rabia stephen king
– Oct 23, 2019, 17:00 (CET)

El rey y su trono: ¿la obra de Stephen King comienza a resultar aburrida y vacía?

Con la adaptación de Doctor Sueño, dirigida por Mike Flanagan a punto de estrenarse, la del relato corto En La hierba alta recién llegada al catálogo de Netflix y El visitante como el primer gran estreno de enero en HBO y otros tantos proyectos en producción, la obra de Stephen King está en todas partes. ¿Podría llegarse a un punto de saturación? Analicemos lo bueno, lo malo y lo feo de la más reciente oleada terror a lo King.

Que Stephen King sea uno de los mejores escritores del género de terror de la historia nadie lo duda: su repercusión está en todas partes. Buena parte de su obra ya forma parte de la cultura pop de tantas formas que resulta indivisible su manera de contar el miedo contemporáneo de la forma en que lo concebimos en la actualidad. Todas las novelas del escritor tienen una cierta percepción de lo inevitable que las hace familiares, unidas por un hilo conductor que desarrolla un sustrato coherente que las sostiene como conjunto. Incluso antes de que King decidiera unir todas sus historias en la saga The Dark Tower y crear un complejo universo metaficcional, sus narraciones ya analizaban temas semejantes y se extendían como un gran mapa idéntico.

De modo que el universo literario de King —creado durante largos años y con un mimo que se adivina en cada uno de sus relatos y novelas— llegó a la pantalla grande, extendiendo sus alcances entre diversos proyectos y producciones. O al menos, esa parece ser la intención, a medida que las adaptaciones se multiplican y los guionistas batallan por llenar a las películas de referencias y metalenguajes que puedan unirlas unas a otras. Se trata de un fenómeno curioso: The Dark Tower, de Nikolaj Arcel— uno de los proyectos menos exitosos de las adaptaciones King —tiene un buen número de homenajes a varias de sus obras emblemáticas, lo mismo que El Juego de Gerald, de Mike Flanagan, 1922 de Zak Hilditch (ambas en el catálogo de Netflix) , los exitosa duología de It dirigida por Andrés Muschietti, en la que incluso King participa en un pequeño e innecesario cameo, por no hablar de la serie Castle Rock de HULU, que construye a una nueva dimensión el universo del escritor adaptado a diferentes plataformas.

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Al final, todos los proyectos intentan sostenerse sobre el fenómeno de la popularidad del escritor y su prolífico conjunto de obras. Lo cierto es que King está en todos los lugares posibles y diciendo prácticamente lo mismo sobre el miedo: está allí, muy cerca de cómo lo comprendes.

A esa noción sobre el miedo, además hay que añadir el aire localista —tan norteamericano— que en ocasiones convierte la narración —cualquiera de ellas— en una asimilada reflexión sobre la cultura y su trasfondo. Sus novelas están plagadas de banderas de la Unión, discos de vinilo, celebraciones del Cuatro de Julio y grandes nociones sobre la sensibilidad del país. Es justo ese elemento doméstico y costumbrista, lo que permite a King desarrollar un escenario bajo el que cualquiera puede identificarse y que se traslada a pantalla como una versión del terror muy norteamericana.

Se trata de una mirada invariable al miedo que capturó la imaginación de un considerable número de fans durante décadas. Pero también de algo más: King tiene una asombrosa habilidad para crear símbolos de lo terrorífico que resultan efectivos por su sencillez. Un hotel de proporciones colosales, un gato que regresa de la muerte siendo terrorífico, niños y adolescentes con poderes psíquicos... Los escenarios de King son muy parecidos entre sí y funcionan de manera idénticas. Y sus lectores lo aceptan y disfrutan de su mirada sobre el tema.

