Dan Gilroy estrenó recientemente en Netflix su nuevo largometraje: Velvet Buzzsaw, una cinta de horror y sátira protagonizada por Jake Gyllenhall y Rene Russo. En ella se enfoca en criticar la superficialidad del mundo del arte, o mejor dicho, del negocio del arte, y de paso inserta un relato de horror oscuro y misterioso. Y aunque la mezcla suena bien el resultado es una extrañísima película que uno no atina a colocar en ningún lado. Acá hablamos de ello sin spoilers.

En 2014 el hasta entonces productor y escritor lanzó su ópera prima: Nightcreawler (Primicia mortal en español) en la que, por cierto, también participaron como protagonistas Gyllenhaal y Russo, y sorprendió a propios y extraños. La trama y el excelente thriller que construyó entonces hicieron que la expectativa por Velvet Buzzsaw fuera bastante alta, después de todo la presencia de los ingredientes de la primera prometían un título de igual calidad; incluso después de que su segunda película: Roman J. Israel, Esq. no fuera tan bien recibida.

Así pues, Velvet Buzzsaw llegó a la plataforma de streaming y nos presenta un retrato incisivo del mundillo del negocio del arte y lo muestra superficial, elitista, egoísta y un sinnúmero de atributos indeseables. Jake Gyllenhaal hace de un crítico de arte influyente y, claro, egocéntrico, quisquilloso y vanidoso. Por su parte, Rene Russo hace el papel de Rhodora Haze, una representante de arte ambiciosa y de pocos escrúpulos que vivió de lleno la época punk, cuando este movimiento significaba algo más que moda. Ambos, Gyllenhaal y Russo funcionan bastante bien en pantalla, como amigos y como enemigos; el resto del reparto hacen lo propio de forma interesante, aunque John Malkovich hace un papel que nos lleva a un callejón sin salida —eso o es una especie de sátira en sí mismo—.

Y es que tal como sucede con el papel de Malkovich mucho de lo que vemos en esta cinta, que comienza bien y termina en un lugar extraño, no sabemos donde colocarlo sin ser injustos con el trabajo o la intención del director; aunque, por otro lado, es como si a la película le faltara más arrojo para no dejar la menor duda de sus objetivos, de los que no sabemos decir si son de horror puro, de sátira gore o de un thriller crítico o simbolista.

Lo mejor de Velvet Buzzsaw es el planteamiento de su trama: el descubrimiento de un misterioso artista que muere y deja miles de obras sorprendentes pero que, al mismo tiempo, por alguna extraña razón pidió que fueran destruidas. Como el mundillo del arte no iba a dejar pasar la oportunidad de comerciar con la asombrosa obra, con el valor añadido de que el autor acababa de morir, y en medio de varias tretas comerciales, la obra del autor desconocido se vuelve carísima y apreciada por los críticos, comenzando por Morf Vandewalt (Gyllenhaal).

Una vez puesto el drama sobre la mesa la película se transforma en una extraña historia de horror. Las pinturas comienzan a cobrar la vida de los que se beneficiaron por las cifras millonarias que se pagan por ellas, aunque, ellas eligen —o lo que sea que hagan— matar en un orden poco lógico y más bien como siguiendo un organigrama, de abajo hacia arriba. En fin, aquí comienza a flaquear la historia, aunque, cabe decirlo, la trama de las obras "malditas" no deja de ser interesante.

En algunos momentos Velvet Buzzsaw se acerca al lenguaje lynchiano, aunque, como decíamos al principio, no nos convence del todo de si su intención es dejarnos desamparados en un mundo simbólico, ilógico, grotesco y horrorífico, algo que hace a la perfección don David Lynch. Lo que sí resulta innegable, al margen de si esta película nos atrapa o no, es que la estrategia de Netflix sigue dando resultados para todos los gustos, pues se ha acercado a directores que tienen mucho que ofrecer. El modelo de negocio y de los propios proyectos cinematográficos sin duda ya ha cambiado con las plataformas de streaming, las cuales están apostando la mayor parte de su capital por producciones originales.

Velvet Buzzsaw ya se encuentra disponible para todos los suscriptores de Netflix.