La historia parece ser cíclica. Al menos su trasfondo. Si cambiamos al protagonista y la empresa, la realidad es que el culebrón de Tesla se parece cada vez más al vivido por Uber y Kalanick hace justamente un año. Un líder que ocupa todos los focos de una empresa de calado mundial, controvertido por muchos motivos, considerado un genio en algunos sectores y tomado en muchas ocasiones más como un problema que como un apoyo para la compañía que regentan. En el caso de Elon Musk, dueño de Tesla entre otras, la fuerza se le escapa por los 240 caracteres de Twitter: contra la prensa, los accionistas y, en general, contra el mundo siguiendo la lógica de que es mejor que hablen mal de uno aunque sea mal. Lo que sí es cierto es que los titulares están asegurados.

Hace meses que los vientos no soplan a favor del genio de Silicon Valley. La historia empezaba con los problemas generados en sus objetivos de producción para el Model 3. No han sido pocas las veces que el propio Musk ha tenido que anunciar una ampliación en las fechas de entrega. El coche llamado a democratizar el transporte eléctrico en el mundo se ha llevado por delante las cuentas de la empresa, que a diferencia de SpaceX, tiene que rendir cuentas en los mercados públicos y ante un grupo de inversores y accionistas que no ve con buenos ojos las políticas de gestión y gasto del CEO.

Lejos de lavar los trapos sucios en casa, Musk no ha tenido ningún reparo en comentar sus opiniones en redes sociales. Un hecho suficientemente determinante para que su relevo esté a la vuelta de la esquina. Con un 22% del capital de Tesla, la junta de accionista bien podría retirar a este personaje a un segundo plano. De ahí la polémica del verano: ¿podría Tesla recular y convertirse en una empresa privada? De esta manera, el sueño del control férreo de Musk se vería resuelto, el problema de los accionistas solventado y la susceptibilidad a los ataques eliminada. La cuestión de las cuentas sería otra historia a la que habría que enfrentarse a corto plazo en la compañía de vehículos eléctricos; no son pocos los analistas que han apuntado a un regreso de Tesla a las bolsas en caso de huída por el perfil de la propia compañía, pese a la posibilidad de que un fondo saudí entrase a ocupar la vacante de la bolsa. Igualmente, informaba Tesla, este movimiento aún requiere el visto bueno de la misma junta de accionistas que quiere quitar del mapa al impulsor de la decisión.

Twitter, el principio del fin para las acciones de Tesla

No hay día en el que Musk, a través de su cuenta personal, genere alguna polémica. Comenzó la época estival con el caso de los niños tailandeses atrapados. Resuelto el caso que podría haberse convertido en tragedia, Elon no dudó en llamar pedófilo a uno de los que rechazó usar el pequeño submarino creado ad hoc por los ingenieros de Tesla.

Entre comentarios y opiniones sobre el devenir de Tesla, el resultado es que las acciones de su compañía están sufriendo su peor caída desde que salieron a los mercados. Si el pasado viernes sufrían un desplome de un 8,9%, a la fiesta se ha unido un demoledor informe de JP Morgan. Publicado el lunes, su efecto no tardó en hacerse patente en los resultados de la compañía. Caídas de un 4% que se suman a las de la semana pasada y que se resumen en la poca credibilidad que tiene Musk para JP Morgan.

Un duro golpe que viene a su comentario de los últimos días. 120 horas de trabajo a la semana y días enteros sin salir de las oficinas. Sin vacaciones durante años y definiendo 2018 como el annus horribillis. Resumen, un gran estrés que el propio creador se ha esforzado por retransmitir en su cuenta.

Su respuesta se centró en remarcar el papel en la compañía: "solo Ford y Tesla son las únicas compañías de coches en Estados Unidos que buscan la rentabilidad". Es decir, sus 120 horas semanales no tienen el perfil de reducirse en un corto espacio de tiempo. El pulso entre la salud mental de Musk o la supervivencia de Tesla está servido.