No obstante, King comienza a enfrentarse a un enemigo que hasta ahora quizás no había tenido del todo en cuenta: el nuevo cine de terror. Mientras las historias de King funcionan a un mismo nivel, toda una nueva generación de directores y guionistas reflexionan sobre el miedo desde una doble lectura que les da un aire casi obsoleto a las obras canónicas del escritor. Films como Its Follows, de David Robert Mitchell, y La Morgue, de André Øvredal, reflexionan sobre lo terrorífico desde un aspecto maduro, interpretativo y misterioso, rasgos que las obras de King han perdido a través del tiempo. Y mientras que el cine y la literatura de terror evoluciona con rapidez, los conceptos y escenarios del escritor parecen tan repetidos, machacados y mostrados en tantas formas distintas que es inevitable preguntarse si llegará a punto de saturación y hastío.

¿Puede ocurrir? Parece improbable que después de casi treinta años de poblar las pesadillas estadounidenses y mundiales de manera recurrente King pudiera llegar a aburrir a su audiencia. Aunque la posibilidad se pondrá a prueba en los próximos años, cuando una nueva colección de sus adaptaciones llegue. ¿Es posible que esa insistente mirada del escritor sobre el horror y que se traslada a la pantalla de manera casi intacta pueda terminar por convertirse en una tediosa y predecible vuelta de tuerca?

Los monstruos bajo la cama del miedo colectivo

No hay que profundizar demasiado para comprender la ubicuidad de King: su fórmula literaria para convertir en superventas incluso relatos menores se trasladó al cine casi de forma intacta. De modo que, a pesar de unos cuantos traspiés, la mayoría de sus adaptaciones forman parte de la historia del cine de género y uno que otro alcanzó el nivel de clásico cinematográfico. Desde la inolvidable Carrie de De Palma, la conmovedora The Shawshank Redemption de Frank Darabont (varias veces considerada una de las mejores películas de la historia) hasta ese tótem del cine de género con toques de autor como lo es El Resplandor de Stanley Kubrik, King brinda al cine un tipo de combinación rentable: la de una obra de calidad que, sin demasiados riesgos, puede convertirse en un éxito inmediato.

Por si eso no fuera suficiente, la mayoría de las obras de King no han sido adaptadas una vez, sino en varias, lo que hace que el público tenga la impresión que cada una de las historias ha sido contada con tanta frecuencia como para que nada sorprenda. En 1977, el escritor anunció que permitiría a los aspirantes a cineastas optar por los derechos de sus obras a cambio de un dólar, con la condición que el film resultante no llegara a la pantalla. Aun así, muchas llegaron en formas de metraje de colección, cortos de horror e, incluso, seriales web que terminaron creando un submundo King de variable calidad. Tal pareciera que es inevitable que la alargada sombra del escritor invada todos los espacios del entretenimiento.

Porque el terror de King no necesita profundizarse demasiado para ser rentable, algo que la mayoría de los autores del género no logra conseguir. A diferencia de reinvenciones de profundo sentido simbólico como las de Robert Eggers y Ari Aster, el material del escritor permite crear un tipo de terror para todas las audiencias y uno, además, con el que resulta fácil conectarse. El payaso asesino, el coche embrujado, las ratas que cobran venganza por el asesinato de una mujer. El argumento es lo suficientemente atractivo como para llenar la sala, pero no tan profundo para alejar al público poco familiarizado con el género.

En la actualidad, esa relación idílica podría estar llegando a su fin y debido quizás, a una razón obvia: King se enfrenta a la revitalización del género y sobre todo, al hecho que en el afán de llenar salas de cine —y catálogos de canales por suscripción— sus obras comienzan a ser productos masivos demasiados parecidos entre sí, con un toque casi genérico. Y mientras obras como The Witch, Midssommar, The Lighthouse replantean el terror y oxigenan el género, esa estandarización del miedo — convertir lo obvio de la obra de King en una colección de elementos idénticos— puede provocar una pequeña debacle inesperada.

Después de todo, a It Chapter Two de Muschietti se le criticó por anticlimática, contener una serie de escenas innecesarias y la reiteración. Aunque de hecho la película fue más fiel al texto original que su predecesora, en la que el director se tomó muchas más libertades creativas y obtuvo un resultado sólido. In the tall Grass, de Vincenzo Natali, supuso una pequeña decepción para los fans, que comentaron en foros y redes sociales que era “muy parecida” a la también levemente decepcionante 1922, estrenada dos años atrás.

