una confianza excesiva en que el director podría dar sentido y forma a un argumento esencial disparatado sobre un grupo de gatos que cantan y bailan.

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Algo parecido ocurrió con Doctor Dolittle, una serie de libros infantiles responsable de varios resonantes fracasos taquilleros cinematográficos. En 1967, Richard Fleischer dirigió una versión musical que estuvo a punto de llevar a la bancarrota al estudio Fox y por años, convirtió a la historia en un punto controversial sobre hasta que punto argumentos simples, pero con un fastuoso apartado visual podían funcionar en pantalla.

En 1998, una adaptación más cercana a la comedia con Eddie Murphy a la cabeza tuvo un moderado éxito que se convirtió con rapidez en franquicia doméstica y acabó con películas que fueron directamente al formato de DVD. Finalmente, en 2018, Robert Downey Jr. mostró interés por la historia (de la que es también productor) y el estudio accedió a brindar — otra vez — la oportunidad a la historia para una nueva reinvención en pantalla, en parte confiando en que la figura de su estrella principal — convertido en objeto de culto— pudiera sustentar los notorios problemas que podría suponer la producción.

### Riesgos sin cálculo, una puerta abierta al desastre

Tanto Cats como Doctor Dolittle son proyectos disparatados cuyo máximo reclamo son el talento que incluyen sus créditos y no el argumento en pantalla, lo que se tradujo en desastres financieros de proporciones colosales. En el caso de Cats, un elenco estelar oculto detrás de una batería deficiente de efectos especiales terminó por convertir al film de una curiosidad menor a un fenómeno de estudio sobre las variables que le convirtieron en un fracaso de taquilla de tal proporción que podría amenazar la estabilidad de Universal.

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Por su parte, Doctor Dolittle fue una combinación de malas decisiones que terminó por socavar incluso las posibilidades de cautivar a su público natural: los niños. El marketing se enfocó en mostrar el primer papel de Downey Jr. después de su paso por el Universo Cinematográfico de Marvel, en lugar de mostrar el mundo delirante de animales parlantes que es de hecho, lo más relevante de una película de una simplicidad preocupante.

¿Cómo ocurren semejantes descalabros en una época en que las productoras tienen la posibilidad de llevar precisos estudios de mercado antes de la proyección inicial de sus productos? ¿Qué impulsa a invertir en propuestas que desde el origen no parecen sostener de otra cosa que en variables confusas?

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Todavía no hay respuesta clara para eso, pero es evidente que el mundo del cine está canibalizando sus opciones en medio de una competencia sin parangón contra el resto de los estudios y los rápidos cambios en hábitos de consumo del público. Al final, se trata de algo muy claro: los riesgos que algunas productoras están corriendo sobre proyectos en apariencia seguros, demuestran que la fórmula del éxito en Hollywood está cambiando de forma apresurada.

Tanto y de tal manera, como para que al final, los fracasos taquilleros dejen claro que se ameritan transformaciones estructurales de considerable importancia. ¿Ocurrirán? Está por verse.

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