Ni por asomo ocurre todos los días, en verdad, que uno esté francamente contento de poder decir que una serie televisiva como Castle Rock, creada por Sam Shaw (Manhattan) y Dustin Thomason (The Evidence) para Hulu según el mundo siniestro que nos brindan las novelas de Stephen King, con J. J. Abrams y el propio escritor como productores ejecutivos, resulta bastante satisfactoria tanto para los que lo pasan pipa con los exitosos libros del narrador de Nueva Inglaterra como para cualquier seriéfilo ávido de buenas historias, contadas con habilidad. Los misterios se van acumulando desde el minuto uno, y por la sutil atmósfera de peligro y violencia cercana a estallar bajo la apariencia de la quietud retorcida de Maine los enrolamos con placer para seguir contemplándola.

Hay aquí ciertas imágenes desconcertantes e imaginativas, casi sacadas de otro mundo, ese de la gran oscuridad que penetra en la narrativa de King. Y tenemos una estupenda secuencia con una voz en off durante el tramo inicial del episodio “Habeas corpus” (1x02), otra perturbadoramente onírica en el mismo de “Local Color” (1x03) y la última de “The Box” (1x04), cuyo tratamiento musical trae a la memoria lo más recordado del episodio “Home” (4x02) de The X-Files (Chris Carter, desde 1993) y, en cierta forma, uno de los momentos climáticos de la película Miller's Crossing (Joel y Ethan Coen, 1990). Pero “The Queen” (1x07) es espléndido todo él, un inesperado laberinto de lo más interesante que recompone piezas de lo anterior con sus migajas y coloca el listón demasiado alto para los episodios siguientes.

castle rock stephen king
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Los sucesos sangrientos de “Past Perfect” (1x08), con guion escrito por Mark Lafferty (Halt and Catch Fire), nos recuerdan a la dinámica de series como American Horror Story (Ryan Murphy y Brad Falchuk, desde 2011) y lo alejan del carácter más sutil que, por lo general, exhibe Castle Rock. Y el ambiente enrarecido que se va gestando y que eclosiona por completo en este capítulo, junto con los detalles excéntricamente religiosos que se revelan con lentitud y, antes, de golpe, dirigen nuestro pensamiento a la historia de la estupenda The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrota, 2014-2017). En “Henry Deaver” (1x09) se juega a desorientar al público en un principio pero esta impresión engaña a base de bien, y sus dos referencias son, en cierto modo, Dark y Counterpart (Baran bo Odar y Jantje Friese, Justin Marks, desde 2017).

Que sea el personaje del joven y futuro sheriff Alan Pangborn (Jeffrey Pierce) al primero en pantalla entraña toda la lógica posible, pues es recurrente en las novelas de Stephen King por su posición de autoridad en el decadente pueblecito. André Holland (The Knick) demuestra con el desconcertado Henry Deaver que merece papeles de importancia para que le suban a lo alto del selecto club de estrellas de Hollywood; Melanie Lynskey (Two and a Half Men) nos ofrece a una encantadora Molly Strand; y poco malo podríamos sacarle al maduro Alan Pangborn del veteranísimo Scott Glenn (The Leftovers). Es un gusto ver a Terry O'Quinn (Perdidos) y Frances Conroy (A dos metros bajo tierra) actuando juntos como Dale y Martha Lacy aunque sea tan brevemente, y hubiésemos preferido que les aprovecharan mucho más.

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Sissy Spacek, que interpreta a una impagable Ruth Deaver, es la misma actiz que encarnó a Carrie White en la película de Brian de Palma (1976) que adapta la primera novela de King, como O'Quinn fue el sheriff Joe Haller en Silver Bullet, de Dan Attias (1985), que provenía de El ciclo del hombre lobo, e igual que Conroy se metió en la piel de Nathalie Raven en la serie La niebla, creada por Christian Torpe en 2017 según la novela corta homónima de King, o que Bill Skarsgård, que encarna al inquietante Nick Cage, ha puesto algo más que rostro a Pennywise en las dos partes de It rodadas por Andrés Muschietti (2017, 2019), donde comparte plano también con Chosen Jacobs como el joven Mike Hanlon, que aquí da vida a Wendell Deaver. Para los cuatro es su segunda vez en una producción que traduce a imágenes en movimiento la obra de King, y Attias, casualmente dirige el episodio “Local Color”.

Con la singular pero muy adecuada banda sonora compuesa por Chris Westlake (Antes de que te vayas) y Thomas Newman (The Shawshank Redemption), que contribuye en gran medida a tejer su malsana urdimbre, Castle Rock es una apetecible ensalada de las historias de King que gratifica a los lectores atentos a los huevos de pascua que nos van dejando en cada capítulo. Pero no hay que confundirse, pues no se trata de una adaptación al uso, sino más bien una recreación futura con personajes y situaciones nuevas y el pasado literario en común. No deslumbra en demasiados momentos, pero sí complace bastante en algunos y se encamina con paso firme y una credibilidad consistente a su destino, logrando provocar una enorme inquietud y algo a un tris de convertirse en fascinación, sin faltar nunca al respeto al drama de sus personajes ni a la inteligencia de los espectadores. Que no se demore mucho la segunda temporada.