Para muchos, los sueños son el resultado de meter en una coctelera nuestros miedos y preocupaciones, las vivencias del día anterior y algo de aleatoriedad. Sin embargo, son fenómenos mucho más complejos, que han atraído la atención del ser humano durante siglos.

Buena parte de los interesados en el tema son los científicos, que analizan las implicaciones médicas que puede tener el control de los sueños. Sin embargo, también han sido el objetivo de estudio de muchos artistas. Dalí, por ejemplo, aseguraba que se inspiraba para pintar algunos de sus cuadros mientras dormía.

Incluso se cuenta que el célebre inventor Thomas Edison se iba a la cama con bolas de metal en las manos, para poder despertarse cuando se cayeran, justo en un momento entre el sueño y la vigilia en el que aseguraba tener sus ideas más creativas.

Sin duda, uno de los fenómenos más explorados en esta área es el de los sueños lúcidos, durante los que una persona no sólo es consciente de estar soñando, sino que también puede actuar a voluntad. Existen muchos mitos en torno a este tipo de sueños, desde dietas específicas para generarlos, hasta increíbles testimonios de individuos que aseguran haberlos experimentado sin tener del todo claro en qué consisten exactamente.

Sin embargo, sí que hay mucha ciencia detrás de ellos, por lo que cada vez son más los investigadores que se dedican a estudiarlos. Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison y el Instituto Lucidity, en Hawai, ha publicado en PLOS One un trabajo en el que se analiza el potencial de un fármaco, usado frecuentemente en pacientes con alzhéimer, para inducir este tipo de sueño.

Los sueños lúcidos: El don de "soñar a voluntad"

Aunque ser consciente de un sueño es algo bastante frecuente, poder actuar a voluntad durante su transcurso es mucho menos habitual. De hecho, muchas personas nunca llegan a tener uno de estos sueños. Sí que son más comunes en niños y adolescentes, pero suelen ir desapareciendo a medida que se alcanza la edad adulta.

Con el fin de entender cómo ocurren, en enero de 2015 un equipo de científicos del Instituto Max Planck comparó los cerebros de voluntarios que afirmaron tener este tipo de sueños, con los de otros que nunca habían tenido uno. Así, pudieron concluir que las personas que sueñan de esta forma con frecuencia tienen más desarrollada la corteza prefrontal. Además, esta región cerebral está relacionada con los procesos de conciencia cognitivos y la capacidad de autoreflexión; de ahí que frecuentemente se considera que los soñadores lúcidos son también mucho más reflexivos que otros individuos.

Inducción tradicional de los sueños lúcidos

Más allá de las connotaciones meramente lúdicas que podría tener manipular los sueños a nuestro antojo, la inducción de sueños lúcidos puede tener grandes aplicaciones médicas. Por eso, muchos investigadores centran su trabajo en la búsqueda de un método que sirva para provocarlos.

A día de hoy, se considera que la técnica más efectiva es la conocida como Inducción mnemotécnica de los sueños lúcidos (MILD, en inglés).

Este método, ideado por el psicofisiólogo estadounidense Stephen LaBerge, es bastante sencillo de usar, aunque requiere de un periodo de entrenamiento para enseñar al paciente a utilizarlo.

El primer paso consiste en recordar un sueño reciente, preferiblemente nada más despertar. A continuación, se debe buscar en él algún pequeño detalle anormal que indique que se trataba de un sueño: la presencia de alguien que no debería estar ahí, cambios en el mobiliario, conversaciones incoherentes... cualquier señal extraña vale.

Luego se debe volver al recuerdo y visualizar esta anomalía, hasta asociarla directamente al sueño, transformándolo en lúcido. Mientras tanto, el paciente debe recitar mentalmente algo como:

La próxima vez que esté soñando quiero ser consciente de que lo estoy.

Esto se debe ensayar repetidamente hasta conseguir los resultados deseados.

Ante la dificultad para discernir esa señal que indica que se trata de un sueño, a veces se recurre a algún estímulo sensorial, como una luz intermitente, que se hace incidir sobre los ojos del paciente, durante el sueño REM. De este modo, con la práctica aprenden a relacionar esa señal con el sueño, consiguiendo volverlo lúcido.

También se ha comprobado que las personas que tardan unos minutos en dormir desde que se meten en la cama, por quedarse realizando actividades como leer o practicar relaciones sexuales, tienen estos sueños con más facilidad. Por eso, se ha comenzado a complementar las técnicas anteriores con pequeños periodos de vigilia previos al sueño.

Una nueva técnica para complementar a las anteriores

Todos estos métodos han mostrado cierta eficacia, pero aún queda mucho que mejorar al respecto.
Por eso, los científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison y el Instituto Lucidity, dirigidos por el propio LaBerge, han analizado en su último trabajo una nueva técnica, esta vez centrándose en la neurotransmisión de los sueños lúcidos.

Se sabe que un neurotransmisor, llamado acetilcolina, ayuda a modular la fase del sueño REM, durante la cual tienen lugar estos sueños. Este proceso se ve afectado por la acción de la enzima acetilcolinesterasa, cuya función es inactivar al neurotransmisor.

Con el fin de impedir dicha inactivación, estos científicos se centraron en el papel de un grupo de compuestos, conocidos como inhibidores de la acetilcolinesterasa; cuyo papel, como indica su nombre, es evitar que esta enzima ejerza su función. El resultado sería una mejora en la modulación de la fase REM, que haría más fácil llegar hasta un sueño lúcido.

Para comprobar si realmente se cumplían sus predicciones, comenzaron por buscar algún inhibidor de la acetilcolinesterasa que ya se comercializara como medicamento y no tuviese muchos efectos secundarios. Finalmente dieron con uno de ellos, la galantamina, que se usa para tratar las pérdidas de memoria en pacientes con alzhéimer.

Una vez localizado el fármaco, reclutaron a 121 pacientes, a los que se les administraron tres dosis durante tres noches consecutivas: primero una placebo (0mg), luego otra de 4mg y finalmente una de 8mg.

Durante los tres días que duró el experimento, los voluntarios se despertaban cuatro horas y media después de apagar las luces, realizaban la técnica MILD y se tomaban la dosis correspondiente de galantamina. Después, seguían durmiendo.

Tras ser preguntados sobre sus experiencias, el 14% aseguró haber tenido sueños lúcidos la noche placebo, pero este porcentaje subía a un 27% tras tomar los 4mg de fármaco y a un 42% después de la dosis más alta.

Además, no sólo se consiguió alcanzar la lucidez, ya que la mayoría de ellos afirmaron haber experimentado una mayor viveza y complejidad señorial en sus sueños.

En total lo consiguieron 69 de los 121 participantes, una proporción que lo convierte en uno de los métodos de inducción más efectivos hasta la fecha.

El objetivo de este y otros estudios similares no es otro que tratar de provocar este tipo de experiencias, con el fin de utilizarlas de forma terapéutica en el tratamiento de patologías como el trastorno por estrés postraumático. Las aplicaciones de los sueño lúcidos en el ámbito clínico podrían ser muchísimas más, pero para poder explorarlas primero es necesario buscar la mejor forma de inducirlos. Parece que estos investigadores han dado un gran paso, pero todavía queda mucho por caminar.