Como si no fuera suficiente, el más reciente libro del escritor, El Instituto se convirtió en un best seller y lleva semana entre los más vendidos del mundo editorial norteamericano, algunos críticos se preguntan en voz alta hasta qué punto la conocida historia de niños con poderes psíquicos enfrentándose a misteriosas organizaciones gubernamentales no es un tema ya deglutido en múltiples formas distintas. En algunos casos de forma exitosa, como la serie insigne de Netflix Stranger Things. Para bien o para mal, Stephen King dejó una huella indeleble en la cultura pop, pero seguir sus pasos comienza a ser un poco más complicado de lo que podría esperarse.

El doctor Sueño y otras pesadillas

La controversia es conocida por buena parte de los fans: Stephen King jamás estuvo conforme con la versión de su novela El Resplandor, que llegó en los ochenta. Tanto le desagradó como para que, en una de las pocas ocasiones que expresó en voz alta una opinión sincera sobre una de las múltiples adaptaciones de su obra, confesase no estar del “todo feliz” con lo que el director había hecho. De la versión del mal originario que cobra forma en un hotel monumental del libro, Kubrik llevó a cabo un cuidadoso estudio sobre la locura, la dimensión del miedo y la violencia.

Además, agregó todo tipo de elementos que cambiaron el sentido de la obra en forma radical: las gemelas en el pasillo, el elevador y las oleadas de sangre, Jack Nicholson convirtiéndose en un psicópata lleno de un júbilo festivo por el asesinato, muy distinto a la criatura atormentada que imaginó King, brindaron a la película una atmósfera independiente que no sentó demasiado bien al escritor. Para bien o para mal, el director rompió el pacto invisible entre estudios y el legado en papel de King para crear algo nuevo. Y se convirtió en un éxito por derecho propio.

El experimento de Kubrick, de hecho, permite en la actualidad hacerse algunas preguntas sobre la efectividad de la fórmula King, sobre todo, de cara al estreno de la adaptación de la novela Doctor Sueño dirigida por Mike Flanagan, secuela inmediata de El Resplandor. La historia sigue los pasos de un adulto Danny Torrance, que volverá a enfrentarse contra el mal y el miedo de la misma forma en que lo hizo durante su niñez. Pero en lugar de analizar los detalles extravagantes del libro escrito por King —que incluyen unas extrañas criaturas parecidas a vampiros y una batalla sobrenatural a toda regla— tal parece que Flanagan tomó la decisión de apegarse a la película de Kubrick.

Toda la publicidad de la película es un homenaje a la obra del director y más allá de eso, al clima y a la forma en que analizó el miedo, lo que deja muy claro que la versión que llegará a pantalla está más relacionada con el clásico de lo ochenta que con la novela, que al momento de su publicación recibió críticas por carecer de verdadera originalidad y ser, de nuevo, un recorrido por lo sobrenatural en condiciones muy parecidas a otros tantos relatos de King.

¿Es Doctor Sueño la primera señal que la relación idílica entre el miedo cotidiano y fácilmente consumible del escritor y la pantalla grande comienza a cambiar? Este año, la película Pet Sematary, de Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, llevó de nuevo a la pantalla la historia de uno de los libros más personales y populares de King. Pero al contrario de su versión de los noventa —que es idéntica escena por escena al libro homónima— la nueva adaptación se toma una serie de salvedades que dieron un resultado curiosamente ambiguo y sólido al film, que recibió críticas mixtas pero que, en general, fue alabado por tomarse libertades importantes con el material original. ¿Un indicativo del motivo de lo que podremos esperar de las nuevas adaptaciones del material de King?

Por supuesto, no será un proceso rápido ni tampoco total: la visión sencilla del terror de King —en la que no hay nada ambiguo o replanteamientos sobre el bien y el mal que habita en sus personajes— seguirá atrayendo audiencias justo por lo que lo hace apetecible para Hollywood: lo sencillo que resulta creer que lo maligno proviene de lugares exteriores y no de la oscuridad de la mente humana. Una fórmula que pocas veces el autor ha abandonado y que las adaptaciones basadas en su obra muestran en toda su nítida gloria.