Warner Bros. anunció hace dos semanas que utilizaría la inteligencia artificial de Cinelytic para darle luz verde a sus proyectos futuros.

La última palabra, por supuesto, la tendrán sus responsables, pero tanto los gustos del público objetivo como la posibilidad de éxito de los filmes que podrían lanzar serán analizados por esta tecnología: la competitividad enorme en el mercado actual del séptimo arte, con el monstruo de las franquicias de Disney, les empuja a ir con pies de plomo a la hora de autorizar nuevas producciones. Ante esto y como el analista Jim Hunter, nos preguntamos si a esta IA le habría parecido bien poner en marcha el Universo Cinematográfico de Marvel.

Y no es ninguna tontería: sus veintitrés películas estrenadas hasta la fecha, a las órdenes del productor bostoniano Kevin Feige, supusieron una inversión de unos 4.500 millones de dólares y han recaudado la friolera de unos 22.500 en las taquillas del mundo entero, es decir, han quintupicado lo invertido con cifras astronómicas. Así que debiera tratarse de una saga que la IA de Warner Bros. aprobaría sin dudarlo, pero no parece que lo hubiera hecho ni por asomo según Hunter. Tal vez porque los datos que manejaría la hubiesen convertido a sus ojos electrónicos en una mala idea similar a La momia (Alex Kurtzman, 2017), el primer intento para reestablecer el Dark Universe de Universal.

universo cinematográfico de marvel
'Iron Man' (2008) | Marvel Studios

La IA debería procesar toda información disponible acerca de los equipos que se reunieron para Iron Man y El increíble Hulk (Jon Favreau, Louis Leterrier, 2008) y del estado del cine sobre superhéroes en aquel entonces. Ninguno de los filmes dirigidos por Favreau eran de acción superlativa ni había sido un gran boom de recaudación, ni Crimen desorganizado (2001), ni Elf (2003) ni Zathura: Una aventura espacial (2005); la primera se limitó a recuperar su presupuesto, no como la tercera, que solamente pudo hundirse y perder el diez por ciento del mismo, y la segunda lo septuplicó pero sin un taquillazo obvio con 221 millones de dólares, mientras el promedio del UCM es de 985.

Por el contrario, Leterrier sí nos había ofrecido tres filmes de acción continua y coreografiada con anterioridad: Transporter (2002), su secuela y Danny the Dog (2005), pero ninguno había conseguido otra cosa que recaudaciones modestas. De las cuarenta y cinco películas en las que había aparecido Robert Downey Jr., cuatro contenían escenas de acción incidental, y solo una estuvo escasamente por encima de los 100 millones de dólares en los cines: Gothika (Mathieu Kassovitz, 2003); y él se había distinguido como una estrella de dramas. Igual que Edward Norton, el penúltimo Bruce Banner, con diecinueve filmes a sus espaldas interpretativas, solo uno de acción y seis con más de 100 millones recaudados.

Eso sí, tanto Downey Jr. como Norton habían sido nominados a los Oscar, el uno por Chaplin (Richard Attenborough, 1992) y el otro por Las dos caras de la verdad (Gregory Hoblit, 1996). Como dos de los cuatro guionistas de Iron Man, Mark Fergus y Hawk Ostby, por Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006). Pero el otro par, Art Marcum y Matt Holloway, no había garrapateado nada relevante. Tampoco el guionista de El increíble Hulk, Zak Penn, y no debido a la inexperiencia en pelis superheroicas, sino porque se había encargado de algunos de los blufs en el género para la crítica especializada, como Elektra o X-Men: La decisión final (Rob Bowman, Brett Ratner, 2006).

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'El increíble Hulk' (2008) | Marvel Studios

El cine de superhéroes estaba de capa caída —nunca mejor dicho— por cómo se evaluó lo que se había debutado en los años anteriores: además de las dos obras de Bowman y Ratner, las salas tuvieron en cartel Los Cuatro Fantásticos (Tim Story, 2005), Superman Returns (Bryan Singer, 2006), Ghost Rider: El motorista fantasma, Spider-Man 3 o Los Cuatro fantásticos y Silver Surfer (Mark Steven Johnson, Sam Raimi, Story, 2007); y la crítica se cruzó de brazos con estos siete filmes seguidos y los espectadores prefirieron destinar menos dinero a tales aventuras. Porque Iron Man y El increíble Hulk aterrizaron antes que El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008).

Con esta tesitura, la de los actores y los cineastas que parecían inoportunos para el UCM, las valoraciones negativas de los críticos sobre las últimas aportaciones al género superheroico y su recaudación en taquilla decreciente por aquella época, tal vez la inteligencia artificial de Warner Bros. juzgaría poco conveniente producir la saga más triunfante de cuantas han pasado por los cines del planeta. Pero Robert Downey Jr. es un perfecto Tony Stark, y el Universo Cinematográfico de Marvel, una gloria del entretenimiento. Y es que, tal como Hunter afirma, “en el complejo mundo de la creatividad, el talento y el arte, el ingenio y el coraje humanos pueden dar sus frutos”. Y no hay duda de que aquí los dieron.