Hoy se cumple un año de la muerte de Stephen Hawking, el genio que fue a nacer el mismo día que Galileo y a morir en el cumpleaños de Einstein, marcando entre ambas fechas un antes y un después en la historia de la ciencia.
Sin duda es conocido por su investigación en el área de la relatividad general y los agujeros negros, al igual que por la lucha que libró durante años contra la esclerosis lateral amiotrófica, que lo tuvo sentado en una silla de ruedas durante prácticamente medio siglo. También es famoso por su trabajo en el área de la divulgación científica, plasmado en obras como Una breve historia del tiempo o Respuestas breves a las grandes preguntas, que se publicó unos meses después de su muerte.

Pero lo que no está tan extendido es que, como buen divulgador científico, Hawking sabía que la ciencia debe ser también atractiva para los niños, especialmente la física, que puede ser muy complicada si no se explica correctamente. Por eso escribió junto a su hija Lucy cinco novelas infantiles, en las que introducía conceptos más o menos complejos de una forma amena y atractiva para el público más joven, quien a su vez puede convertirse en el más exigente.

La aventura de comprender los agujeros negros

Lucy Hawking, la segunda de los tres hijos del físico, estudió francés y ruso en la Universidad de Oxford y más tarde la carrera de periodismo internacional, en la University City de Londres. Ha trabajado como periodista en medios como Daily Mail, The Telegraph o* The Guardian*, pero poco a poco fue abriéndose paso en la que era su gran pasión: la escritura de novelas. Ha publicado títulos de temáticas muy diversas, aunque disfruta especialmente escribiendo literatura infantil, por lo que en 2007 se lanzó junto a su padre con la publicación de La clave secreta del universo, un libro en el que también participó un antiguo estudiante doctoral del físico, Christophe Galfard. La obra trata sobre George, un niño que descubre cómo viajar por el universo a través de un portal abierto en Cosmos, el potente ordenador de su vecino. A lo largo de la obra, se describen de forma amena y sencilla conceptos como el del átomo, las estrellas, los planetas y sus lunas y, por supuesto, los agujeros negros.

La publicación fue un éxito, por lo que solo dos años más tarde salía a la luz un segundo título sobre las aventuras del pequeño George: George y la caza del tesoro cósmico. Esta vez, el chico, que ya se ha familiarizado con Cosmos, decide utilizarlo para viajar por el universo en busca de un increíble tesoro.
El viaje continuó en 2011, con la publicación de George y el Big Bang, en el que el niño se desplaza junto a su amiga Annie y el padre de esta a Suiza, donde conoce el Colisionador de Partículas, en el que científicos de todo el mundo están desarrollando un experimento para explorar los primeros instantes del Big Bang. Todo va genial hasta que los dos amigos descubren un plan para sabotearlo y ponen todo su empeño para evitar que ocurra.

Los amantes de las historias de George solo tuvieron que esperar hasta 2014 para conocer su próxima aventura, descrita en el libro George y el código inquebrantable. Esta vez los jóvenes protagonistas tienen que adivinar qué está ocurriendo en el mundo, después de que empiecen a darse una serie de curiosos sucesos, como aviones que no quieren volar o máquinas que se vuelven locas.

Finalmente, en 2017 se publicó el último libro de la saga, George y la luna azul, en el que George y Annie entran a formar parte de un programa de entrenamiento para astronautas que viajarán a Marte en un futuro.

Todos estos títulos, de los cuáles solo los tres primeros están traducidos al español, están dirigidos a niños con edades comprendidas entre los 9 y los 11 años, aunque cualquier amante de la física puede disfrutar leyéndolos. No hay edad para pasar un buen rato aprendiendo sobre física. Y si detrás está este genio entre los genios, mejor que mejor.