Ser grande en la industria del videojuego no es tarea fácil. Electronic Arts, que lleva años mezclando el desbordante éxito de FIFA con problemas en franquicias tan potentes como Battlefield, Mass Effect o Star Wars Battlefront, además del cierre de Visceral Games, es un buen ejemplo de ello. La suya, como ya contamos, es una generación extraña y, a buen seguro, distanciada de su visión ideal.

Otra de las principales compañías third party de la industria, Ubisoft, se encontraba en una situación semejante hace unos años pero, en cambio, su caso ilustra a las mil maravillas las distintas formas que una compañía de su talla puede reconducir una complicada situación en la que crítica y sobre todo público comienzan a darte la espalda.

Parar cuando es necesario

El tratamiento a su franquicia estrella ha sido una de las principales señas del cambio en la filosofía de Ubisoft. Era innegable: Ubisoft terminó quemando la marca Assassin’s Creed encadenando ocho años con entregas anuales y viendo como videojuegos como Assassin’s Creed Unity copaban titulares por sus infinitos bugs y problemas.

En un movimiento sin precedentes en la franquicia, la marca decidió levantar el pie del acelerador y que no hubiera lanzamiento principal en 2016. Así, la saga respiraba y, como se vería un año después, se apostaba por una suerte de reinicio y vuelta a los orígenes, a la raíz de todo. Por el camino, la marca viraba hacia un enfoque más propio de un RPG al uso y Assassin’s Creed Origins se convertía en un éxito de crítica y público; un juego más ambicioso, más cuidado y con las ideas más claras.

Pero el miedo no tardó en aflorar de nuevo, con el anuncio de un Assassin’s Creed Odyssey que, seamos honestos, parecía sumamente semejante a lo visto el año anterior a nivel técnico y jugable. La sombra de la vuelta al reciclaje de ideas y mecánicas y la sobreexplotación era muy alargada pero, con el juego en las tiendas, Ubisoft ha demostrado que, aunque ambos títulos comparten una base similar, el estudio de Québec ha construido sobre el notable Origins, añadiendo un puñado de mecánicas y decisiones de lo más relevantes y, sobre todo, diferenciadoras.

Y, por si fuera poco, Ubisoft pretende dar otro descanso (y, lo que es lo mismo, más tiempo de desarrollo para su futura entrega) en un 2019 sin lanzamiento principal. El ejercicio de levantar una marca desgastada y denostada y volver a situarla en la primera línea de la industria ha sido impecable.

Si a la primera no funciona, seguir intentándolo

Más allá de lo tocante a Assassin’s Creed, una de las grandes polémicas en las que Ubisoft se vio envuelta fue la del clamoroso downgrade de Watch Dogs. Mostrado por primera vez en un E3 en el que la generación de PS4 y Xbox One todavía quedaba lejana, lo que vimos aquella noche sigue siendo una de las demostraciones más espectaculares de la historia de la industria. Y, evidentemente, lo que llegó años después a las tiendas distaba mucho, a nivel jugable pero sobre todo gráfico, de lo que habían prometido.

Algo semejante ocurriría con The Division y, años más tarde, con Ghost Recon: Wildlands y, claro, el sambenito de la “publicidad engañosa” quedó ligado a la marca. Y si se han conseguido deshacer de ello ha sido con algo muy sencillo y que deberían cumplir todas las compañías, mostrar los juegos tal y como son, pero sobre todo creciendo en base a los errores.

Watch Dogs terminó siendo un videojuego impersonal y con ciertos problemas que lo alejaban de lo que muchos esperaban pero, lejos de abandonar una marca a la que la polémica había acompañado desde el principio, Ubisoft siguió apostando por ella y nos regaló una segunda parte que mejoraba, y no poco, en todos y cada uno de los apartados. No sabemos si llegaremos a ver un posible Watch Dogs 3 pero, desde luego, Ubisoft ha demostrado saber corregir el rumbo de una saga irregular.

Y los ejemplos siguen: al gris y anodino The Crew no le valió con una premisa sumamente atractiva, la de poder recorrer los Estados Unidos al completo, y la mediocridad del resto de apartados pasó factura. La respuesta de la compañía, además de una potente estrategia de contenido postlanzamiento, vino de la mano de un The Crew 2 más grande y mejor en todos los aspectos que, como ocurría con Watch Dogs 2, también tenía una personalidad (jugable y visual) mucho más marcada.

DLCs que importen

En una época donde el contenido descargable de pago es inherente a cada lanzamiento y vemos con buenos ojos o, al menos, como algo normal que se anuncien meses antes de que el juego llegue a las tiendas, Ubisoft ha sabido tomar buenas decisiones, casi siempre, en lo que al apoyo postlanzamiento se refiere.

El mayor ejemplo de esto es, no cabe duda, Rainbow Six Siege: un FPS táctico con un núcleo jugable excepcional al que la compañía sigue dando apoyo en forma de mapas, personajes, armas y demás casi tres años después de su lanzamiento. De esta forma, la comunidad es ahora mayor de lo que lo era tras su lanzamiento e incluso se ha convertido en una figura habitual en los campeonatos de eSports.

For Honor, un videojuego al que le costó algo más arrancar por una peculiar y poco comercial propuesta, también sigue manteniendo una corriente de nuevo contenido que satisface a los usuarios más fieles. Y, en el futuro, la compañía gala ha anunciado que todo el contenido principal de The Division 2 llegará sin coste adicional. Un movimiento que otras compañías como Electronic Arts han tomado con Battlefield V y Anthem y que, ojalá, sirva de ejemplo para el resto en un futuro cercano.

No hay compañía perfecta

Mientras todo esto ocurría, la compañía ha dejado pequeñas joyas como Child of Light o Valiant Hearts (y son muchos los que esperan volver a ver esa vertiente más indie, más humilde del estudio), ha colaborado con Nintendo en el fenomenal Mario + Rabbids Kingdom Battle y ha sido una de las empresas más activas en la VR. Pero, nadie es perfecto, también ha arrastrado dejes del pasado y tomado algunas decisiones extrañas.

Más allá de algo que gira puramente en torno a la percepción de los jugadores, como ese retorno de Sam Fisher que se hace esperar, son muchos los que critican la forma en la que la compañía está gestionando el retorno de otra de sus marcas de culto, Beyond Good & Evil II. Y es que, anunciado oficialmente hace más de año y medio, sigue pareciendo que al videojuego dirigido por Michel Ancel le siguen quedando muchos años por delante. En una época donde la compañía se centra en anunciar videojuegos con 6-8 meses de antelación, es difícil comprender estos movimientos.

Por último, los DLC mediocres y que no aportan nada siguen llegando a videojuegos como Far Cry 5 pero, con todo, la mejoría de la compañía y el consiguiente beneficio del jugador es más que evidente. Será interesante ver qué gran proyecto coloca la compañía a finales del próximo año y, sobre todo, esperar que los de Yves Guillemot sigan por esta senda.

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